Corredores generosos

A simple vista, la generosidad no es algo común, y menos en los tiempos que corren. Sin embargo, estoy convencido de que la mayoría de los atletas populares son generosos, magnánimos, capaces de dar mucho más de lo que cualquiera esperaría de ellos. No hablo, por supuesto, de dinero, ni de nada trasladable al terreno económico, sino de su esfuerzo, de sus ganas de entregarse, de su pasión por correr.

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La generosidad del corredor de fondo

Cualquiera que pretenda sentirse a gusto debe poner de su parte. Si nos limitamos a contemplar lo que ocurre delante de nuestras narices, a nuestro alrededor, en nuestro entorno más inmediato o, ahora que vivimos en la era de internet, en cualquier rincón del planeta, dejaremos las puertas abiertas al bienestar, sí, pero, también a la otra cara del asunto, al malestar.

Perseguir el bienestar

Lo atractivo de vivir, creo yo, no es dejarte gobernar por los acontecimientos, sino poner de tu parte para dirigir en alguna medida, por pequeña que sea, la dirección de tus pasos o, si nos ponemos grandilocuentes, el rumbo de tu destino. Y esto es algo que los corredores populares han, hemos, entendido bastante bien. O quizá no lo hemos entendido, pero por lo menos intuimos que parte de nuestra felicidad depende de nosotros mismos, que el simple hecho de correr puede servirnos para marcar unas pautas, unas actitudes, que al fin y al cabo no persiguen nada más (ni nada menos) que nuestro bienestar.

Correr con sentido

Desear correr es algo muy sano, sobre todo porque la mayoría (nunca hay que olvidarse de los enfermos, de los que no pueden ni andar, de la gente que sufre graves problemas físicos) podemos conseguirlo de inmediato. Para los profanos puede parecer una tontería, ganas de cansarse o perder el tiempo, pero los amantes del running sabemos que correr nos da placer y, de alguna forma, también da sentido a nuestras vidas.

Acción y placer

Tal vez por ello somos tan generosos cuando se trata de enlazar zancadas. Sabemos que a pesar del cansancio nos proporcionarán un bienestar físico y mental difícilmente alcanzable por otros medios. Sabemos que tras el deseo viene la acción y, después, el placer. Y, más importante aún, sabemos que conseguirlo depende únicamente de nosotros, de nuestro esfuerzo y voluntad, de nuestras ganas de correr. Puede que correr no dé la felicidad, pero sin duda nos acerca a ella, nos ayuda a sentirnos mejor mientras derrochamos energías con una de las actividades que nos resultan más agradables.

  1. Cualquier persona que es capaz de sacrificarse por hacer algo que no le va a dar ningún beneficio económico, creo que es probable que sea generoso. El ambiente que se respira en las carreras, me lo confirma.

  2. Josep Pastells 29 Julio 2009, 19:20 pm

    Tienes toda la razón, Antoni. En este tipo de pruebas se respira generosidad.

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