A solas con el corredor de fondo (II)

Sabemos que Colin Smith, ese muchacho de Nottingham que allá por 1962 acaba en un reformatorio tras atracar una panadería, es el protagonista de una película de Tony Richardson a partir de un cuento de Alan Sillitoe. También nos consta que es un tipo inteligente y, como es obvio, con grandes facultades atléticas. En caso contrario, el director del reformatorio no habría puesto en él todas sus esperanzas de triunfar en una competición de cross que enfrenta a Ruxton Towers con otras instituciones de este tipo. Pero vamos a fijarnos un poco en su forma de correr, nada ortodoxa para lo que se lleva hoy en día.

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Podríamos decir que Colin corre sin ninguna técnica, o si acaso con una técnica muy rara que, a nuestros ojos, más que beneficiarle le perjudica. Lleva la cabeza permanentemente agachada y la balancea de un lado a otro. Mueve los brazos sin demasiado sentido y, en general, tiene todo el aspecto de estar a punto de caerse en cualquier momento. Sin embargo, en seguida destaca entre los internos y a la primera oportunidad desbanca al que hasta su llegada era el candidato del director para alzarse con la victoria en el inminente campeonato.

Cuestión de carácter

Puede que otro se hubiera dejado amilanar por Stacy (así se llama el que era ojito derecho del director), pero Colin le planta cara y demuestra que puede correr más rápido durante más tiempo, que de eso se trata. Como es casi inevitable en establecimientos penitenciarios como el que se describe en la película, llegan las primeras peleas y Colin no se echa atrás. Es rechazado por muchos de sus compañeros, que idolatraban a Stacy y no acaban de creerse que pueda destronarlo. Pero él sigue a lo suyo, corriendo de esa forma tan característica y dejando claro que en Ruxton Towers no tiene rival.

Libertad

Al principio corre acompañado, pero llega un momento en que, por decirlo de alguna forma, se fían de él y cada vez que sale a entrenar le dejan ir solo, por un recorrido campestre que haría las delicias de muchos de nosotros, especialmente de los que residimos en zonas urbanas y hemos tenido que acostumbrarnos a entrenar en parques o polígonos industriales.

Estilo innato

Todo parece indicar que su estilo es innato. Nadie le ha enseñado a correr y, desde nuestro punto de vista, su técnica deja mucho que desear, pero está claro que su fortaleza física y mental está muy por encima de la media. Tan delgado que de la sensación de que vaya a caerse con el primer golpe de viento, Colin avanza por la campiña inglesa con la determinación de quien se sabe de memoria el mapa del recorrido e intuye que está a punto de lograr algo grande. Sus marcas mejoran en cada entrenamiento, al mismo ritmo que un estilo en el que la fragilidad solo aparente de sus zancadas se funde con una determinación sobrehumana.

El gran día

Se acerca el día de la gran carrera y Colin ya vislumbra ese triunfo tan anhelado por el director del reformatorio. Nadie duda que puede lograrlo y, así, afianzarse en una institución que de alguna manera le está devolviendo lo que la sociedad le ha quitado. Todas las esperanzas de Ruxton Towers están puestas en él, en sus piernas y su carácter ganador. ¿Cómo reaccionará Colin?

  1. Seguro que nos sorprenderá su reacción, parece imprevisible dada sus características. Lo que no es imprevisible es tu buena escritura y tu capacidad para dejarme con la miel en los labios.

  2. Gracias, Inés. Ahora mismo no sé si soy oso o abeja, pero tranquila, tendrás tu ración de miel.

  3. Quizás la broma fácil es aquella de pensar que un preso que sale a correr, es muy probable que no vuelva, correr en dirección contraria al centro penitenciario, seria algo anhelado por muchos presos, pero supongo que en este caso no es así, y todo es mucho mas complejo.

  4. Así es, Antoni. Sería una huida ficticia porque lo pillarían inmediatamente. O quizá no…

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