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Por desgracia, los Juegos del 36 han pasado más a la historia por cuestiones extradeportivas

Por desgracia, los Juegos del 36 han pasado más a la historia por cuestiones extradeportivas

La ceremonia inaugural, un despliegue de fervor patriótico en una magnífica tarde veraniega, contó con la presencia de una nutrida orquesta militar que tocó el Deutschland über Alles ante el entusiasmo de la mayoría de los asistentes. Los redobles de una campana de catorce toneladas anunciaron el inicio de los Juegos, con un desfile encabezado por la delegación griega y, en concreto, por Spiridon Luis, el ganador del primer maratón de la era moderna, que ataviado con un típico traje heleno entregó un ramo de olivo al führer.

Entusiasmo colectivo

Los deportistas alemanes cerraron el desfile entre grandes muestras de entusiasmo colectivo. A continuación, 69 trompetas y once cañonazos anunciaron el discurso con el que Hitler declararía inaugurados los Juegos y posteriormente un coro de 10.000 voces entonó el Aleluya de Haendel.

Disgusto nazi

La prodigiosa actuación de Jesse Owens (venció en 100 y 200 metros, 4×100 y salto de longitud) no fue el único motivo de disgusto para los prepotentes ideólogos nazis. Estados Unidos envió a Berlín a diez corredores negros, que lograron seis medallas de oro, tres de plata y dos de bronce. En total, los norteamericanos ganaron 13 de las 23 pruebas de atletismo masculino, mientras que los anfitriones tuvieron que conformarse con tres medallas de oro en los lanzamientos de peso, jabalina y martillo. También es cierto que, si se tienen en cuenta todos los deportes, Alemania ganó más medallas de oro que ningún otro país, pero nadie olvidara el rostro de Hitler mientras Owens y sus compañeros demostraban quién corría más rápido y saltaba más lejos.

Retirada de Zabala

La prueba de maratón fue, por sus características, la que reunió mayor cantidad de público. Todo un anticipo de lo que muchos años después ocurriría con el Maratón de Berlín, uno de los más rápidos y prestigiosos del mundo y escenario de los últimos récords de Haile Gebreselassie. El caso es que el argentino Juan Carlos Zabala, vencedor en Los Ángeles 1932, parecía decidido a repetir victoria cuatro años después. Fue en cabeza de la prueba hasta el kilómetro 32, pero allí topó con el famoso muro, que por lo que se ve también afecta a los atletas de élite, y tuvo que retirarse.

Maratón nipón

Quien mejor lo aprovechó fue el japonés de origen coreano Kitei Son, que a falta de cinco kilómetros para la meta consiguió dejar atrás a sus rivales y llegó completamente solo al estadio olímpico. Menos mal que no es negro, debía pensar Hitler mientras se preguntaba dónde estaban los maratonianos alemanes. Bromas aparte, Son distanció en más de dos minutos al británico Harper y estableció un nuevo récord olímpico, situándolo por primera vez por debajo de las dos horas y media: 2h 29′12”.

 
     
     
 

El argentino Zabala se llevó la gloria en los Juegos con más glamour

El argentino Zabala se llevó la gloria en los Juegos con más glamour

El glamour de los astros cinematográficos no fue la única novedad de los Juegos. Los cronómetros electrónicos y el uso de la fotografía en la línea de meta permitieron que las mediciones fueran más precisas. También sonaron por primera vez los himnos nacionales de los países mientras las banderas eran izadas en los mástiles. Sin embargo, atravesar el Atlántico comportaba unos gastos demasiado elevados para muchas delegaciones europeas, lo que provocó un importante descenso en el número de participantes.

Los problemas de Brasil

Mención aparte merece la expedición brasileña, que no pudo desembarcar en Estados Unidos al no disponer del dinero suficiente para abonar las tasas. Eso sí, los dirigentes sí que pudieron pagarlas y se quedaron a ver los Juegos. El grueso de la expedición tuvo que regresar a su país con la única excepción de los waterpolistas. Eran pocos, pero no pasaron desapercibidos: fueron descalificados tras zurrar al árbitro del partido contra Alemania, que perdieron por 7-3.

