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Más avisos para corredores
Más avisos para corredores

Riesgo de caídas, rezaba el primero que vi, también el menos inquietante. Del otro ya hablaré en la siguiente entrega, pero ahora quiero centrarme en el mensaje que acababa de recibir mientras descendía por el camino que une el depósito con el lago. Riesgo de caídas, decía. Con letras negras sobre un fondo blanco, tal vez el contraste cromático más acentuado. En realidad, no se trataba de un cartel, sino de muchos carteles distribuidos a lo largo de una valla que impide el acceso a las obras de urbanización que se están llevando a cabo en la zona.

Preocupación

¿Qué demonios querrá decir? Ningún icóno acompaña al texto, por lo que se supone que el receptor, alguien que, como yo, pase por allí, debería saber perfectamente a qué se refiere. Pero yo no tengo ni idea. Estoy corriendo por una bajada y, en consecuencia, es hasta cierto punto lógico que pueda resbalar y caerme, pero dudo que los responsables de las obras hayan pensado en los corredores que frecuentamos este camino y nos quieran advertir que vayamos con cuidado, que nos fijemos en donde ponemos los pies. Simplemente se han limitado a colocar este cartel, un aviso supuestamente útil al que no acabo de encontrar sentido. Dice mi admirado Romà Gubern que la percepción no es un automatismo cerebral pasivo, sino una actividad cognoscitiva muy compleja modelada por las experiencias anteriores del sujeto, por su historia. Visto así, no es nada extraño que empiece a preocuparme por la posibilidad de caerme en plena bajada.

Recuerdos dolorosos

Me vienen a la mente las caídas que he sufrido a lo largo de mi trayectoria como corredor. Una de las más recientes y dolorosas fue la del año pasado en la carrera de Aranjuez, que me sirvió para crear una serie de tres posts que bauticé con el título Récord frustrado. Otras se han producido al entrenar, cuando por cualquier despiste, o simplemente por no ver algún obstáculo en el terreno, mis manos y rodillas han sentido la fuerza de la tierra y el asfalto cuando te abalanzas sobre ellos no a la velocidad del rayo pero sí demasiado rápido como para no sentir dolor. Pero ahora estoy atento, tanto que me parece imposible que pueda llegar a caerme a menos que intervenga alguna fuerza desconocida que actúa por esta zona y he sido incapaz de detectar.

Tomar precauciones

Riesgo de caídas, sigo diciéndome mientras corro, agradeciendo a los autores del cartel que me hagan tomar todas las precauciones sin tener ni idea de por qué. Al fin y al cabo, concluyo, las caídas forman parte de la vida y tal vez este sea el mensaje del cartel, un aviso universal que no concierne sólo a los corredores, sino a cualquier persona que pueda caerse físicamente o sufrir un bajón psicológico que siempre viene bien prever. Quizá, sigo especulando, nunca deberíamos levantarnos de la cama sin tener muy presente el riesgo de caernos, la posibilidad nada remota de sufrir un traspiés.

 
     
     
 
Primera entrega de esta serie de advertencias y recomendaciones para corredores
Primera entrega de esta serie de advertencias y recomendaciones para corredores

Ya hace algunos domingos que, tras un pequeño calentamiento en el gimnasio, realizo rodajes de hora y media, empezando bastante lento para ir de menos a más. A menudo atravieso el Sector 3 de Getafe hasta Arroyo Culebro, un eje urbanístico colindante con Leganés, para llegar hasta el Parque de Polvoranca. Se trata del auténtico pulmón verde del suroeste metropolitano, 150 hectáreas donde, con un poco de imaginación, puedes llegarte a creer que estás muy lejos de la ciudad. A ciertas horas, cuando la niebla rasea, las ruinas de la iglesia de San Pedro confieren a esa zona del parque un aspecto fantasmagórico muy apropiado para ambientar una novela de terror.

