Aviso para corredores (I)

En la novela Noviembre, un delicioso estudio psicológico sobre los sentimientos que Flaubert escribió en 1842 y la editorial Impedimenta reeditó hace justamente un año, el joven protagonista, en el curso de un paseo campestre, reflexiona sobre la prostituta que lo inició en los secretos de la carne. Mientras disecciona la pasión y el sufrimiento asociados al amor, pasea por los prados vacíos y observa el temblor de las hojas cuando el cielo crepuscular aún conserva un tinte rojizo. Ya sé que no soy un Flaubert, pero también amo el otoño y pienso que es una estación apropiada para los recuerdos, idónea para saborear detenidamente algún detalle del terreno en el que entrenamos.

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Primera entrega de esta serie de advertencias y recomendaciones para corredores Aviso para corredores (I) Aviso para corredores (I) correr22
Primera entrega de esta serie de advertencias y recomendaciones para corredores

Ya hace algunos domingos que, tras un pequeño calentamiento en el gimnasio, realizo rodajes de hora y media, empezando bastante lento para ir de menos a más. A menudo atravieso el Sector 3 de Getafe hasta Arroyo Culebro, un eje urbanístico colindante con Leganés, para llegar hasta el Parque de Polvoranca. Se trata del auténtico pulmón verde del suroeste metropolitano, 150 hectáreas donde, con un poco de imaginación, puedes llegarte a creer que estás muy lejos de la ciudad. A ciertas horas, cuando la niebla rasea, las ruinas de la iglesia de San Pedro confieren a esa zona del parque un aspecto fantasmagórico muy apropiado para ambientar una novela de terror.

Caminos de tierra

Pero de vez en cuando me gusta variar los recorridos, explorar un poco la árida meseta castellana para descubrir nuevas pendientes o, tal vez, alguna recta ideal para hacer esprints. El asfalto, ese gran invento que facilita sobremanera los desplazamientos rodados, no es precisamente mi mejor aliado. Carga mucho las piernas y, aunque acostumbra a ser la superficie de la mayoría de las carreras en las que participo, siempre que puedo entreno en caminos de tierra, sendas perfectamente dibujadas o, si es necesario, campos que me obligan a sortear piedras y matojos.

Llanos y pendientes

Una de las mejores opciones si no quiero llegar hasta Polvoranca son los campos que se extienden entre la M-50 y el Hospital Universitario de Getafe, poco transitados y con un perfil en el que los llanos se combinan a partes iguales con pequeñas pendientes. Correr siempre al mismo ritmo pronto conduce al estancamiento y una de las mejores formas de evitarlo es tener un buen plan y asegurarte de que la ruta elegida sea lo suficientemente variada y, aunque no quieras, te obligue a cambiar el ritmo.

Pasos efímeros

Siguiendo este recorrido, abundante en tierra negra, charcos y algún conejo asustadizo, he descubierto el tanatorio de Leganés, un espacio que siempre me llena de inquietud pero también me ayuda a reflexionar sobre lo efímero de nuestro paso por la vida. Casi siempre me cruzo con algún coche de la funeraria que, atentamente (el conductor, claro), me cede el paso como diciéndome: “Anda, sigue corriendo un poquito más, todavía no vas a palmarla”. Pasado el tanatorio viene una cuesta hacia abajo y luego otra hacia arriba, en dirección a un enorme depósito de agua que ofrece espléndidas vistas de Madrid, Getafe, Leganés e incluso Fuenlabrada. Quizá se divisa alguna ciudad más, pero a pesar de que llevo gafas no soy capaz de distinguirla. Un día de estos tendré que acercarme al oculista.

Dos carteles

De todas formas, mi miopía no me impide distinguir dos carteles que siempre me acompañan en la bajada del depósito al lago artificial del Sector 3, o en la fuerte subida que supone hacer el recorrido a la inversa. Los incluiré bajo la denominación genérica de Aviso para corredores y, dadas las palabras que llevo escritas en este post y lo que me queda por comentar, optaré por hablar de ellos en dos partes más.

  1. Si fuera Madame Bovary te preguntaría por qué no hablas de mi en vez de esa prostituta. Pero no lo soy y me interesa más lo que ponen los carteles.

  2. Para mi, correr sobre asfalto es una necesidad, correr sobre tierra, un placer. No quiero decir con esto que no disfrute corriendo sobre asfalto, pero muchas veces se hace por obligación, la obligación de salir a entrenar que a veces nos tenemos que auto imponer en momentos de duda o pereza. Correr por el monte, puede ser mas duro, la subidas son mas empinadas, las bajadas mas peligrosas, pero el contacto con la naturaleza lo compensa todo.

  3. Aupa Josep!! Yo tambien corro por Getafe y tengo mis rutitas hechas a tal fin. Es difícil encontrar sitio para tiradas largas y que sean sin asfalto. ¿no vas nunca al cerro de Los Angeles? Allí hay un gran ambiente de atletismo y corredores. Lo que cuentas en tu entrada me ha dado ideas para cambiar las rutinas de lugar y explorar sitios nuevos. Así que espero ir al Tanatorio corriendo antes que muerto.
    Un saludo

  4. Jajaja Xènia. Algún dia hablaré de ti, quiero decir de Madame Bovary, ya lo verás.

    Coincido completamente contigo, Antoni. No hay nada comparable a correr por el monte.

  5. Maelvolo, acabo de ver tu mensaje. La verdad es que nunca he ido a correr al cerro, tendré que probarlo. A ver si nos vemos algún día por el tanatorio corriendo antes que muertos.

  6. Acabo de ver tu blog y no me puedo creer que ya este descrito practicamente la mayoria de los circuitos que hago
    Un saludo JOSEP

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