A solas con el corredor de fondo (I)

Dejo de una vez al ingenuo salvaje, aun sabiendo que nunca llegué a dedicarle demasiada atención. El rugby nunca me ha interesado mucho, y eso que hace años me propusieron jugar en un equipo de Cassà de la Selva. Pero os lo creáis o no era de los más livianos y no acababa de seducirme la idea de que me arrollaran cada dos por tres. Abandonar el rugby implica un cambio de título, que convierte en primera parte lo que en realidad sería la tercera. ¿Qué más da? Si alguien ha leído las dos primeros posts ya sabrá que estoy hablando de Colin Smith, el solitario corredor de fondo que protagoniza el film de nombre muy parecido que Tony Richardson dirigió en 1962.

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En la entrega anterior, Colin se siente apremiado por su chica (o, para ser más precisos, por la necesidad de conseguir dinero) y decide robar en una panadería junto con su amigo. Aparentemente todo sale bien, pero el escondite de los billetes conseguidos con el atraco acaba siendo descubierto por la policía de Nottingham. Ello supone su ingreso en el reformatorio de Ruxton Towers y, por extensión, el descubrimiento de su valía como corredor.

Inconformismo y rebeldía

Aunque falta poco para que la película cumpla medio siglo, creo que resulta mucho más fresca e interesante que la mayoría de las producciones de hoy en día. Además de mostrar los métodos represivos habituales en los reformatorios británicos de principios de los años 60, explora los sentimientos de rebeldía e inconformismo de los internos, que casi sin excepción proceden de familias desarraigadas o, como acostumbran a llamarlas ahora, desestructuradas. Cargado de experiencias dolorosas, Colin halla una válvula de escape en sus aptitudes como fondista, que bien pronto merecen la atención del director del reformatorio, obsesionado con ganar una competición atlética que les enfrentará a otros centros privados.

Flashbacks muy logrados

Da gusto seguir los flashbacks de Colin, que cada vez que sale a correr campo a través empieza a evocar episodios de su vida anterior, a menudo centrados en la pobreza, el desafecto y el desarraigo. Muchos de nosotros hemos tenido la suerte de no vivir experiencias de este tipo, pero seguro que al practicar el running rememoramos de vez en cuando vivencias recientes o ya alejadas en el tiempo, asuntos que nos llenan de alegría o cuestiones que preferiríamos haber olvidado. Pero, más allá de los paralelismos que podamos trazar como corredores, es innegable que la narración está bien estructurada y puede atraer el interés de cualquiera aunque no le guste ni un ápice el atletismo.

Música apropiada

No sé si mi cuñado Vicente me daría la razón, pero la música del film, instrumentos de viento entre los que destaca con fuerza el clarinete, es ideal para enfatizar los momentos más dramáticos, tan estridentes como las melodías elegidas para acompañarlos. La otra música, la del latir de los corazones, también esta presente a lo largo de toda la película, con escenas bien construidas que retratan a la perfección lo que ocurre en el interior del reformatorio. ¿Hablaré algún día de cómo corre Colin? Sí, puede que mañana.

  1. Jajaja Josep. Se nota que te has ido de finde y has alargado hasta la extenuación al corredor de fondo, pero incluso así te ha quedado bien. Lo que no sé es si Antoni empezará a perder la paciencia…

  2. Espero que no, Xènia. Antoni tiene (o eso espero) una paciencia infinita, que por algo es mi comentarista más fiel, mejorando lo presente. Además, piensa que siempre habrá alguien, aunque sea una sola persona, que sólo leerá este post y no los anteriores, de manera que me gusta irlo contextualizando cada vez. Ojalá me hubiera ido de finde! Estoy de finde, que es algo bastante distinto. Por cierto, hoy me toca el último rodaje largo (95 minutos) antes de la carrera de diez kilómetros de Aranjuez. Allí sabré cuál es mi auténtico estado de forma en comparación con el año pasado. Recuerdo: récord frustrado, 45.03 por culpa de una caída. ¿Volveré a caer?, ¿lograré mi mejor marca? Ya os lo contaré.

  3. Ja ja ja, ya parezco Paco Umbral con lo de, “he venido a hablar de mi libro”, “aquí se habla de correr”. No no Xenia, me interesa todo lo que cuenta Josep sobre esta película, hasta me dan ganas de verla y todo. Incluso me ha venido a la memoria, y tengo que confesar con cierta vergüenza, que una de las imágenes que me impulsaron a empezar a correr en mis inicios, fue ver a Rocky en su primera película, subir corriendo, una larga escalinata, que me recuerda un poco la de la catedral de Girona.
    Seguiré esperando el desenlace runninguero, no tengo prisa, es como si corriéramos un maratón, en que vamos disfrutando de todo lo que vemos durante el recorrido, mientras vamos hacia la meta., una buena filosofía creo, que a veces es bueno aplicarla en muchas facetas de la vida.

  4. No te avergüences, Antoni. Cuando vi esa película de Rocky nunca había hecho pesas y al cabo de un tiempo empecé a pensar que tenía que probarlo, aunque lo cierto es que aún tardé unos cuantos años. Esa escena que dices de la escalinata es magnífica, llena de fuerza y energía positiva. Creo que, por unos instantes, a todos nos gustaría ser Rocky y desplegar esa energía aunque no tengamos ninguna intención de subirnos al cuadrilátero. Por lo que respecta al desenlace runningero, creo que se va acercando, pero tampoco estoy muy seguro de ello…

  5. A propósito de que se toca el tema del atletismo y el cine me gustaría pediros ayuda para saber si alguien recuerda una película que tuvo éxito hace diez o quince años.Reconozco que soy un pésimo cinéfilo y no valgo para acordarme de los nombres de las películas y aún menos de sus protagonistas, pero recuerdo que esta película tuvo un comienzo que me impresionó: aparecía una persona corriendo-hasta tal punto llega mi amnesia que no recuerdo si hombre o mujer- y, acto seguido, en la escena siguiente el director nos hace un guiño macabro a los espectadores y nos pone al corriente de que esa persona tiene las horas contadas, que ese día apacible y soleado en el que seguramente pasaron cientos de proyectos de futuro por su cabeza va a ser irremediablemente el último de su vida.
    Aunque no recuerde más sí que todavía tengo presente la sensación de desasiego que me produjo, y que me hizo reflexionar sobre lo superfluo de la vanidad humana que está presente en todas nuestras acciones y por supuesto también en esta afición que nos une en este espacio.Yo también debería irme a correr que me estoy poniendo algo transcendente…

  6. Antoni, Umbral no es precisamente santo de mi devoción aunque admito que escribía muy bien. En cualquier caso, tú me pareces más simpático y sí, será verdad que tienes mucha paciencia. Con Josep es fácil tenerla, también es verdad.
    Ramón, ya que es un día de confesiones, confieso que no sé de qué película hablas. Parece profunda e interesante, estaré atenta por si sale el nombre.
    Y Josep, espero que aunque no te hayas ido de finde lo hayas pasado bien.

  7. No lo sé, Ramón, siempre he sido muy malo para recordar los títulos de las películas. A veces estoy viendo una y hasta que ha pasado una hora no recuerdo que ya la había visto. Y el caso es que esta escena que dices me suena mucho, pero soy incapaz de recordar nada más. Es cierto, todo pende de un hilo, pero correr no es una mala solución, por momentánea que sea.

  8. Sí, Xènia, gracias. Sólo un apunte: fuimos a ver el Getafe-Mallorca y valió la pena pasar frío: 4-1.

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