Caminos de tierra

Pero de vez en cuando me gusta variar los recorridos, explorar un poco la árida meseta castellana para descubrir nuevas pendientes o, tal vez, alguna recta ideal para hacer esprints. El asfalto, ese gran invento que facilita sobremanera los desplazamientos rodados, no es precisamente mi mejor aliado. Carga mucho las piernas y, aunque acostumbra a ser la superficie de la mayoría de las carreras en las que participo, siempre que puedo entreno en caminos de tierra, sendas perfectamente dibujadas o, si es necesario, campos que me obligan a sortear piedras y matojos.

Llanos y pendientes

Una de las mejores opciones si no quiero llegar hasta Polvoranca son los campos que se extienden entre la M-50 y el Hospital Universitario de Getafe, poco transitados y con un perfil en el que los llanos se combinan a partes iguales con pequeñas pendientes. Correr siempre al mismo ritmo pronto conduce al estancamiento y una de las mejores formas de evitarlo es tener un buen plan y asegurarte de que la ruta elegida sea lo suficientemente variada y, aunque no quieras, te obligue a cambiar el ritmo.

Pasos efímeros

Siguiendo este recorrido, abundante en tierra negra, charcos y algún conejo asustadizo, he descubierto el tanatorio de Leganés, un espacio que siempre me llena de inquietud pero también me ayuda a reflexionar sobre lo efímero de nuestro paso por la vida. Casi siempre me cruzo con algún coche de la funeraria que, atentamente (el conductor, claro), me cede el paso como diciéndome: “Anda, sigue corriendo un poquito más, todavía no vas a palmarla”. Pasado el tanatorio viene una cuesta hacia abajo y luego otra hacia arriba, en dirección a un enorme depósito de agua que ofrece espléndidas vistas de Madrid, Getafe, Leganés e incluso Fuenlabrada. Quizá se divisa alguna ciudad más, pero a pesar de que llevo gafas no soy capaz de distinguirla. Un día de estos tendré que acercarme al oculista.

Dos carteles

De todas formas, mi miopía no me impide distinguir dos carteles que siempre me acompañan en la bajada del depósito al lago artificial del Sector 3, o en la fuerte subida que supone hacer el recorrido a la inversa. Los incluiré bajo la denominación genérica de Aviso para corredores y, dadas las palabras que llevo escritas en este post y lo que me queda por comentar, optaré por hablar de ellos en dos partes más.

 
     
     
 
I Premio Literario de maraton.es
I Premio Literario de maraton.es

Cuando me preguntan por qué escribo nunca sé qué responder y me agarro al primer tópico que se me pasa por la cabeza: un poco de vanidad, mucho de necesidad, ganas de encontrarme a mí mismo, mi manera de ser… El caso es que no lo tengo nada claro y, en el fondo, pienso que cualquier persona, si se lo propone, puede llenar hojas en blanco (o, para ser más realistas, blancas pantallas de ordenador) con palabras que le permitan expulsar sus fantasmas, entretenernos o, por qué no, crear una obra con pretensiones literarias. Crear. Un verbo muy potente que, sin embargo, no está fuera de nuestro alcance. La mayoría de la gente nunca se ha planteado escribir, pero si lo hiciera es muy probable que no tuviera demasiadas dificultades para encontrar algo que contar. Cosas que le han ocurrido o ha pensado, situaciones que abren un enorme abanico de posibilidades narrativas que, en manos de un escritor, podrían desembocar en un relato corto, una novela o incluso una obra de teatro.

Mil maneras de escribir

Lo mejor de todo es que escribir no equivale para nada a decir la verdad. Es más, puede ser la mejor manera de mentir. Podemos, por ejemplo, inventarnos que corremos el maratón en dos horas y media, que nuestra vida roza la perfección o que pasado mañana cenaremos con Bill Gates. Todo es posible siempre que consigamos captar la atención del lector. Muchas veces bastará con decir la verdad, pero ni siquiera la verdad es verdad cuando se transforma en materia literaria. Además, ¿qué es la verdad? Aunque fuera posible (ya os digo que no) transmitir con todos los detalles nuestra visión de alguna anécdota o acontecimiento, nunca se correspondería con la de otras personas, ni siquiera con la de nuestra pareja o nuestro mejor amigo.