Error humano

Las mejoras técnicas no evitaron algunos problemas en las pruebas de atletismo. El más escandaloso se produjo en los 3.000 metros obstáculos. Ganó sin muchos apuros el finlandés Volmari Iso-Hollo, que en la eliminatoria previa logró un registro de 9′14” y en la final, de 10′33”. La diferencia era demasiado grande y pronto se descubrió el motivo: el juez que tenía que cronometrar la prueba cayó enfermo y su substituto se despistó e hizo dar una vuelta más a los atletas.

Victoria del ñandú

El ganador del maratón, el argentino Juan Carlos Zabala, lo tenía muy claro desde el principio. “O gano o me recoge una ambulancia”, declaró antes de iniciarse la prueba. Menudo plan. Pero lo cierto es que el ñandú de las pampas, como le conocían en su país, dominó la carrera desde el pistoletazo de salida y llegó primero a la meta, estableciendo además un nuevo récord olímpico: 2h 31′36”.

Cansancio, alegría y dolor

No lo tuvo nada fácil, porque el británico Ferris siempre estuvo pegado a él y al final sólo le aventajó en diecinueve segundos. Pero Zabala se salió con la suya y consiguió la primera medalla de oro olímpica para el deporte argentino. En una de las fotos que le hicieron al concluir la prueba, un auxiliar le sujeta mientras un juez intenta quitarle las zapatillas. Su expresión, una mezcla de cansancio, alegría y dolor, es uno de los mejores resúmenes del sacrificio que representa correr un maratón.

 
     
     
 

Los Juegos de Amsterdam al atleta Mohammed el Quafi

Los Juegos de Amsterdam al atleta Mohammed el Quafi

A pesar de los incidentes, los Juegos de Amsterdam serán recordados por varios aspectos muy positivos. El más importante, sin duda, es la participación de las mujeres en las pruebas de atletismo, aunque aún tendrían que pasar muchos años para que tomaran parte en el maratón. A un nivel más simbólico, también fue la primera ocasión en que, durante la jornada inaugural, se lanzaron al aire cientos de palomas blancas. Y nunca hasta entonces se había hecho arder la llama olímpica, transportada desde Olimpia.

Oposición eclesiástica

En esa época, el padre del movimiento olímpico, el barón de Coubertin, estaba retirado en Lausana y la presidencia del COI recaía en el belga Henri Baillet-Latour, quien tuvo que enfrentarse en Amsterdam a la oposición de la iglesia holandesa, que hizo suyos los antiguos argumentos de Teodosio I y afirmó que los Juegos fomentaban el paganismo entre sus participantes.

Declive de Nurmi y Weissmuller

En cualquier caso, la competición se llevó a cabo sin problemas y con una gran respuesta del público, ansioso de ver a figuras como Paavo Nurmi y Johny Weissmuller. Sin embargo, ambos estaban ya en línea descendente, sobre todo el Tarzán cinematográfico, que sólo pudo imponerse en los 800 metros. En el caso de Nurmi, a sus 32 años aún dio mucha guerra. Venció en los 10.000 metros y quedó segundo en los 5.000 y en los 3.000 obstáculos. En esta última prueba se llevó además un serio disgusto, porque, como si de un día de perros se tratara, tras caerse al foso se le rompió su famoso cronómetro.

Un primer aviso

Aunque todavía faltaban unos cuantos años para que África irrumpiera con fuerza en las pruebas de fondo, la victoria del francés Mohammed El Quafi en el maratón puede contemplarse como un primer aviso. Era francés, pero de origen argelino, aclaro de inmediato. Con una constitución física muy apropiada para una prueba de este tipo: bajito, fibroso y muy ligero. Destacaba por su enorme resistencia y capacidad de concentración.

Victoria difícil

No estaba entre los favoritos, pero desde el primer momento se vio que iba a por el oro. Siempre por delante del pelotón, empezó a distanciar a sus contrincantes hasta quedarse solo con el chileno Plaza, otro corredor con un cuerpo idóneo para el maratón. No le resultó nada fácil, pero cuando entró en el estadio El Quafi ya llevaba una ventaja de medio minuto que mantuvo hasta el final, completando la prueba en 2h 32′57”.

