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¡Qué coincidencia!, exclamamos a menudo cuando nos encontramos con algún conocido en un lugar insospechado. Pero lo cierto es que ese encuentro es más probable de lo que imaginamos y, si no nos hubiéramos encontrado con esa persona, muy posiblemente hubiéramos coincidido con cualquier otra. Coincidir es lo más natural del mundo y los corredores estamos tan acostumbrados a hacerlo que hay muy pocas cosas que puedan sorprendernos.
Pautas teóricas
Si trazamos uno de nuestros rodajes sobre el papel, o lo visualizamos con la ayuda de nuestra imaginación, es fácil verlo como algo muy estructurado, con una salida, un ritmo determinado, unos caminos concretos y un final a la hora prevista. Estas pautas teóricas, que muchas veces se acaban cumpliendo sin mayores dificultades, en otras ocasiones chocan con el carácter azaroso, abierto e incoherente de la vida.
Conexiones de todo tipo
Vistas desde la perspectiva de un atleta de fondo, las coincidencias permiten establecer conexiones instructivas y misteriosas entre personas que normalmente no hubieran tenido nada que ver. A veces pueden ser el inicio de una larga amistad, pero tampoco hay que descartar que se incluyan el en capítulo de interrupciones callejeras y acaben desembocando en una pelea o algo mucho peor.
Mala suerte
Sin llegar a extremos tan desagradables, lo que sí que acostumbra a ocurrir con cierta frecuencia, y bastante en sintonía con nuestra particular Ley de Murphy para corredores, es encontrarte con la persona que menos desearías encontrarte, generalmente cara a cara y en un espacio en el que resulta completamente imposible fingir que no la ves.
Más mala suerte
También puede suceder todo lo contrario, claro. Pero si es así, si por fin coincides con esa persona que hace tanto tiempo que deseabas encontrarte por casualidad, no es extraño que al acercarte a saludarla recuerdes que llevas la camiseta manchada de sudor, que hueles a sudor, que en estos precisos instantes eres todo sudor.
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Por ejemplo: al elegir como título Senderos que se acaban, alguien puede interpretar que éste es mi último post. Aclaro inmediatamente (lo siento si empezabais a saltar de alegría) que no es así, pero admito que leyendo sólo esas cuatro palabras podría entenderse de esta manera. O de cualquier otra, porque al fin y al cabo siempre hacemos nuestros los textos que leemos y les damos el significado que queremos darles.
Senderos por descubrir
Pero, en el caso de este post, Senderos que se acaban no es más que un encabezado que me permite hablar de los problemas que surgen, o no, cuando se trata de representar el running en palabras o, simplemente, de practicar el running con la boca abierta o cerrada. No es que pretenda confesar mis dudas diarias o admitir los problemas insolubles con los que tienen que enfrentarse los corredores cuando piensan sobre sus vidas, pero sí quiero destacar que, en realidad, por mucho que algunos senderos se acaben, siempre hay otros por descubrir y objetivos a renovar.
No, no se acaban
Sólo se trata, como casi siempre, de fijarse en lo que nos rodea, tanto en sentido literal como figurado. Siempre aparecerán otros senderos para correr y nunca nos faltaran cosas de las que hablar que, aun siendo las mismas, siempre serán distintas. Y es que nuestras zancadas, nuestros actos vitales o los textos que escribimos (que escribo yo, en este caso concreto) pueden verse afectados por todo tipo de dudas, por pasos hacia delante y hacia atrás, pensamientos contradictorios y conjeturas sin fin, pero siempre prevalecerá nuestra voluntad de correr y vivir, en mi caso también de escribir. Sí, hay senderos que se acaban, pero siempre tenemos la opción de recorrerlos al revés o fijarnos en otros caminos que aparecen por doquier. Para ello, nada mejor que recordar las famosas palabras finales de El innombrable de Beckett: “Debes seguir, no puedo seguir, seguiré”.