Del running a la literatura

Da igual, porque en literatura lo único que importa es cómo funciona el artefacto narrativo. Y éste es el reto que os proponemos desde esta página. Que nos contéis con vuestras propias palabras vuestra primera experiencia como corredores, que trasladéis al terreno literario esa anécdota que nunca os cansáis de recordar, esa historia que jamás llegasteis a escribir o, por qué no, el resultado de aplicar la observación y la imaginación al terreno del running. Los premios son bastante suculentos y seguro que despiertan vuestro apetito, pero no olvidéis que, como en nuestro deporte favorito, lo importante es participar. Y, además, os hagáis o no con uno de los regalos para los tres mejores relatos, ya os habréis ganado nuestra atención. Lo único que tenéis que hacer para participar en el concurso, que admitirá obras hasta finales de año, es registraros en nuestra flamante red social y escribir una entrada en el apartado de blogs. No hay límites de extensión ni de posts. Os esperamos.

 
     
     
 
Todos sabemos lo exigente que resulta el maratón, tanto física como psicológicamente
Todos sabemos lo exigente que resulta el maratón, tanto física como psicológicamente

Al parecer el costo de emprender el desafío de una maratón no es lo suficientemente alto como la satisfacción de terminar una de ellas, puesto que el número de cultores del trote y las maratones aumenta todos los años.

Una competición diferente

Quizás una de las particularidades que hacen sea una competencia deportiva diferente, es el hecho de competir en simultáneo con los mejores exponentes mundiales de la disciplina. Junto con lo anterior, vale la pena mencionar que la mayor cantidad de participantes de una maratón, los cuales se profesionalizan y dedican a esto, consideran la disciplina como una filosofía de vida que estimula la voluntad y el espíritu de superación y logro.

La maratón es una competición que implica una exigencia física enorme, la cual además puede ser complicada por un sinnúmero de factores, incluso variables que van desde el tipo de superficie, topografía hasta los cambios climáticos; lo cual hará más difícil o fácil la prueba de acuerdo al tipo, calidad y periodicidad de los suministros que se entreguen durante el recorrido. Junto con lo anterior, existen muchas otras situaciones que ponen en tela de juicio la fortaleza física y mental de quienes decidan participar en esta prueba.

¿Qué te pide la maratón?

A pesar de ser tan exigente, la maratón requiere condiciones físicas extraordinarias. Tan sólo se deberán tener condiciones normales que deberán desarrollarse mediante un buen entrenamiento, destinado, por cierto, a mejorar los resultados técnicos y a disminuir los problemas derivados de la práctica deportiva y la competición. En relación a lo anterior, es factible que encontremos a un corredor de 10.000 metros sumamente exitoso, pero que no tenga ninguna alternativa en una competencia como la maratón.

De acuerdo a la medicina deportiva actual, la capacidad aeróbica y energética requerida para una y otra competición son absolutamente incompatibles para los objetivos planteados en las mismas. Junto con lo anterior, vale la pena recalcar el hecho de que la duración de los esfuerzos y los rasgos físicos y fisiológicos individuales, junto con las condiciones particulares de cada prueba, producen diferencias discriminantes en el resultado.

Si queremos analizar la prueba desde el punto de vista muscular y tendinoso, habrá 42.000 caídas de cada pie; por tanto se trata de 42.000 micro traumatismos en las articulaciones comprometidas en el paso; entiéndase modesto pie, rodilla, cadera, etc.

Lo mismo ocurre en la contracción de la musculatura comprometida, sobre todo en los gemelos y su evidente incidencia tendinosa y ligamentosa. El aspecto psicológico de una maratón obliga a mostrar una gran fortaleza psíquica, la cual deberá ser cultivada en diversas etapas de la preparación, pero que será, por cierto, puesta a prueba únicamente el día de la carrera. Como se trata de una competencia de largo aliento, las reservas físicas sufren un gran deterioro, el cual se acentúa a partir del kilómetro 30, momento en el cual comienzan a verse los verdaderos maratonistas.

