Del ingenuo salvaje al solitario corredor de fondo (I)

Cuenta Romà Gubern en su Historia del Cine que a finales de la década de los 50 del siglo pasado, cuando la compañía británica Hammer Film compró a la Universal americana los derechos para resucitar a sus viejos monstruos (Frankestein, Drácula y la momia, entre otros) y consiguió volver a los días de largas colas en las puertas de los cines, un grupo de jóvenes airados aglutinado en torno al crítico Lindsay Anderson contraatacó creando el movimiento independiente del Free Cinema. Es fácil que los corredores nos sintamos identificados con unas producciones que, a partir de la insatisfacción con la sociedad en la que vivían, revitalizaron la tradición documental y crearon películas tan memorables como La soledad del corredor de fondo, dirigida en 1962 por Tony Richardson e inspirada en un cuento de Alan Sillitoe.

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Los grandes momentos de soledad son, en realidad, lo más parecido a la libertad Del ingenuo salvaje al solitario corredor de fondo (I) Del ingenuo salvaje al solitario corredor de fondo (I) corredorsolo
Los grandes momentos de soledad son, en realidad, lo más parecido a la libertad

Pero para ser justos, y siempre de acuerdo con el criterio de Gubern, puede que la obra cúspide del Free Cinema y de su sombría visión de la sociedad británica, tan alejada de las comedidas y conformistas fórmulas victorianas, sea El ingenuo salvaje, dirigida también en 1962 por el propio Lindsay Anderson y basada en la historia de un minero que llega a convertirse en un exitoso jugador de rugby. Claro que las apariencias engañan y tras su fachada triunfante se esconde una íntima frustración que pone de manifiesto el estrepitoso fracaso de la sociedad de consumo y destroza todos los tópicos sobre la próspera y educada Inglaterra.

Leamos a Sillitoe

El escritor británico publicó en 1958 una colección de historias bautizadas como La soledad del corredor de fondo, un nombre genérico que también daba título al relato que cuatro años después desembocó en el film de Richardson. Es una narración muy intensa y no me resisto a reproducir un fragmento en boca del narrador y corredor, Colin Smith: “Luego dobló metiéndose por una lengua de árboles y matojos donde ya no le pude ver, ni pude ver a nadie, y entonces conocí la soledad que siente el corredor de fondo corriendo campo a través y me di cuenta que por lo que a mí se refiere esta sensación era lo único honrado y verdadero que hay en el mundo, y comprendí que nunca cambiaría, sin importar para nada lo que sentía en algunos momentos raros, y sin importar tampoco lo que me digan los demás”.

¿A quién nos recuerda Smith?

El protagonista del cuento que inspiró la película es un delincuente ocasional procedente de un barrio obrero de Nottingham. Sus dificultades económicas le llevan a robar en una panadería, pero lo detienen y acaba en un reformatorio. Una vez allí, sus aptitudes para los deportes o, mejor dicho, para el running (no es difícil imaginárselo como un gran maratoniano), le permiten ganarse la admiración del director, lo que provoca la envidia y el rechazo de muchos de sus compañeros. Supongamos que nunca hemos robado en una panadería, que jamás nos han detenido ni tampoco hemos pasado parte de nuestra juventud en un reformatorio. Aún así, estoy convencido de que al leer la frase de más arriba, cuando Smith describe sus sensaciones tras conocer la soledad del corredor de fondo sin contar para nada con el apoyo de la ciencia, la mayoría de vosotros, por lo menos si habéis corrido o corréis, os sentiréis identificados con él.

  1. Suscribo ese párrafo , muchacho, el del protagonista del relato original que descubre su particular armonía corriendo. A mi me ocurre sometimes cuando escribo. Sometimes cuando paseo en solitario. Pero no descarto que en el futuro pueda sucederme mientras corro.

    Entretanto, mi felicitación por el trabajo de documentación de este post, insólito en la ventana pastelliana.

  2. Gracias, Pedro. De vez en cuando hay que recurrir a la biblioteca y la videoteca. Pero el esfuerzo merece la pena. Pensaba hacer dos o tres posts sobre este tema, pero creo que al final me saldrán cinco. Espero no hacerme pesado jejeje.

  3. Me apunto a lo que dice Pedro, Quizás si no lo hubieras contado aquí, nunca habría sabido de donde venia lo de “La soledad del corredor de fondo”. Creo que la mayor “soledad”, es afrontar los retos sin contar prácticamente con nadie, solo tu propio esfuerzo.

  4. Así es, Antoni. Podríamos decir que nuestra experiencia como corredores de fondo tiene aplicación en casi todos los ámbitos de la vida, donde el esfuerzo acostumbra a marcar la diferencia.

  5. ¿Y como está tu moral, Josep. en este esfuerzo, que llevas realizando durante ya unas cuantas semanas de escribir a diario este folio informático? Aunque tienes a gente que te seguimos de lejos en tu carrera- en mi caso a varios miles de kilómetros- también me imagino que debe pesar a veces la soledad del escritor de “blogs”.

  6. La verdad, Ramón, es que hay dias que me pregunto qué diablos estoy haciendo aquí y me siento como quien lanza un mensaje en una botella al mar, en Cabo Finisterre, por ejemplo, y no sabe si algún día alguien lo leerá. Por fortuna siempre hay gente que me lee, incluso en las islas afortunadas, y eso me ayuda a no sentirme tan solo y a seguir con esta carrera bloggera. Gracias por tu interés.

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