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Quienes han participado en pruebas de maratón poseen la valiosa experiencia de conocer los detalles y posibles obstáculos que pueden motivar incluso, el abandono de la competencia. Muchos competidores que observan con desinterés pequeños detalles de preparación, en los entrenamientos y en las horas previas a la carrera encuentran grandes obstáculos. Son numerosas las situaciones que pueden presentarse en la carrera, muchas de ellas pueden ser controladas con el desarrollo anterior de un entrenamiento responsable.
En otras situaciones los consejos de corredores veteranos y entrenadores determinan medidas oportunas que pueden mejorar de manera importante el rendimiento del deportista.
Consejos
Los corredores veteranos normalmente enumeran una serie de consejos a tener en cuenta antes de participar en la competencia, y también en el transcurso de la misma. Algunos de esos consejos se refieren a la alimentación y descanso del día anterior de la competencia. Comer de manera moderada y manteniendo un tiempo prudencial de digestión es muy aconsejable.
Muchos deportistas son victimas de sus propias ansiedades y nerviosismo; producto de esta situación suelen sufrir de molestias estomacales que en la competencia pueden ocasionar el abandono de la prueba. Si bien en una situación rutinaria una molestia estomacal puede parecer una situación menor; durante una prueba de maratón se suma a una serie de obstáculos donde el cansancio es el muro principal que debe ser vencido. Cansancio, estrés, molestias musculares y situaciones personales de cada deportista comienzan a sentirse con más intensidad en el transcurso de los kilómetros de competencia.
Detalles
Además de algunos recaudos relacionados con el correcto descanso y alimentación, existen otras situaciones donde pueden presentarse molestias importantes. Algunos deportistas principiantes llegan al día de la carrera utilizando indumentaria nueva. Esta situación es observada con importantes argumentos por los corredores experimentados. Los deportistas mas veteranos conocen perfectamente los riesgos de utilizar indumentaria nueva y sin uso anterior el día de la prueba.
Muchos corredores desarrollan ampollas y sienten un pesado obstáculo en la fricción de la ropa contra el cuerpo. El día de la competición es mejor no estrenar nada de la indumentaria que se utilice. Lo principal es brindar al organismo en general los recursos necesarios para enfrentar la prueba de la mejor manera y comodidad.
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Las ideas no se fabrican, se tienen o no se tienen, podría decirme alguien. Es posible, pero sólo hasta cierto punto. Una buena idea no sirve para nada si luego no eres capaz de desarrollarla, de darle un montón de vueltas hasta que descubres la mejor forma de llevarla a cabo o tienes que acabar admitiendo que al final no era una buena idea.
Cambios e ilusiones
¿Quién quiere tener ideas?, podríamos preguntarnos. A menudo parece que sea un terreno exclusivo de los artistas o aspirantes a artistas, tal vez de los políticos y sus asesores. Pero en realidad todo el mundo debería devanarse un poco los sesos a la búsqueda de ideas que le permitan introducir algún cambio, alguna mejora, en su vida cotidiana o por lo menos alimentar sus ilusiones de futuro.
El privilegio de correr
En este sentido, los runners podemos considerarnos unos privilegiados. Salir a correr ya es una forma de ampliar horizontes y ver las cosas desde otra perspectiva, pero también nos proporciona tiempo para pensar y, por qué no, para tener ideas que a lo mejor nos pueden ser útiles. No hablo necesariamente de grandes logros, sino de cosas tan sencillas como encontrar la manera de hacer la vida más agradable a nuestra pareja, arrancar la sonrisa de un vecino huraño o acabar de una vez por todas con los comentarios insidiosos de un compañero de trabajo.