 
     
     
 

Las tres primeras preguntas expuestas en la categoría de cuestiones hablan por sí solas respecto a lo que puede dar de sí esta sección: ¿Cuáles son las próximas carreras a disputar en la Comunidad de Madrid? ¿Quién os parece el mejor corredor de la historia de la maratón? ¿Cuál ha sido tu mejor momento corriendo una maratón?. Las tres expresan dudas, también curiosidad, eso cuando no demandan información. Todo el mundo puede sentirse conectado ante una necesidad así que dota de sentido a la red social y multiplica sus posibilidades.

Preguntas de manejo intuitivo y sencillo

Planteada la filosofía de la categoría, queda nutrirla de contenidos. Para hacer realidad ese afán, nada como una sencilla explicación. Al igual que sucede con el resto de categorías, la de preguntas y respuestas es una sección muy funcional, cuyo manejo es eminentemente intuitivo. Nos situamos en la categoría, donde se nos despliega un pequeño menú compuesto por: preguntar algo, preguntas abiertas, preguntas contestadas y gestionar categorías.

Para un maratoniano, preguntar puede llegar a ser tan necesario como lo es hidratarse en carrera

Para un maratoniano, preguntar puede llegar a ser tan necesario como lo es hidratarse en carrera

Preguntar algo, la subcategoría madre

La madre de todas estas subcategorías es preguntar algo. Cualquier cuestión que queramos plantear lo haremos a través de ella. Es tan sencillo como pinchar en la misma. Hecho lo cual, formulamos la pregunta en el apartado homónimo. Luego, en el apartado de descripción, explicamos el motivo que nos ha llevado a realizarla. Después toca ubicarla en una categoría, para guiar la búsqueda posterior que van a realizar algunos internautas respecto a temas relacionados.

En sintesis: Herramienta para encarar mejor para las carreras

Asimismo, si clickais en preguntas abiertas, tendréis conocimiento de las preguntas que están vigentes, esperando una respuesta vuestra. Si lo hacéis en preguntas contestadas, podréis revisar las respuestas generadas por esas cuestiones. Y para afinar en la elección de la categoría, se creó la pestaña gestión de categorías. En suma, un universo de fácil manejo para conocer más cosas y una herramienta comunicativa para encarar mejor las carreras.

 
     
     
 
Estos son mis pies
Estos son mis pies

Ya sabemos que tener pies no es imprescindible para vivir, que hay personas que deben apañárselas sólo con uno o sin ninguno de los dos. Pero tener pies ayuda, está claro, y más cuando te gusta correr. Podríamos decir, en realidad, que es la base de los maratonianos, que sin pies no llegarían a ninguna parte a menos que practiquen el handcycle. Basta de perogrulladas. La realidad es que mis pies, los que aparecen en la foto, podrían ilustrar perfectamente algún estudio de antropología física y, más concretamente, un informe sobre la evolución de los primeros homínidos y los fenómenos de variabilidad genética.

Dedos en forma de garras

No son unos pies normales, para qué vamos a engañarnos. Ni han sido nunca mi mejor tarjeta de presentación. Son grandes, blancos y anchos, no hay duda. Y, por fortuna, poco peludos, pero los dedos irregulares y en forma de garras parecen indicar que no evolucionaron al compás de la especie, que probablemente hubieran sido más eficaces antes del paso a la marcha bípeda, en una etapa anterior a los primeros australopitecos. Otra particularidad es que el izquierdo es más largo que el derecho. Bastante más, algo así como dos centímetros. En consecuencia, si quisiera comprar un calzado que se adaptara a la longitud de cada pie me vería obligado a adquirir dos pares, uno del 46 y otro del 44-45. Como es obvio (nunca he sido rico) sólo compro un par del 46, con lo que el pie izquierdo encaja perfectamente en zapatillas, zapatos o chanclas mientras que el derecho, pobre, tiene que acostumbrarse a que todo le vaya un poco grande.

