Correr lejos de las manadas: un canto a la libertad

Sé lo que cuesta vencer la resistencia de la pereza, levantarse de madrugada o robar tiempo al tiempo para hacer lo que el escritor Carlos Lapeña define, no sin ciertas dosis de sarcasmo, como carreras que no llevan a ninguna parte o, siendo estrictos, llevan al punto de partida, que es como decir que no llevan a ningún sitio. Pero, por mucho que Lapeña tenga parte de razón, lo cierto es que ya no podría vivir sin correr, sin diseñar programas de entrenamiento que, si soy capaz de seguirlos, sé que me conducirán al territorio del bienestar.

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La soledad del corredor Correr lejos de las manadas: un canto a la libertad Correr lejos de las manadas: un canto a la libertad corredorsoloMás de una vez, al correr en medio de una oscuridad tan profunda que hasta un caniche que ladrara de improviso me hubiera hecho aullar de terror, me he preguntado “¿qué coño estoy haciendo aquí cuando podría estar en la cama?”. También me pregunté algo parecido en la pasada edición del Mapoma, especialmente a partir del kilómetro 35, cuando las fuerzas flaqueaban y buena parte de mi ser suplicaba a mis piernas que lo dejasen ya, que se unieran a la multitud de cadáveres que habían dejado de correr.

Pero si alguna ventaja tiene este deporte es que, salvo agresiones, accidentes u otras circunstancias desagradables poco habituales, las piernas siguen moviéndose mientras el cerebro (o el espíritu o, ya puestos, los cojones) les ordenan que se muevan. La fortaleza mental es básica, no hay duda, pero no nos llevaría a ninguna parte sin un entrenamiento adecuado.

Una prueba larga y compleja

Hasta el próximo lunes no iniciaré el programa de 17 semanas que debería permitirme acudir al Maratón de Barcelona (1 de marzo) con fundadas esperanzas de bajar de las cuatro horas, pero podría decirse que ya llevo más de un mes preparando mi cuerpo para lo que le espera y pienso relatar diariamente en este blog. Un palizón, desde luego, aunque sin aproximarme en ningún caso, o en eso confío, a la agonía.

El maratón es una prueba tan larga y compleja que puede ocurrir de todo y lo mejor que podemos hacer es entrenarnos a conciencia, sin dejar espacio a la improvisación. Sería muy interesante, por ejemplo, leer con detenimiento los dos artículos que Günther Ketterer ha dedicado recientemente a los principios básicos para afrontar una carrera  de este tipo. No se trata sólo de mejorar la resistencia. También nos conviene trabajar la fuerza, la velocidad y la flexibilidad, sin olvidarnos nunca del acondicionamiento psíquico, una preparación mental que nos asegurará llegar a la competición en condiciones óptimas.

Sensación de libertad

Desde mi punto de vista, una de las grandes ventajas de correr es que te permite sentirte libre. Aunque sea para pegarte madrugones para correr –como comentaba el otro día Pedro Fernaud–, trotar en plena nevada o perderte en un bosque a la misma hora en que casi todos están viendo, no sé, la final de la Copa del Mundo de fútbol. Puede que sea una libertad ficticia, encuadrada siempre en los límites que nos impone la sociedad en la que nos ha tocado vivir, pero me seduce sobremanera la idea de alejarme de las manadas, de los rebaños de ovejas que tanto complacen al poder financiero y económico.

Ya sé que todos formamos parte en algún momento de la masa y nos comportamos como uno más entre miles o millones, que incluso algunas carreras populares o maratones podrían considerarse un evento multitudinario en el que todos los participantes hacen más o menos lo mismo, pero nadie podrá arrebatarme (a menos que me peguen un tiro, me atropellen o algo por el estilo) la sensación de que, al entrenar, corro por donde yo quiero a la hora que quiero.

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