A solas con el corredor de fondo (III)

Llega el día de la carrera y Colin Smith es el favorito indiscutible de los dirigentes de Ruxton Towers. Una vez más, todo se reduce a perder o ganar. Y por muy extendido que esté el espíritu del barón de Coubertin (“lo importante es participar”) lo cierto es que todos quieren ganar. Da igual que no sean sus piernas las que tengan que superar el recorrido campo a través: los directivos vivirán la prueba como si fueran ellos los que fuerzan al máximo pulmones y corazón, los que se entregan a tope para alcanzar la gloria. Colin es su favorito, pero sólo porque si gana se apropiarán de su victoria para alimentar un poco más su vanidad.

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Otra entrega más sobre la genial película \"La soledad del corredor de fondo\" A solas con el corredor de fondo (III) A solas con el corredor de fondo (III) maraton81
Otra entrega más sobre la genial película "La soledad del corredor de fondo"

Antes de que se inicie la prueba, los equipos coinciden unos minutos en el vestuario. ¿Quién es vuestro mejor corredor?, se preguntan entre ellos. Todos coinciden en que el único rival de Colin será un chico alto, rubio y atlético que, además, lleva grabada la nobleza en su mirada. Se dan la mano y se desean suerte, un simple ritual en un deporte en el que hay poco margen para las sorpresas y siempre acostumbra a ganar el más rápido y resistente. Eso no quiere decir que sea el mejor, pero sí que lo ha sido el día de la carrera.

Un único rival

Colin no es de los que salen a morir desde el principio. Prefiere ir cogiendo ritmo kilómetro a kilómetro. Le gusta ir adelantando corredores, sentirse más fuerte al dejarlos atrás y tener una buena perspectiva de cómo se desenvuelven sus rivales, de si van al límite o aún pueden aumentar el ritmo. Pasados unos kilómetros, cuando ya han desaparecido del campo de visión de los dirigentes, empieza a quedar claro lo que ya se sabía antes de empezar: el único rival de Colin es el chico rubio.

Esfuerzo adicional

Alcanzar a otro atleta, y sobre todo adelantarlo, es una muestra de superioridad sólo aparente, que no sirve de nada si después no eres capaz de distanciarte hasta hacerle comprender que no podrá contigo. En muchas ocasiones, el corredor que está a punto de ser adelantado realiza un esfuerzo adicional que pocas veces es algo más que un ataque de orgullo. Y no es raro que incluso al ser superado intente coger la rueda del que va más rápido (utilizo por una vez el argot ciclista) para comprobar si realmente es superior o sólo se trata de una maniobra para desmoralizarlo y hacerle perder ritmo. Porque a veces también ocurre que el que decide adelantar va tan al límite que no mide bien sus fuerzas y acaba tan exhausto que pierde todas sus opciones.

Escena culminante

Centrémonos de una vez en la escena culminante de La soledad del corredor de fondo. Son minutos dramáticos, en los que cada zancada parece un canto a la libertad, una afirmación de poderío. El chico rubio va delante y Colin le está alcanzando. El otro se da cuenta y no se lo pone nada fácil, pero tras un mano a mano repleto de lucha e intensidad psicológica, Colin acaba imponiéndose y consigue adelantarlo. Es evidente que puede correr más rápido, aunque con ese estilo tan peculiar siempre surgen dudas sobre si se desplomará en cualquier momento. Pero parece que no. Va aumentando la distancia y, aunque el chico rubio no se rinde, Colin empieza a parecer inalcanzable. Muy a lo lejos, los dirigentes de Ruxton Towers se frotan las manos al distinguir la figura de Colin en lo alto de una colina.

¿Cómo acaba?

Nunca me ha gustado desvelar el final de una película, ni que sea de hace 46 años. Y es que siempre habrá alguien que no la haya visto y quizá algún día tendrá la oportunidad de verla, sobre todo si se cuenta entre los amantes del running. Quizá por eso he contado una falsa escena culminante, un momento crucial que sin dejar de tener su importancia no es completamente decisivo. Mañana remataré esta serie de posts con algunos comentarios sobre el film de Tony Richardson y es muy posible que podáis deducir cómo acaba, pero si no lo habéis visto seguro que tendréis dudas y a lo mejor os animáis a buscarlo.

  1. Creo que la película puede terminar con la escena de los dirigentes de Ruxton Towers frotándose las manos puesto que él ya ha conseguido su objetivo: ganar la carrera, aunque no haya cruzado la meta, ya que para una persona como él lo menos interesante es la medalla y el reconocimiento de los demás de su éxito. ¿No te parece?

  2. Sí, Inés, podría ser un buen final. ¿Seguro que no has visto la película? Parece que conoces muy bien al personaje…

  3. Pienso que el final que plantea Inés, estaría muy bien. Yo, le añadiría, que después de distinguir su figura a lo lejos, Colin desaparece en este último tramo, y no se sabe nunca mas de él. Es su última carrera como preso i la primera como hombre libre.

  4. Quedémonos pues con esa idea, Antoni. Resulta muy sugerente, casi poética, todo un canto a la libertad.

  5. La libertad sienmpre es sugerente. Desarrollarla corriendo (sobre todo imaginando) más. Así que particularmente reconozco que nunca ya podré olvidar a Colin Smith. Una inspiración para no acabar abrasado por el resentimiento. Talentoso, elegante y vital. ¿Quién da más?

    El estilo tabernario a la hora de correr sólo aumenta su carisma. Seguramente nunca vea la película. Pero aunque me chifla el cine, nada como la poesía que surge de alguno de estos posts

  6. Todo un elogio viniendo de un poeta como tú, Pedro. Por cierto, ¿este año correrás la San Silvestre Vallecana?

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