Arco de gorila

Pero quizá la principal característica de mis pies, de ambos, es que son muy altos, con un arco más propio de un gorila que de un humano. Ya de pequeño noté que muchos zapatos no me entraban por mucho que el vendedor y mi madre insistieran en que eran de mi número. Enseguida me acostumbré a probarme sólo el izquierdo, para qué perder el tiempo. Y por pura necesidad me decanté por los modelos anchos y cómodos, ya que de lo contrario me arriesgaba a sufrir tanto como esas aristócratas del siglo XIX que ignoraban el dolor con tal de poder calzarse unos zapatos muy bonitos pero demasiado pequeños para sus pies.

Resistentes y funcionales

Eso sí, los míos son muy resistentes y funcionales, capaces de realizar cualquier clase de esfuerzo sin quejarse. Y eso que, con mi peso, las plantas y el talón sufren lo indecible, por no hablar de las uñas negras que aparecen no precisamente por arte de magia cada vez que intensifico los entrenamientos. Pero la verdad es que nunca han sufrido lesiones de importancia ni me han obligado a abandonar ninguna carrera. A pesar de su falta de armonía, de una estética más bien horrenda que les impide destacar en el mundo de la moda, nunca he dejado de quererlos y, como premio a su paciencia, de vez en cuando les doy masajes con aceite de coco y los baño en agua salada, que sé que les gusta mucho el mar.

 
     
     
 
Existen categorías de maratón más allá de las tradicionales masculina y femenina

Existen categorías de maratón más allá de las tradicionales masculina y femenina

Al observar los finales de las competencias de maratón de 42 kilómetros, muchas veces obviamos otras actividades que se desarrollan dentro del mismo recorrido, siguiendo la misma línea de la competencia. Un caso ejemplificador es el hecho de que en muchas organizaciones de maratones internacionales, se considera y se practica una mini maratón de 4 kilómetros dentro de las competencia general. Esto se realiza con el fin de salvaguardar la condición física de los participantes de categorías especiales y de los menores.

Un mini maratón

En el llamado mini maratón compiten por lo general menores de 18 años. Divididos en categorías que abarcan aproximadamente entre los 13 y 18 años. Edad donde es propicio no realizar un esfuerzo tan desgastador como correr un maratón de 42 kilómetros, ya que como es sabido no es recomendable para menores correr esas distancias, ya que se encuentran en periodo de crecimiento, además un menor de entre 13 y 15 años tiene menos masa muscular que un adulto y menos resistencia, así como menos glándulas sudoríparas, por lo cual el calor que se genera al correr durante horas es más difícil de reducir. Desde luego que una categoría para niños es inexistente en distancias largas.

Otras Categorías

En una maratón internacional existen diferentes categorías para los participantes divididas en sexo y edad para su organización; de esta manera encontramos categorías como la de masculino abierta maratón, para hombres hasta 40 años de edad, masculino master A maratón, donde compiten entre 41 y 50 años de edad, masculino master B maratón donde se inscriben mayores de 51 años de edad y también las categorías femeninas donde encontramos femenino única maratón y femenino única media maratón.

Pero además de las categorías tradicionales también intervienen otras categorías que desde hace tiempo están integradas por deportistas de habilidades diferentes. Estas categorías son: handcycle: maratón, categoría única, silla de ruedas atlética: maratón, categoría única; discapacitados caminantes: media maratón, categoría única.

Las organizaciones también incluyen en sus diagramas categorías para atletas con prótesis, y/o muletas; silla de ruedas convencional: media maratón, categoría única; y la categoría para corredor ciego con guía.

Todo esto anteriormente detallado nos presenta una muestra real del significado de una competencia internacional, cuya principal motivación además de la superación de uno mismo como corredor es la de la integración social y el desarrollo de las cualidades humanas.

