Antecedentes familiares

Los de la foto son mis padres. En primer término, Joan. Y en un discreto segundo plano, Roser. Si he escogido una imagen en la que se ve mejor a Joan es porque quiero hablar de él, aunque supongo que acabaré hablando de los dos. 82 y 80 años dan para mucho, pero nunca había pensado que mi afición por el running pudiera deberse a algún antecedente familiar. Hace pocos días, en mi última estancia en la Creueta, mi padre me sacó de mi error.

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¿Quién me iba a decir que mi afición por el atletismo tenía su explicación en mi padre? Antecedentes familiares Antecedentes familiares antecedentes familiares
¿Quién me iba a decir que mi afición por el atletismo tenía su explicación en mi padre?

La verdad es que, por mucho que me esfuerce, me cuesta imaginarme a mi padre descansando. Siempre ha sido un trabajador infatigable y cuando era más joven, lógicamente, debía serlo mucho más. Cuando le conocí él ya tenía cuarenta años, por lo que mis primeros recuerdos deben situarle forzosamente a partir de esa edad. Supongamos que las primeras imágenes mínimamente nítidas de mi más tierna infancia se corresponden con un Joan de 42 años, mi edad hasta dentro de dos meses.

Siempre moviéndose

Siempre se estaba moviendo. En casa o en el trabajo. Era difícil verle sentado como no fuera en las comidas o, tal vez, al anochecer, aunque supongo que mis recuerdos más consistentes ya se relacionan con un Joan de 50 o más años. Da igual. Nunca se estaba quieto. Roser tampoco, que conste, pero la relación con el running se puede establecer con Joan, pronto sabréis por qué.

Un poco de historia

Mis padres trabajaban de profesores en una academia que inicialmente perteneció a mi abuelo por vía materna, Josep Mascort, que entre muchas otras cosas fue diputado de ERC en Madrid durante la Segunda República, alcalde de Bescanó, director de la Normal y comisario delegado de la Generalitat en Girona antes de la llegada del ejército franquista en febrero de 1939. Tras diez años de exilio, primero en Francia y después en México, mi abuelo regresó a Girona y abrió una pequeña academia privada muy cerca de la catedral.

Dieciséis kilómetros diarios

¿Qué tiene que ver todo esto con el running? De momento nada, pero ya me voy acercando. Resulta que la citada academia estaba a unos cuatro kilómetros de la casa de la Creueta y mis padres tenían la sana costumbre de cubrir esa distancia andando. Dos veces al día. Ida por la mañana, vuelta al mediodía, ida después de comer y vuelta antes de cenar. Dieciséis kilómetros diarios cinco veces a la semana. No hace falta que jure que siempre se mantuvieron esbeltos.

Trabajo en el campo

Pero mi padre no se conformaba con eso. Ni mi madre tampoco, aunque ya he dicho que me centraré en Joan por su sorprendente relación con el running mucho antes de que se denominara running. La casa en la que vivían y siguen viviendo, en la que crecimos mi hermana Marta y yo, tenía huerto, aunque quizá la palabra no sea la más adecuada. En realidad eran unos cuantos campos gigantescos, de no sé cuántas hectáreas, repletos de frutales y con grandes extensiones de terreno en las que se cultivaban todo tipo de legumbres y verduras. Recuerdo con especial claridad las plantaciones de maíz, quizá porque durante los veranos de mi juventud me pasé muchas horas recogiendo mazorcas bajo el sol. No tantas como hubiera querido mi padre, eso es cierto.

Natación

Y es que Joan dedicaba muchas horas al campo. Le recuerdo casi siempre con el torso desnudo, brillante por el sudor. Nunca ha sido muy alto, pero sí fuerte, capaz de realizar grandes esfuerzos durante mucho tiempo. En eso se parece a los amantes del running, aunque insisto en que nunca le he visto correr. El único deporte que practicaba y sigue practicando es la natación. Y de qué manera. Aún ahora, él y Roser acuden a la playa –casi siempre a S’Agaró– entre mayo y octubre (a veces noviembre) para recorrer distancias interminables con brazadas lentas pero seguras, propias de dos nadadores experimentados que fusionan sus cuerpos con el agua para crear poesía en movimiento.

