Correr en Banyoles (I)

Ya quedan menos de tres semanas para el Maratón de Barcelona y, por lo tanto, estoy llegando a la parte final de la preparación. En principio no tenía programado ningún rodaje de más de dos horas, pero mi amigo Antoni Rigol me remarcaba una y otra vez que sería muy conveniente correr 25 o 30 kilómetros antes de la cita del 1 de marzo y no acababa de decidirme entre esta posibilidad o repetir por mi cuenta un medio maratón, a ver si conseguía bajar de una vez de los cien minutos y encaraba con mayor optimismo mi reto en la Ciudad Condal. El domingo pasado por la mañana, mientras conducía hacia Banyoles, lo único que tenía claro era que correría cerca del lago.

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Correr en Banyoles es una maravilla para los sentidos Correr en Banyoles (I) Correr en Banyoles (I) correr en banyoles1
Correr en Banyoles es una maravilla para los sentidos

Faltaba poco para las nueve y aún no había tomado una decisión. Tras aparcar el coche en la zona de picnic del parque de la Draga, comprobé aliviado que la mañana sería soleada y me bastaría una camiseta de manga larga. Era imposible no entretenerse observando el paisaje, el perfil suave de las montañas cercanas y los Pirineos nevados al fondo. Correr en Banyoles siempre ha sido un privilegio, algo más cercano al ocio que al esfuerzo, pero en esos momentos mi mente se debatía entre la media y el rodaje largo. Justo al lado de la zona de picnic hay una pista de atletismo, de tierra, perfecta para cronometrar mi entrenamiento. Y la vuelta al lago, siete kilómetros clavados, también ofrecía enormes alicientes. ¿Qué hago?, ¿qué hago?, me preguntaba mientras daba saltitos junto al coche.

Solución intermedia

Opté por una solución intermedia, o potencialmente intermedia. Primero correría la media maratón en la pista y después, si me quedaban fuerzas, daría una vuelta al lago. Si lo conseguía serían 28 kilómetros, una distancia ya muy cercana al temido muro del maratón que me daría una idea muy aproximada de mi estado de forma.

Mucha suerte

Siempre había pensado que, como la mayoría de las pistas de atletismo, la del parque de la Draga mide 400 metros y, en consecuencia, estaba dispuesto a completar 53 vueltas. Hubiera preferido tener toda la pista para mí, pero había un atleta, ya veterano, que sumaba zancadas a un ritmo ligeramente inferior al mío. Cuando me situé a su lado para adelantarle aproveché para preguntar: “Esta pista mide 400 metros, ¿no?”. Jadeante, me respondió “No, no, qué va, sólo 330. Mide 330 metros”. Le di las gracias y, también, agradecí al cielo un encuentro que, de no haberse producido, hubiera desembocado en unos registros sospechosamente buenos para mí.

Ritmo de crucero

Tras completar la primera vuelta ya había calculado que tendría que dar 63 más, es decir, once más de las previstas. En otras circunstancias lo podría haber encajado como una mala noticia, pero en esos momentos me sentía afortunado. Mi objetivo era encontrar un ritmo de crucero, a poder ser inferior a los 4 minutos y 42 segundos por kilómetro, para mejorar mi récord de la madurez, ese 1.39.50 conseguido en 2008 en Getafe y que este año no pude mejorar pese a intentarlo contra viento y marea.

Correr y contar

Días atrás, cuando le comenté a mi amigo del hierro que estaba dándole vueltas a la idea de correr la media maratón en la pista, me hizo ver que tal vez sería un poco agobiante, pero le recordé que el año anterior había hecho algo bastante peor: 211 rectas, con sus giros correspondientes, en un campo de fútbol. Teniendo en cuenta ese precedente, la pista era mucho mejor, ya que me ahorraba los giros y podía ir bastante más rápido. Sólo tenía que preocuparme de correr y contar.

  1. Sólo por foto me cuesta soportar tanta belleza como la de Banyoles. Recuerdo cuando estuvimos allí y me dejó pasmado la calma que se respiraba.

    Se atisbaba la historia que se podría montar con un piraguista de Cambridge como excusa. Pero lo que está claro es que un entorno fantástico para ganar confianza con vistas al gran reto que originó estos cuadernos. Máxime si lo haces en compañía de tus amigos de toda la vida.

    Para terminar, quería propnerte un reto: ¿Por qué no le das un toque mestizo al blog e incluyes algún diálogo en tu lengua materna, uno que esté inspirado en tus vivencias como agonístico en Girona?

  2. Calma y belleza. Tienes razón, Pedro. Banyoles es capaz de seducirte en cualquier época del año, y si de paso puedes contemplar a fornidos remeros británicos mejor que mejor jejeje.

  3. Yo también recuerdo esa visita, Pedro, y muy especialmente ese 21 junto al lago. Con Hugo y Pol. Gané yo, ¿no? Jejeje. La historia del remero de Cambridge es una de las 5.000 que estoy sopesando para escribir de una vez la gran novela sobre Banyoles, pero mientras llega ese momento me conformaré con acumular ideas e imágenes. ¿Un diálogo en catalán? Por mí ningún problema, todo lo contrario. Deja que lo piense y un día de estos lo coloco en algún post.

    Remeros británicos, rusos, alemanes y de muchos sitios más, Xènia. En sus países hay muchos lagos como éste, pero ninguno con tan buen clima.

  4. Me encataría, en estos momentos, estar paseando por ese paisaje bucólico del lago de Banyoles y recorrerle hasta que viera a la luna.

  5. Me apunto, Inés.

  6. Correr una media maratón en una pista, puede parecer aburrido y agobiante como dice tu amigo de hierro, pero peor lo tienen en Terrassa, que hacen una carrera de 100 Km. Teniendo en cuenta el entorno, el único problema que le veo, es no descontarse en el número de vueltas que llevamos, yo, tendría que ir cargado de piedrecillas e ir soltando una en cada vuelta, incluso así, en varias vueltas seguro que me quedaría con la duda de si havia lanzado o no lo piedrecilla.

  7. En todo caso, Antoni, a medida que aumentara el cansancio irías perdiendo peso con cada piedrecilla que soltaras, lo que tampoco vendría mal.

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