Alivio y esperanza
Es obvio que en muchas ocasiones nos sumergimos en nuestros problemas y resulta muy complicado evadirse de ellos, pero incluso en estos casos salir a correr puede ser muy positivo y, si somos capaces de centrarnos en la cuestión, sea la que sea, es muy posible que también acabemos teniendo alguna idea que, cuanto menos, nos conduzca al terreno del alivio y la esperanza. Tampoco se trata de presionarnos y buscar ideas a toda costa, pero estoy seguro de que salir a correr es uno de los mejores sistemas para tener ideas.
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 El tiempo es un juez implacable ¿La duración de qué?, se preguntará alguien que empiece a disgustarse con mi manía de darle vueltas a los asuntos. De todo lo que nos afecte como runners, respondo de entrada. La duración de nuestros rodajes cotidianos, por supuesto, pero también de los programas que nos permitirán correr una media maratón o un maratón o, ampliando mucho más la perspectiva, la duración de nuestra entrega al running. Puede ocurrir. Hay corredores que un día dejan de correr y nunca más vuelven a calzarse las zapatillas. Duró lo que duró, podríamos decir, pero creo que en realidad seguirá durando aunque ya no vuelvan a correr. Porque los auténticos corredores continuarán siéndolo mientras vivan a pesar de que, por las razones que sea (voluntarias o no) jamás vuelvan a trotar.
Estado mental
Es algo que se lleva dentro, que subsiste y permanece aunque no continúe plasmándose sobre el terreno. Correr también es un estado mental. Hay gente que ya sólo puede caminar pero en realidad sigue corriendo. Por los recuerdos o tal vez por la imaginación, nuestra mejor aliada cuando se trata de evadirnos de la realidad. En estos casos, los corredores que para un observador externo ya han dejado de serlo están haciendo durar su afición mucho más allá del acto físico. La tienen tan interiorizada que muy posiblemente les acompañará hasta que, antes del último suspiro, exclamen “tendré que dejar de correr”.
Pensamientos
Hablar de imaginación es hablar de pensamientos. Y éstos también duran lo que duran. En un entrenamiento de cincuenta minutos se te pueden pasar por la cabeza decenas de asuntos que te preocupen. O quizá sólo uno, que se alarga durante toda la sesión y sigue persiguiéndote mientras te duchas. Hay pensamientos que nunca desaparecen y si estoy seguro de una cosa es que un auténtico amante del running nunca dejará de pensar en su amor. Durará, ya lo veréis.
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 Se suele comparar a los corredores lentos con tortugas Para empezar, habría que clarificar qué significa correr lento o rápido. Es más que probable que Samuel Wanjiru estuviera decepcionado tras completar medio maratón en una hora y quince minutos, un registro inalcanzable para la gran mayoría de los atletas. En cambio, a un corredor popular del montón, por ejemplo yo, le puede parecer que cubrir diez kilómetros en 45 minutos es un buen registro, cuando la realidad indica que cualquier atleta profesional es capaz de hacerlo en poco más de media hora.
Todo depende
Si todo es relativo, ¿quién puede determinar dónde está la línea que separa la lentitud de la rapidez? Según mi modesta opinión, si nos olvidamos de los atletas de alto nivel lo más lógico es que esa línea la establezca cada uno en función de sus características físicas y sus circunstancias personales. Volvamos a los diez kilómetros. Por lo general, un corredor de cien kilos nunca podrá correrlos tan rápido como uno de cincuenta; ni uno de setenta años como uno de treinta.
Cuestión de comparar
Otra cosa es partir de los registros medios y compararse con ellos. Por ejemplo, si en una carrera de 4.000 participantes la media de tiempo para completar los diez kilómetros es de 50 minutos y yo consigo hacerlo en 47, tendremos que admitir que he corrido más rápido que la media. Incluso puede que haya sido mucho más rápido que el último clasificado, que ha tardado digamos que una hora y diez minutos. Pero eso no significa, ni mucho menos, que yo sea rápido, porque a lo mejor el ganador ha tardado un cuarto de hora menos que yo. ¿Es rápido él? Aparentemente sí, pero no si lo comparamos con el keniata Paul Tergat , capaz de correr los diez mil metros en menos de 26 minutos y medio.