 
     
     
 

Albin Stenroos fue el elegido para la gloria en París 1924  title=

Albin Stenroos fue el elegido para la gloria en París 1924

La segunda cita a las orillas del Sena (es un decir, el estadio de Colombes estaba bastante alejado del centro de la ciudad) aportó además un lema que ha pasado a la posteridad: Citius, altius, fortius. Su autor fue el monje francés Henri Didon.

Récord con playeras

Pero París 1924 sirvió por encima de todo para consagrar a uno de los atletas más portentosos que se han visto nunca en las pistas, el finlandés Paavo Nurmi. En Amberes ya había obtenido tres medallas de oro, pero al cabo de cuatro años estaba aún en mejor forma y se impuso en cinco pruebas. Con este simple dato ya queda clara su superioridad, pero hay una anécdota que la resalta todavía más. Consiguió el triunfo en los 1.500 metros corriendo con playeras y una hora después las cambió por zapatillas con clavos para competir en los 5.000. Los ganó, por supuesto. Además, batió el récord olímpico en ambas pruebas.

Afán de superación

Más allá de sus éxitos (también fue primero en los 10.000, en el cross y en los 3.000 por equipos), Nurmi es un ejemplo para cualquier atleta con afán de superación. Entrenaba con una intensidad brutal, prestando una gran atención a los cambios de ritmo, que le proporcionaron un sinfín de victorias. Era todo un experto en el arte de adecuar la respiración al ritmo de sus zancadas y, como ya comentamos en el anterior post, sacaba mucho partido del uso del cronómetro, un instrumento perfecto para comprobar si llevaba la velocidad adecuada.

Pescado seco y pan negro

El dominio de Nurmi en las pruebas de fondo se complementó con la medalla de oro del también finlandés Albin Stenroos en el maratón, que completó en 2h 41′22”. Distanció al segundo clasificado, el italiano Bertini, en casi seis minutos y abrió un debate sobre el secreto del éxito de esos atletas rubios y de ojos azules. Lo único que trascendió fue un detalle relativo a la alimentación: comían pescado seco y pan negro; pero intuyo que no tenían ningún secreto y que la base de sus triunfos era el trabajo y la constancia.

Carros de fuego

Aunque no fuera maratoniano, creo que debo acabar este post con una referencia al velocista británico Harold Maurice Habrahams. Se impuso en los cien metros con 10′6” y muchos años más tarde inspiró la película Carros de fuego, que en 1982 obtuvo un Oscar.

 
     
     
 
El entrenamiento en gimnasio debe combinarse con el callejero
El entrenamiento en gimnasio debe combinarse con el callejero

Los deportistas amateur muchas veces realizan la actividad con la intención de combatir la rutina. En los contextos donde el individuo se encuentra relacionado con intensa actividad laboral es muy recomendable desarrollar también una conducta deportiva. Salir a correr es en muchos casos la actividad preferida en los centros urbanos para despejar la mente, bajar de peso, y lograr distender el pensamiento de la presión laboral y el estrés. El corredor amateur que realiza la práctica de correr con regularidad, en algunas ocasiones tiene claras intensiones de participar de una competencia de maratón. Para los corredores de fondo la competencia de maratón es la prueba por excelencia.

Entrenar

Teniendo en cuenta los tiempos laborales, los corredores muchas veces deben acotar o extender sus tiempos de entrenamiento. El plan elegido para entrenar en un corredor amateur, muchas veces no puede ser completado por las exigencias de la rutina diaria y otras actividades. Si bien se debe tener en cuenta que largas horas de oficina, y tempos cortos de descanso tienen su incidencia en el organismo; el corredor debe complementar el esfuerzo físico con una dieta equilibrada que le permita tener las energías necesarias para el plan propuesto de entrenamiento y las jornadas laborales.

Equilibrio

Obtener una armonía de entrenamiento, donde los tiempos de descanso sean los necesarios para poder enfrentar las actividades diarias, es fundamental. Descansar lo suficiente para desarrollar una jornada laboral y después comenzar a entrenar es una situación que debe tener la debida atención del deportista. Muchas veces el corredor además de desarrollar una rutina de carrera también dedica tiempo a fortalecer sus extremidades en el gimnasio.

