
Correr en la montaña
Correr en la montaña acostumbra a ser menos complicado que hacerlo en la playa. Por lo general, nos encontraremos con muchos menos obstáculos y podremos manejar sin complicaciones una franja horaria más amplia, aunque lo más sensato y recomendable sigue siendo apostar por las primeras o las últimas horas del día.
Contacto con la naturaleza
Como ocurre en la playa, y quizá aún con mayor intensidad porque la presencia humana acostumbra a ser bastante menor, correr en la montaña equivale a aproximarse a la naturaleza, a entrar en contacto con un territorio que, por muchas variaciones que haya experimentado, suele ser muy parecido al que pisaron nuestros antepasados. Es un decir, claro, puede que nuestros antepasados concretos no pisaran jamás esa montaña, pero hablo en general, hablo de los humanos.
Rodajes distintos
Da igual. Lo importante es que la montaña sigue existiendo y los runners que nos encontremos en ella de vacaciones tenemos a nuestro alcance la posibilidad de realizar algún rodaje distinto a los habituales, salirnos un poco de
nuestro plan. A diferencia de la playa, no recomiendo que nadie vaya descalzo, pero sí que escojáis los caminos de tierra y evitéis en lo posible los de asfalto. Seguro que aun así habrá multitud de pequeñas piedras, pero vuestros pies os lo agradecerán.
Muchas opciones
La montaña ofrece muchísimas posibilidades y permite todo tipo de rodajes. Como se supone que estamos de vacaciones, lo mejor es tomárselo con calma y optar por trotes lentos y placenteros que nos permitan tonificar los músculos sin someterlos a mayores exigencias. Sin llegar a emular a los atletas de élite que buscan circuitos de altura con la intención de oxigenarse y mejorar su rendimiento posterior, sí que podríamos tomárnoslo como una pequeña pretemporada que nos fuera preparando para los retos que nos esperan. Sólo es una idea, tranquilos.
Cuestas de todo tipo
Puestos a pensar en clave práctica, la montaña ofrece una ventaja indiscutible y evidente si queremos someternos a un entrenamiento distinto y, quizá, un poco más duro que de costumbre. Me refiero a las cuestas. Cortas o largas. Con pendientes terroríficas o inclinaciones soportables. A la sombra o al sol. La variedad acostumbra a ser muy grande y vuestras opciones de elegir saldrán beneficiadas. Aprovecharlo o no ya es una decisión personal, pero la montaña os invita a subir y a bajar, a
correr por senderos que nunca se acaban mientras sentís que sois una pieza clave del universo.