 
     
     
 
Pau Montoya, corredor aficionado catalán, ejemplo de inspiración para escribir sobre un maratoniano, cómo ha demostrado Josep Pastells en su bitácora de un atleta de 90 kilos que escribe

Pau Montoya, corredor aficionado catalán, ejemplo de inspiración para escribir sobre un maratoniano

Un maratoniano de 90 kilos que hace promoción de las nuevas entradas que está editando en su cautivadora bitácora sobre el mundo de la maratón. O un corredor cincuentañero que compone una oda en prosa a la alegría de correr. Ambos relatos conviven en la sección de blog, materializadas en forma de entradas, dentro de la red social de maraton.es.

Si tú quieres ser narrador en primera persona de tus experiencias atléticas, ya sea como actor principal o como espectador, lo tienes fácil. Primero de todo, tienes que cumplir el sencillo trámite de registrarte en nuestra red social. Después, dirígete a la categoría de blog. Una vez estés situada en la misma, al colocar el icono de la mano, se desplegarán esta serie de opciones: mi blog, escribir mi entrada y gestionar categorías. La que nos interesa, así de primeras, es la de escribir entradas.

Cómo colgar tu entrada en nuestro blog comunitario

El consejo de maraton.es a sus usuarios es que, primero de todo, escribas tu post (entrada de texto) en un documento de word o el programa que habitualmente utilices en tu ordenador para redactar textos. De esta forma, te aseguras que ningún imponderable producido por la siempre impredecible conexión hogareña a la red borre de un plumazo tus pinitos narrativos. Redactado y asegurado el texto, llega el momento del volcado. Para hacerlo, escoge escribir entradas. El título del post lo cuelgas en su homónimo. Mientras que el cuerpo de tu reflexión debes pegarla en la categoría de contenido. El asunto se diversifica cuando nos toca seleccionar una categoría. Si escribes sobre tu primera experiencia atlética, lo que por cierto te dará opción a ganar unas zapatillas de campeonato,
la elección está clara: experiencias personales.

Luego, en función de la temática en torno a la que gire tu texto, deberás escoger una categoría. Sólo una, piénsalo un poco, y de ese modo orientarás de un modo más certero a la gente que busque contenidos relacionados con los de tu artículo. En el apartado de mi blog, quedan almacenadas todas las entradas que hayas escrito en nuestro blog comunitario (lo grande de una red social es que sus contenidos se renuevan en una suerte de foro grupal, que suministra incesantemente de experiencias y sabiduría a nuestros lectores). Mientras que el apartado de gestionar categorías está destinado a afinar en la elección de la categoría más apropiada.

En síntesis: ponerle relato a la épica del maratón

La idea, en suma, es que gracias a la red social te conviertas en uno de nuestros bloggeros más leídos. En cierta manera, maraton.es nació para ponerle un relato a la épica de conquistar a la carrera más de 42 kilómetros. Y qué mejor manera que adjudicar palabras a sensaciones como el sufrimiento, el esfuerzo, la alegría, la agonía y, por qué no, el triunfo personal que supone rubricar con éxito una epopeya personal. El blog de la red social se creó para que los internautas conozcan cuáles son las palabras, únicas e irrepetibles, que has escogido tú para nombrar tu hazaña personal.

 
     
     
 
Mi amigo Santi Corominas
Mi amigo Santi Corominas

Sabe Dios (curiosa expresión en boca de un ateo) que no me gusta alardear de nada. Por ello, pido perdón de antemano si la tercera frase de este post se corresponde con algún tipo de jactancia, pero confieso que es la más acertada que se me ocurre para introducir el tema de hoy. Llevo casi media vida recorriendo gimnasios y conozco a pocos atletas que no sean adictos a la ingestión masiva de anabolizantes y puedan darme caña cuando se trata de levantar pesas. Uno de ellos es mi amigo Santi. Sin llegar a la precocidad de los corredores infantiles, empezó a entrenar a los quince años, cuando ya medía los 180 centímetros actuales, y desde entonces no ha pasado ni una semana sin enfrentarse a los hierros. Dos décadas repletas de sesiones más o menos maratonianas que le han servido para esculpir un cuerpo macizo pero definido, fuerte sin dejar de ser equilibrado. Le pedí que se hiciera una foto para mi blog y aquí tenéis el resultado. Es la clase de físico que exhibía Charles Atlas cuando, en la década de los años 50, vendía en Estados Unidos un curso de cultura física por correspondencia. ¡Hey, delgaducho, se te ven las costillas! se convirtió en el eslogan más memorable de una de las campañas de publicidad de más éxito de la historia. En esa época Santi aún no había nacido, pero estoy seguro de que hubiera sido uno de los mejores clientes de Atlas.