En los casos en que el individuo realiza dos actividades deportivas es muy aconsejable tener la palabra de un especialista que observe el desgaste físico, la dieta realizada, y los tiempos de recuperación. Si además de las exigencias diarias de jornadas laborales extensas, se le suma la practica de gimnasio y rutinas de entrenamiento de carrera, se corre el riesgo de sufrir estrés por sobre entrenamiento y el objetivo principal queda relegado a un segundo lugar. Si en la actividad física y deportiva se tiene como principal objetivo el bienestar general del organismo, se debe prestar atención a todos los signos y demandas del físico para mantener y poder alcanzar el objetivo planteado.

 
     
     
 
Hans Kolehmainen fue el primer finlandés en alcanzar la gloria olímpica

Hans Kolehmainen fue el primer finlandés en alcanzar la gloria olímpica

Aunque Amberes salió airosa de la prueba, lo cierto es que la guerra dejó muchas secuelas. Al funeral por los deportistas muertos en los campos de batalla, se añadió la ausencia de las naciones perdedoras (Alemania, Austria, Bulgaria, Hungría y Turquía), que no fueron invitadas por los organizadores. La URSS, que acababa de vivir la revolución de 1917, no ingresaría en el COI hasta 1952. Uno de los contrapuntos positivos fue el primer juramento olímpico, a cargo del esgrimista Victor Boin: “Juramos que nos presentamos a los Juegos Olímpicos como competidores leales, respetuosos del reglamento que los rige y con el deseo de participar con espíritu caballeroso para honor de nuestros países y gloria del deporte”.

Gloria finlandesa

Buena parte de la gloria se la llevaron los atletas finlandeses, que acabaron con la aplastante superioridad norteamericana de antes de la guerra. Uno de los más destacados, que explotaría definitivamente cuatro años más tarde en París, fue Paavo Nurmi, medalla de plata en 5.000 metros y campeón en los 10.000. Hijo de un carpintero, Nurmi era conocido como el hombre cronómetro. Fue seguramente el primer atleta que reguló sus carreras con la ayuda de un reloj, lo que le permitía dosificar su esfuerzo y mantener una gran regularidad.

Un atleta veterano

Otro finlandés, Hannes Kolehmainen, había sido, siempre con el permiso de Jim Thorpe, una de las grandes estrellas de los Juegos de Estocolmo de 1912. Allí se impuso en 5.000, 10.000 y cross, pero habían pasado ocho años y, siguiendo el ejemplo de otros atletas veteranos, se había pasado al maratón, una prueba muy exigente en la que la cabeza tiene tanta o más importancia que el físico.

Magnífico colofón

Lo cierto es que no le salió nada mal. Pocos le daban alguna opción, pero desde la salida se colocó en cabeza de carrera y ya no la abandonó hasta la meta. Su ritmo, muy fuerte para la época, sólo pudo ser seguido por el estonio Lossman, que no se lo puso nada fácil y al final cedió por únicamente trece segundos. Kolehmainen había acreditado en París 14′36” en 5.000 y 31′20” en 10.000 y ocho años después fue capaz de completar la distancia de Fidípides en 2h 32′35”. Puede que visto con la perspectiva de ahora sean unas marcas bastante modestas, pero 89 años después continúan siendo unos registros inalcanzables para casi cualquier atleta aficionado. Además, Hans Kolehmainen, un campeón popular, demostró en Amberes que la edad no es ningún obstáculo cuando derrochas entusiasmo y ambición.

 
     
     
 

Igual que Hayes, McArthur era de ascendencia irlandesa

Igual que Hayes, McArthur era de ascendencia irlandesa

El propio Gustavo V, rey de Suecia, le felicitó diciéndole que era “el atleta más prodigioso que han visto los siglos”. Así lo entendieron también el noruego Ferdinand Bie y el sueco Hugo Weislander, que rechazaron las medallas que había ganado Thorpe cuando éste fue desposeído de ellas. Aunque el coloso sioux jamás consiguió que le devolvieran sus honores olímpicos (murió en 1953 y el COI no entregó las medallas de oro a sus hijos hasta 1982), su pueblo levantó a su muerte un monumento en el que se puede leer: “A James Thorpe, el más extraordinario atleta del mundo y al que más injustamente se negó la gloria de sus triunfos”.