¿Quién es rápido?
Ya lo tenemos: Paul Tergat sí que es rápido. ¿Seguro? En los 10.000, sí, está claro, pero hazle correr los cien metros al lado del jamaicano Usain Bolt. Entonces, podríamos concluir, Bolt es el rey de la velocidad pura. Si lo comparamos con una tortuga o con Tergat está claro que sí, pero habría que verle compitiendo con un guepardo.
Un poema de Primitivo Oliva
En cualquier caso, me gustaría dejar claro que siento un gran respeto por los corredores tortuga. ¿Cuándo un corredor puede ser calificado de tortuga? Tendríamos que pensarlo con calma, pero como homenaje a todos ellos me permito dedicarles, con permiso del autor, el poema Tortugas, de Primitivo Oliva.
¡Que las piedras se desplacen…!
Y las piedras se movieron.
Es cierto que con un ritmo
afanosamente lento
y verdad que se parecen
a rocas, por su silencio.
Ellas, igual a las peñas,
pasan yertas el invierno.
Razón es que, bien mirado,
muestra solidez su aspecto.
Mas nadie dice que tengan
un corazón de cemento.
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 El horizonte más importante está en nuestra cabeza Hay muchas formas de correr hacia el horizonte. Se puede hacer con toda la consciencia del mundo o sin haberlo meditado en absoluto, incluso sin tener nada claro por qué vamos hacia un punto determinado y no hacia otro. En cierta forma, además, hablar de nuestros horizontes es como hablar del futuro. Creemos divisarlo y nos hacemos una idea de cómo puede ser, pero cuando llegamos a él nos damos cuenta de que ocurre como con los deseos de año nuevo, suponiendo que lleguen a cumplirse. Al formar parte de nuestro presente, del aquí y el ahora, ya ha perdido buena parte de la gracia que tenía tiempo atrás.
Frustración u oportunidad
Ocurre a menudo. Cumples con tus expectativas, despejas horizontes, y de repente descubres que en realidad no hay para tanto. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que aparecen nuevos horizontes que, cuando dejen de serlo, darán paso a otros y a otros. Para algunas personas puede ser un tanto frustrante, pero no cabe duda que también es una magnífica manera de hallar nuevas oportunidades. En el caso de los atletas de fondo, acostumbrados a funcionar con objetivos concretos, la renovación de horizontes es una necesidad. O debería serlo.
Cambios constantes
Pienso en el caso, poco frecuente, de los corredores que se limitan a hacer siempre lo mismo. Una y otra vez, durante años, recorren la misma distancia a la misma hora. Pues incluso en este ejemplo extremo aparecen horizontes distintos, ni que sean los que marca esa línea imaginaria que separa el cielo de la tierra. En realidad, con cada paso que damos vamos modificando nuestros horizontes. Otra cosa es que ni nos demos cuenta.
Haciendo planes
En el running y en todos los campos es perfectamente legítimo no aspirar a nada, no pensar en nada, dejarse llevar por la inercia y olvidarse del futuro porque, en realidad, todo es presente y no vale la pena pensar en lo que ocurrirá dentro de un año o un mes. Pero los corredores que acostumbramos a definir y redefinir horizontes, aun a sabiendas de que muy posiblemente nunca serán como esperamos que sean, nos lo pasamos de maravilla haciendo planes, soñando con llegar.
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 Cada corredor es protagonista de una época Por lo común, se trata de atletas de cierta edad que, a pesar de seguir corriendo, evocan con frecuencia y con grandes dosis de nostalgia un pasado que, a su entender, fue mucho mejor que el presente. No digo que se trate de un error ni que no pueda ser cierto, pero no creo que sea lo más aconsejable cuando se trata de vivir, de disfrutar del ahora.
