Días de perros (III)

Cualquier día de estos hablaré con más calma de La soledad del corredor de fondo, la memorable película dirigida en 1962 por Tony Richardson, pero hoy seguiré una de las posibles ramificaciones de este título para centrarme un día más en los perros. Soy de los que piensan que son el mejor amigo del hombre, pero debemos estar preparados para entender que en ciertas ocasiones pueden convertirse en uno de nuestros peores enemigos. Por una vez, me olvidaré de las anécdotas para ofrecer una serie de recomendaciones que espero sean útiles en caso de necesidad.

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Cosas que debes y no debes hacer cuando te encuentres con un perro Días de perros (III) Días de perros (III) plandecarrera2
Cosas que debes y no debes hacer cuando te encuentres con un perro

Por cierto, lo del faldero del otro día, mi segunda entrega de Días de perros, es una de las típicas historias más o menos divertidas que podrían inspiraros para contar alguna vivencia personal o escribir un relato con el que presentaros al I Premio Literario de Maraton.es. Ya sabéis que los tres premios en juego son tentadores y, además, muy prácticos para los aficionados al running. Pero ahora no quiero contaros ningún cuento, sino recordaros que, por poco habituales que sean, los ataques de canes son una posibilidad nada descartable para la que hay que estar lo mejor preparados posible.

Animales territoriales

Los perros tienden a defender sus dominios y, en consecuencia, la primera norma a tener en cuenta es no adentrarnos en su territorio o, si lo hacemos, salir de él lo antes posible aunque queramos alimentar la mística del corredor indestructible. En la inmensa mayoría de los casos, el perro se conformará con vernos huir y se quedará ladrando en el límite de la parcela que está protegiendo. Si oímos ladridos, lo mejor es dedicar unos segundos a averiguar de dónde proceden y si constituyen una amenaza real. Si además logramos ver al perro en cuestión y resulta que está desatado, lo más sensato es dar un rodeo. Os lo digo por experiencia.

En la boca del lobo

Pero ocurre que muchas veces no tenemos tiempo de reaccionar o, simplemente, nos encontramos con un perro que no está en su casa y, como nosotros, corre por un espacio público, él en compañía de su amo. En este segundo caso, lo mejor es seguir trotando como si nada, sin cambios de ritmo ni paradas que puedan poner nervioso al animal. Lo lógico es que, tarde o temprano, el dueño lo acabe llamando y nos deje en paz. Otra cosa muy distinta es si nos hemos metido de lleno en la boca del lobo o de algo muy parecido a un lobo. Si es así, procurad haceros con una piedra, un palo o cualquier objeto contundente. Los puños también pueden servir, pero de eso ya hablaré en la cuarta parte de esta serie.

Malas intenciones

No dejéis de observar su cola. Si no la mueve, es casi seguro que sus intenciones no son nada buenas. Lo mejor es no anticiparse y esperar a ver cómo reacciona, pero jamás hay que bajar la guardia. Si se acerca mucho, levantad el palo o la piedra. Y hablad en tono autoritario, mostrando seguridad. Lo más probable es que el perro retroceda. Si no lo hace, las cosas empezarán a ponerse feas y no nos quedará más remedio que defendernos. Mañana os cuento cómo.

  1. Muy acertados los consejos antiperro.
    Una vez, oí que en ingles, dicen que los peligros del corredor, son las tres “D”, “disease, drivers and dogs” (enfermedades, conductores y perros)

  2. Gracias, Antoni. Creo que la triple D da en el clavo. Sigues dándome buenas ideas para futuros posts.

  3. Ya tengo ganas de saber qué hacer si el perro no se va.

  4. Bueno, Xènia, mañana diré algo sobre eso. Ojalá todo se quede en la más pura teoría.

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