Intriga radiofónica

Pero vayamos de una vez al running. ¿Por qué hablo de antecedentes familiares? Muy sencillo. Hubo una temporada en la que mi madre salía antes de la academia y mi padre se quedaba hasta más tarde. Cuando cerraba las puertas faltaban apenas veinte minutos para que empezara una serie radiofónica (hablo de muchos años atrás) que les gustaba especialmente a ambos. Era de intriga y se trataba de que los oyentes descubrieran quién era el asesino.

Entusiasmo y determinación

Tras salir de la academia, el trajeado Joan arrancaba a correr con el entusiasmo y determinación de los atletas que saben que todo depende de su esfuerzo y, quizá, de un segundo. En dirección a la Creueta, la calle de la Força le proporcionaba una bajada perfecta para coger impulso y adquirir el ritmo adecuado para sus propósitos. Enseguida dejaba atrás el barrio antiguo y, ante la mirada atónita de los transeúntes, nada acostumbrados a ver correr a nadie y menos todavía a un señor con traje, avanzaba por la calle del Carme hasta llegar al final de Emili Grahit y enfilar la antigua vía del tren y, con ella, los dos últimos kilómetros antes de la meta.

El mejor premio

Mi padre llegaba a Can Mascort resoplando, pero satisfecho y a punto para escuchar uno de sus programas favoritos en compañía de su amada. No me imagino mejor premio. Y aunque me consta que ya hace tiempo que no corre, Joan sigue realizando largas caminatas, ya sea con su perro Krauss o con Roser. Ojalá sigan así mucho tiempo y ojalá cuando llegue a su edad, si es que llego, pueda, podamos, parecernos a ellos.

  1. Bonita semblanza, Josep. Seguro que a tu padre le gustará.

  2. Me ha gustado especialmente la escena del hombre trajeado cruzando Girona a toda velocidad. Parece sacada de una película de Fellini.

  3. Gracias, Ariadna y Xènia. El otro día me lo comentó y no he dejado pasar la ocasión de contarlo aquí.

  4. Se nota con este post que te sientes orgulloso de tus padres, de su amor por la vida y el que han tenido entre ellos. No es para menos.

  5. En efecto, Inés. Estoy muy orgulloso de ambos.

  6. Qué homenaje tan bonito. Me ha emocionado.

  7. Hoy aunque aparecerá el nombre de Ramón en el comentario hablo en nombre mío y el de Marta: es muy bonito lo que cuentas; realmente nos has emocionado a los dos. Hay que conocer a las personas de las que hablas para atreverme a decirte, y nadie mejor que tú lo sabe, que por mucho que escribas sobre ellos, siempre te quedarás corto en los elogios.

  8. Elhijodelchato, Marta, Ramón: en realidad no hace falta añadir nada, pero quiero felicitaros por ser capaces de emocionaros con cosas tan sencillas y, al mismo tiempo, importantes.

  9. Me suscribo a las felicitaciones, Josep. Sigues descubriendo magia en las cosas más sencillas y entrañables. Cuando estos posts se conviertan en libro nos acabaremos de dar cuenta de la sinfonía de vivencias, esfuerzos y palabras que has hilvanado durante estos días.

    Admirable el fresco sobre tus padres. Seguro que ellos también se sienten muy orgullosos de ti.

  10. Muchas gracias, Pedro. No sé si parece en algo a lo que habíamos pensado que podía ser, pero es lo que va saliendo. Lo cierto es que todo va muy rápido y cuando no nos demos cuenta ya habrá pasado el Maratón de Barcelona.

  11. Yo lo leo tarde, y después de todo lo dicho, ¡qué decir más! Sólo una cosa, que de una manera u otra, creo que nuestros padres, al igual que nosotros de padres, siempre andaban corriendo.

    (Por fin pongo cara a tus padres)

  12. Sí, Ana, tal vez más que del ajetreo de la vida moderna deberíamos hablar del ajetreo de la vida de padres.

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