Pensamientos negativos
Pongámonos en el caso, por ejemplo, de un campeón olímpico o mundial de maratón que, por razones obvias y naturales, al cumplir los cuarenta años ha perdido parte de su rapidez y, a pesar de lograr marcas prohibitivas para la inmensa mayoría de los mortales, experimenta cierta frustración. El contraste con la época en la que imponía su ley es demasiado fuerte para que su ego pueda soportarlo y, aunque le gusta seguir corriendo, no puede evitar pensamientos negativos que vienen a decirle que lo mejor ya pasó.
Peores marcas
Imaginemos ahora lo que siente un atleta mucho más mediocre, por ejemplo yo, cuando tras veinte años sin correr decide volver a hacerlo y comprueba que las marcas que conseguía dos décadas atrás son irrepetibles y por mucho que se esfuerce ni siquiera logrará aproximarse a ellas.
Asumir la realidad
Parecen dos situaciones muy distintas (élite y clase media-baja, podríamos decir), pero en el fondo son bastante parecidas. En ambos casos, se trata de asumir que los récords frustrados existen, que los años no pasan en balde y perder facultades físicas es lo más normal del mundo. Está muy bien recordar que ganaste dos medallas olímpicas o corriste diez kilómetros en menos de cuarenta minutos, pero no es nada sano idealizar esas épocas para contraponerlas a un presente cargado de carencias.
Un reto más
Si esa es tu actitud, lo mejor es dejar de correr y dedicarte a otra cosa que te sirva para sentirte mejor. Y si decides seguir corriendo no hace falta que te olvides del pasado, ni mucho menos, pero si que debes ser consciente de tu nueva realidad y verla como un reto más, sacando el máximo partido posible de tus piernas y tu corazón.
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 Sólo tú eres el dueño de tus piernas Para algunos, probar y experimentar en tu propio cuerpo algo que ya se sabe desde hace años es una solemne tontería. Puede que tengan parte de razón, pero siempre he pensado que, por parecidos que seamos, cada cuerpo es distinto y, por lo tanto, no tiene por qué responder de la misma forma a los mismos estímulos. Que al primo Clemente le funcione hacer series de cien metros en los meses previos a su preparación específica para el maratón, que esas sesiones de velocidad pura le permitan luego ir más rápido al correr 42,195 kilómetros, no significa que también me funcione a mí, que tal vez necesito hacer series más largas para obtener resultados parecidos.
Sin certezas absolutas
¿Cómo saberlo? La única forma posible es experimentarlo. Imitar una temporada al primo Clemente y, a la siguiente, hacerlo de otra forma. Y luego comparar los resultados, aunque tampoco puedas estar completamente seguro de que hayas ido más o menos rápido a causa de la preparación realizada. Los factores que intervienen en este tipo de pruebas son tan diversos y complejos que las certezas absolutas no existen.
Conclusiones propias
De todas formas, quiero pensar que los experimentos siempre son positivos. Suponiendo que fracasen (de acuerdo con el párrafo anterior, resulta bastante difícil determinar si han fracasado o no) siempre nos ayudarán a conocernos mejor, a clarificar nuestros límites y orientar mejor nuestros esfuerzos. Tampoco se trata de probar cosas descabelladas (intentar correr un maratón diario como Ricardo Abad o salir al mismo ritmo que Gebrselassie en nuestra primera cita con la distancia de Fidípides), pero sí de cuestionarnos alguna vez lo que dice todo el mundo con el objetivo de sacar nuestras propias conclusiones.
Un margen muy amplio
No es que no apruebe a los que se rigen a rajatabla por lo que dicen los expertos. Es muy posible que sea la postura más inteligente, pero siempre me ha gustado pensar que, más allá de lo que se supone que debemos hacer, de lo que todo el mundo dice que debemos hacer, existe un margen muy amplio en el que los únicos que decidimos somos nosotros.
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