Racismo olímpico

El barón de Coubertin insistía una y otra vez en que lo importante era participar, pero está claro que Thorpe merecía ganar y, de hecho, ganó. Dejando de lado la proximidad de la primera guerra mundial y un episodio racista en el equipo norteamericano de cien metros (el entrenador encerró al gran favorito en el vestuario para impedir que un negro se proclamara campeón olímpico), los juegos olímpicos de Estocolmo serán recordados también por la trágica prueba de maratón.

Muerte y buenas marcas

El trazado era bastante duro y el calor, tan sofocante como impropio de un país nórdico. Nadie corrió el riesgo de sufrir una hipotermia, eso seguro. Sólo 35 de los 68 atletas que tomaron la salida consiguieron finalizar la carrera y uno de los que abandonó, el portugués Francisco Lázaro, falleció el día después. Las marcas, eso sí, demostraron que los maratonianos cada vez eran más veloces. El sudafricano Kenneth McArthur se impuso en 2h 36′54”, mientras que su compatriota Gitsham tardó apenas un minuto más y el americano Strobino bajó de las 2 horas y 39 minutos.

Opiniones enfrentadas

La muerte de Lázaro abrió un debate sobre lo inhumano que puede llegar a ser el maratón. Los detractores de la prueba sostenían que era demasiado larga, excesiva para el organismo. Los defensores apelaban al espíritu de Fidípides, argumentando además que en cualquier disciplina se pueden producir accidentes. Casi cien años después, podríamos afirmar que los posicionamientos siguen siendo irreconciliables y parece complicado proponer un diálogo socrático sobre el tema. El maratón está más que consolidado, sí, pero cada vez que muere un atleta (por desgracia ocurre de vez en cuando) surgen voces contrarias a esta prueba.

Correr con cabeza

¿Mi opinión? Creo que es innecesario que diga que formo parte del bando de los partidarios, aunque con ciertas precauciones. Me refiero a que sólo deben correr maratones los atletas que estén muy bien preparados, algo que ya se da por supuesto en el caso de los profesionales. Y por lo que respecta a los aficionados, siempre viene bien una revisión médica previa y, sobre todo, no querer ir demasiado rápido para tu corazón.

 
     
     
 

Johnny Hayes alcanzó la gloria en Londres 1908

Johnny Hayes alcanzó la gloria en Londres 1908

Trabajaba de pastelero en Capri y llevaba el dorsal 19. Sus prominentes bigotes destacaban casi más que su pequeño cuerpo, muy apropiado para las pruebas de fondo. Dorando Pietri no entraba en ninguna de las apuestas sobre el ganador del maratón, centradas en tres norteamericanos y un británico. Nadie contaba con él, pero estuvo a punto de dar la gran sorpresa.

De menos a más

El maratón acostumbra a premiar a los atletas que van de menos a más, justo lo que hizo Pietri durante la mayor parte de la prueba. Tras una salida bastante floja en el castillo de Windsor, el diminuto corredor italiano fue remontando posiciones para acercarse a los puestos de cabeza. Y todo ello bajo la atenta mirada de los miles de curiosos que se agolpaban a ambos lados de la carretera para observar de cerca a los esforzados atletas.

La fuerza del débil

El gran favorito, Johny Hayes, también era de baja estatura, pero de complexión bastante más fuerte que el frágil Dorando. Ya sabemos que estar más fuerte no es ninguna ventaja en maratón, pero viéndolos de lado parecía casi imposible que el más débil pudiera imponerse. Lo cierto es que Hayes llevaba un ritmo muy constante, tipo diésel, pero Petri, que demostró poseer un buen mapa mental, logró darle alcance y, poco después, lo dejó atrás. Cuando entró en el estadio debía sacarle por lo menos un minuto de ventaja.

Desfallecimiento

El público, enfervorecido, le ovacionaba sin cesar, deseoso de que si no podía ganar un inglés (su gran favorito, Jack, había quedado muy rezagado) por lo menos no lo hiciese un norteamericano. Nadie esperaba que Pietri, completamente exhausto, cayera al suelo a pocos metros de la meta. Se hizo un silencio expectante. El atleta de Capri intentó levantarse y dio unos cuantos pasos vacilantes, sin reparar en que iba en dirección contraria. Volvió a caer justo en el momento en que Hayes entraba en el estadio.