Físicos equilibrados

Antes de que los culturistas descubrieran los efectos de la testosterona y la utilizaran para estimular el crecimiento muscular y entrenar con mayor intensidad y agresividad, mucho antes de que se desarrollara el primer anabolizante sintético y la mayoría de los atletas relacionados con los deportes de fuerza se convirtieran en devotos de los esteroides, los músculos se conseguían a base de trabajo y esfuerzo, con mucha proteína y grandes dosis de tenacidad. Clarence Ross, Steve Reeves o Reg Park exhibían físicos magníficos que se asemejan mucho más al de Santi que al de los monstruos de 140 kilos que actualmente están ganando el Míster Olimpia.

Defectos imaginarios

El señor Corominas, un tipo amable y centrado que siempre tiene a punto una sonrisa, sabe muy bien que algunas de las pocas cosas que merecen la pena en esta vida son las que puedes valorar porque sabes hasta qué punto te ha costado conseguirlas. Eternamente insatisfecho, siempre pendiente de nuevos retos, Santi se mira una y otra vez al espejo buscándose defectos que sólo existen en su mirada. Seguro que Imma, su mujer, está harta de decirle que ya está bien como está; me jugaría cualquier cosa a que su hijo Pau le considera el papá más fuerte entre los papás más fuertes del mundo. Pero Santi siempre explora sus límites y sigue pensando que cuanto más peso levante más poderoso será, una lógica implacable que, de rebote, contribuye a provocarme agujetas de tres días cada vez que entreno con él.

Ritmo inalcanzable

En un gimnasio repleto de remeros y piragüistas, mi amigo y yo acostumbramos a acaparar buena parte de las miradas cada vez que entrenamos. ¿El motivo? Su costumbre de realizar series de press de banca con cien kilos, una barrera que para muchos sigue siendo insuperable. En mis buenos tiempos aún podía seguir su ritmo, pero ahora es inalcanzable. Se tumba en el banco, respira hondo, resopla antes de empezar, alarga los brazos, baja la barra, la levanta, vuelve a bajarla… Así una y otra vez hasta completar las diez repeticiones de rigor, una marca francamente espectacular para alguien que apenas supera los ochenta kilos. El problema, mi problema, es que Santi no se contenta con entrenar el pecho de esta manera y hace lo mismo con todos los grupos musculares: hombros, espalda, brazos y piernas. De poco sirve que le recuerde que soy maratoniano, que al día siguiente tengo una carrera o cualquier excusa que con alguien menos inflexible seguro que surtiría efecto. Cada vez que ensayo algo parecido a una queja, Santi me mira con sus ojos negros y me pregunta: ¿Seguro que no te atreves?

Un amigo perfecto

Poco partidario de andarse con rodeos, Santi tiene otra gran virtud que me ha sido muy útil durante los últimos años: sabe escuchar. En situaciones en las que cualquier otro me enviaría a la mierda, él sigue atentamente mis divagaciones y, cuando concluyo, es capaz de aportar un poco de orden a mis pensamientos. Es una de esas personas que reflexiona sobre lo que hace, que piensa mucho sobre ello. Quizá por este motivo acostumbra a utilizar su mente para comprender los efectos del entrenamiento sobre el cuerpo y qué resultados concretos se obtienen al utilizar rutinas y ejercicios específicos. Nunca se ha visto atrapado en ideas abstractas, porque es todo concreción y, como amigo suyo, me anima a concretar mis anhelos. Sí, por extraño que pueda sonar viendo su foto, Santi Corominas es un amigo perfecto para un maratoniano como yo, para un hombre como yo.

 
     
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