Días de perros (I)

En el capítulo V de El aliento negro de Dios, la novela con la que Manuel Nonídez obtuvo el I Premio Drakul, cuando el narrador y protagonista acude al lecho mortuorio de Desiderio de Sacramento todos los hombres que le rodean se apartan al verlo llegar. Unos cuantos siglos más tarde, ejércitos de corredores avanzan por todas partes con la extraña sensación de que nadie va a apartarse al verlos llegar, y menos aún si se trata de perros o, por qué obviarlo, de dueños de perros.

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El perro (o su dueño), el peor enemigo del corredor Días de perros (I) Días de perros (I) perro
El perro (o su dueño), el peor enemigo del corredor

Ya hace falta valor para empezar este post recurriendo a una novela ambientada en la sangrienta conquista de México, pero siempre habrá un resquicio para hallar paralelismos, ni que sean remotos, entre las desventuras y miserias de los soldados enrolados en la expedición de Hernán Cortés y los sufridos corredores que un día tras otro se exponen a los ataques de los miles de perros que rondan por ahí. Dicho así parece una exageración y probablemente lo es. No conozco casos de corredores muertos a dentelladas, pero sí unos cuantos de canes que frecuentan parques y jardines y se sienten especialmente atraídos por los amantes del running.

Campan a sus anchas

Olfatear, gruñir, ladrar, saltar y correr son, en un orden creciente que nos llevaría a mordisquear y morder, algunos de los verbos que nos permiten definir la acción de unos perros que por lo general campan a sus anchas y actúan con total impunidad, sin que sus amos hagan o digan nada para persuadirlos de que dejen de molestar a los pobres deportistas. Seamos justos. La mayoría de los perros se limitan a levantar la cabeza, observarte y dejarte pasar sin más. Por fortuna, cuanto más grandes, más tranquilos acostumbran a ser. Estadísticamente, los más belicosos son siempre los pequeños, ejemplares de los que podrías deshacerte sin mayores problemas con un puntapié.

¿Para qué están los dueños?

Pero ya bastante tienes con correr, sobre todo si llevas unos cuantos kilómetros a cuestas, para estar preocupándote de unos animalitos que, al fin y al cabo, no son los auténticos responsables de sus actos. ¿Para qué están los dueños?, ¿para fumar y mirar hacia otro lado?, ¿para decir tranquilo, no muerde? Volviendo a la estadística, admito que la mayoría de las veces la gente es responsable y los sujeta al verte pasar, pero también es cierto que hay muchas, demasiadas, excepciones. Y cuando empiezas a estar agotado no hace ninguna gracia que un perro, sea del tamaño que sea, empiece a correr a tu lado, gruñendo desaforadamente y, en muchos casos, mordisqueándote las zapatillas. Por favor, señores, un poco de seriedad. ¿Acaso les molesto yo al pasar?, ¿les gustaría que me detuviera un ratito a su lado mientras emito sonidos guturales y de paso, no sé, les doy algún cachete suave en las mejillas?

Habrá más

He iniciado este post con la intención de acabarlo de un tirón, pero creo que el tema da para bastante más, porque la Ley de Murphy para corredores también incluye a los perros y me gustaría relatar un caso real (nada grave, una anécdota que creo que a mi amigo Antoni le sonará) y ofrecer algunas sugerencias para evitar los problemas con los canes o, por lo menos, estar preparado para afrontarlos. Así pues, habrá más días de perros.

  1. Siempre me han dado miedo los perros, supongo que todo me viene de cuando tenía cinco años que me mordió uno. Acababa de llegar a mi pueblo con mis padres, cuando el viaje era de seis horas, el perro de mis vecinos siempre estaba en la puerta de mi casa y no le gustaba que nadie corriese a su alrededor, yo lo hice sin acordarme de esto, y me clavó sus dientes con tanta fuerza que no paré de llorar hasta el día siguiente.

    Ahora deduzco que algunos perros no quieren competidores, y lo viven como una provocación a la que dan una respuesta con sus afilados incisivos.

  2. A mí no es que me den miedo, Inés, pero siempre hay que ir con cuidado. Me han mordido más de una vez y eso deja huella, ya lo sabes. Pero tampoco hay que cogerles manía. Nunca es bueno generalizar, tampoco con los perros. Gracias por tus comentarios, veo que hoy has hecho un buen repaso de los últimos posts jejeje.

  3. Los perros…………..

    A mí hay una frase que me hace mucha gracia de los dueños de perros: TRANQUILA, ESTE PERRO NO MUERDE.

    Intuyo que lo que querrá decir es que nunca ha mordido (todavía). Ya me imagino yo solita que no muerde, porque estaría bueno que lo sacara a pasear si hubiera mordido a alguien, pero eso no significa que no lo vaya a hacer, es un PERRO, así que no voy a estar TRANQUILA.

  4. Vaya, Ana; veo que los perros te hacen tanta gracia como a Inés. Y si cada vez que sales a pasear te cruzas con unos cuantos perros no es para estar muy tranquila. Menos mal que nunca te han mordido… ¿verdad?

  5. A mi sólo y de vez en cuando lo que me ha mordido ha sido “la perrina”. Jajaja

  6. Tendré que esperar a mañana, para leer esta anécdota que dices va a sonarme, sobre corredores y perros. A mi, me han mordido varias veces, pero siempre he tenido suerte, y no se han ensañado conmigo, pero tengo amigos y conocidos, que han tenido peor suerte. Yo me llevo bien con ellos, les hablo de forma cariñosa, y si se acercan con buenas intenciones, me paro y les doy un par de caricias, si vienen ladrando, me agacho, hago como que recojo una piedra i les insulto, generalmente surge efecto y se van. Mi amigo Juan, lo pasaba mal con los perros, y a veces podíamos in cinco o seis corriendo, que si salía un perro, se iba directo hacia el, no me preguntéis por que.

  7. Tratándose de la perrina no hay que preocuparse, Ana. Acostumbra a curarse bien. ¿O no?

    Bueno, Antoni, igual no te acuerdas, la conté una vez en mi blog en catalán. Yo tampoco puedo quejarme, porque me podría haber ido mucho peor, pero sí que me han mordido varias veces; eso sí, un solo mordisco. Hay gente, es cierto, que parece haber nacido con el don (es un decir) de provocar la furia de los perros.

  8. Seguramente conoces, Josep, algún perro que desmiente eso que acabas de decir de que cuanto más grandes más tránquilos y al que tampoco se le puede aplicar lo que se suele decir de algunas personas de que con el tiempo se suaviza el carácter…
    Hoy creo que añades una nueva vertiente a este blog ya que además de gestas de corredores se habla de “educación ciudadana”, la cual, desgraciadamente, no abunda mucho en estos tiempos que “corren”

  9. Sí,Ramón, creo que también se dan casos de ese tipo, pero la verdad es que, hasta donde alcannza mi experiencia, son excepcionales. Perros grandes y feroces, cuanto más viejos más gruñones, sí, alguno conozco. ¿Tú también?
    Mi idea era abrir multitud de vías en el blog, pero la verdad es que no lo tengo muy planificado. Va saliendo sobre la marcha y, por supuesto, se admiten sugerencias. Tienes razón en lo de la falta de educación. Más que no abundar, podríamos decir que la educación ciudadana brilla por su ausencia. Con notables excepciones, por supuesto.

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