Ayuda y reclamación

Salvo los norteamericanos presentes, todo el mundo deseaba que Pietri se levantara y cruzara primero la línea de meta. Le empujaban a luchar. Quizá por eso los jueces le ayudaron a incorporarse. Casi arrastrándole, consiguieron que llegara en primer lugar. Pero una reclamación de Hayes, que había presenciado toda la escena mientras enfilaba sus últimos metros, provocó que Dorando fuera descalificado.

Momento de gloria

A pesar de todo, Pietri tuvo su momento de gloria. Un grupo de personas lo llevó en hombros hasta el palco, donde la reina Alexandra le entregó una copa de plata. El pequeño confitero se quedó sin medalla, pero fue tratado como el vencedor de la prueba. Oficialmente no, por supuesto. Ese privilegio correspondió a Johnny Hayes, con un registro de 2h 55′ 18”, récord olímpico que, como veremos en el siguiente post, fue pulverizado cuatro años después.

 
     
     
 

Thomas Hicks también ganó en su tierra... aunque llegara segundo

Thomas Hicks también ganó en su tierra... aunque llegara segundo

Tras el desastre de París, el barón de Coubertin se llevó un nuevo disgusto. “No he estado sólo en unas competiciones deportivas, sino también en una feria donde había deporte, fraude y se exhibían monstruos para la diversión del público”, declaró al concluir los Juegos.

Victoria local

En el caso del maratón, se dio la circunstancia de que, por tercera vez consecutiva, ganó un atleta del país anfitrión. Ya ocurrió en Atenas y en París, pero la racha se rompería cuatro años después en Londres, como veremos en el siguiente post.

Las peores marcas

San Luis también pasará a la historia como el maratón con las peores marcas de todos los tiempos. El ganador llegó a la meta en 3h 28′53” y el tercer clasificado paró el cronómetro en 3h 47′33”, un registro que incluso a mí me parece asequible, aunque hasta ahora, lo admito, he sido incapaz de bajar de las cuatro horas. Eso sí, me siento preparado para mejorar mi rendimiento y no descarto llegar a decir algun día que con mi tiempo hubiera conseguido la medalla de bronce en los Juegos de San Luis.

Manzanas verdes

La crónica de la prueba no tiene desperdicio. Participaron en ella 31 atletas: 16 norteamericanos, diez griegos, tres sudafricanos, un francés y un cubano. Fue precisamente este último quien tomó el mando desde el principio, aunque en el kilómetro 30 chocó con una versión muy particular del muro del maratón. Le entró hambre y no se le ocurrió nada mejor que subirse a un manzano. Parece ser que las manzanas estaban verdes y le sentaron mal, tanto que no pudo llegar a la meta.

De último a primero

Quien se lo tomó con mucha más calma fue el norteamericano Fred Lordz, que a los diez kilómetros iba el último y decidió dejar de correr. Poco después se sentó en la parte trasera de un automóvil que estaba parado en la carretera. Cuando éste arrancó, Lordz descubrió que seguía la misma ruta que el maratón y, a cinco kilómetros de la llegada, se bajó y empezó a correr. Llegó al estadio en primer lugar, sin apenas signos de cansancio. Los aficionados le aclamaron y Alice Roosevelt (hija del entonces presidente americano) se fotografió con él cuando llegaba a la meta.

Abucheado y apedreado

Poco después apareció Thomas Hicks, extenuado y rabioso. Dijo que era completamente imposible que Lordz le hubiera adelantado sin que él le viera, que seguro que había hecho trampas. Lordz acabó confesando cómo consiguió ganar la prueba y huyó del estadio mientras el publico le apedreaba y abucheaba. Inicialmente fue descalificado a perpetuidad, pero acabaron perdonándole y en 1905 se proclamó campeón norteamericano de maratón, se supone que corriendo todo el rato. Pero la gloria olímpica, un poco empañada por las circunstancias pero al fin y al cabo gloria olímpica, se la llevó Thomas Hicks.

 
     
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