Días de perros (IV)

Nos enfrentamos a la peor de las situaciones. No hay ningún sitio para guarecerse, ni la más mínima esperanza de que aparezca el dueño o alguien que pueda ayudarnos. Estamos solos frente al peligro: un perro muy enfadado se dispone a atacarnos. Por muy pacifistas que seamos, no podemos permitir que nos funda a dentelladas. Vamos a defendernos.

Compartir...Share on Facebook0Tweet about this on TwitterPin on Pinterest0Share on Google+0Share on LinkedIn0
Hay perros que se crecen y nos pueden suponer un verdadero problema Días de perros (IV) Días de perros (IV) tigre
Hay perros que se crecen y nos pueden suponer un verdadero problema

Por grande que sea o por muy poderosos que nos parezcan sus dientes, tenemos que estar convencidos de que nosotros somos más fuertes que el perro. Y también más inteligentes. No habrá ningún cartel del estilo de los de Aviso para corredores. Todo ocurrirá de improviso, casi sin tiempo para pensar. Aunque no se trate de una situación agradable, tenemos que estar concentrados y saber que lo único que hacemos es defendernos, que él se lo ha buscado. Será difícil que no acabemos ensangrentados, pero nuestro principal objetivo es vencer, pase lo que pase con el contrincante.

Casos prácticos

Vayamos a lo más normal. Un perro nos muerde en uno de los brazos, pongamos que en el derecho. Da igual que no seamos zurdos. Con el canto de la mano izquierda le propinaremos un golpe seco y contundente en el hocico. La fórmula es clara. Permitiremos que nos haga daño (aunque intentemos evitarlo, será complicado que lo consigamos), pero nuestro contraataque lo dejará grogui o por lo menos le disuadirá de que nos deje en paz.

Contra un perrazo

Un caso más peliagudo. Un perrazo consigue derribarnos. Por inercia, colocará sus patas delanteras sobre nuestro pecho. Todo indica que no está jugando, que le gustaría hacernos picadillo. ¿Cómo reaccionamos? Juntaremos las piernas a toda velocidad bajo su cintura y practicaremos bruscamente la tijera. Golpes rápidos y fulminantes que, teniendo en cuenta que los perros casi no tienen musculatura en la zona lumbar, lo dejarán fuera de combate o acabarán con él por una hemorragia interna.

Como un oso

Otra posibilidad no tan remota es que, al atacarnos, el perro se levante como un oso y coloque las patas delanteras sobre el pecho. Si fuera un oso de verdad no tendríamos nada que hacer, pero es sólo un perro. Valiéndonos una vez más de nuestra rapidez de reflejos, levantaremos los brazos hacia arriba y lanzaremos las puntas de los dedos contra su garganta. Como siempre, con todas nuestras fuerzas. Es poco probable que nos lo carguemos, pero casi seguro que nos dejará tranquilos.

Casos extremos

No sé si es necesario insistir en que nada está más alejado de mis intenciones que fomentar el salvajismo o la brutalidad. Nuestro lema siempre será Sólo quiero correr. No vamos a emprenderla a golpes con un caniche porque nos está ladrando desde hace medio minuto, ni convertiremos a cualquier doberman o pastor alemán en un enemigo por el simple hecho de que aparezca en nuestro campo visual. Las circunstancias y el sentido común nos indicaran cuál es la situación y cuáles son las opciones a nuestro alcance. Lo mejor es no involucrarse en ninguna reyerta. Si lo hacemos será porque no nos queda más remedio y corremos un peligro real e inminente. La mayoría de los corredores nunca tendrán que vivir episodios de este tipo, pero nunca está de más saber cómo afrontarlos, ni que sea desde la teoría.

  1. Jajaja Josep! Cuando dabas consejos para defenderte de los perros no imaginaba que acabaras luchando con tigres y osos. Eres un tarzán urbano.

  2. Muy buenos los consejos, pero la verdad, espero no tener que poner en práctica nunca todo este manual de defensa personal, aunque intentare memorizarlo por si acaso. Para mi, el mejor consejo, es no salir corriendo, sino que hay que pararse, encararse a el, y hacerle creer que no le tenemos miedo, simulado que vamos a golpearle con algo o que tenemos una piedra y se la vamos a lanzar. Cuando mas miedo pasé, fue un día que no estaba corriendo, estaba trabajando, iba andando por una urbanización de estas que entre semana no vive nadie, pero en todas las casas había perros ladrándome, se me acercó uno que estaba en la calle, y creí que aquel día me mordería de verdad, me encaré a el (aunque muerto de miedo) y el sin dejar de amenazarme, fue retrocediendo poco a poco sin darme la espalda.

  3. Qué más quisiera yo, Xènia. Sobre el papel todo parece muy fácil, ¿verdad?

    Tienes razón, Antoni. La clave es que no detecten nuestro miedo, que nos crean capaces de todo. Si salimos corriendo está claro que admitimos su superioridad y es mucho más fácil que nos muerdan.

  4. yo creo que lo mejor es correr y correr imaginaos hacer la maraton de barcelona con un pitbul a punto de morderte el trasero estoy seguro que bajarias de las 4 horas.

  5. Jejeje Santi. Puedo imaginármelo, pero sería muy estresante, ¿no? De todas formas,espero no tener que recurrir a ningún perro feroz para bajar de las cuatro horas en Barcelona.

  6. Llevar un chuletón fresco en la bolsa de avituallamiento también suele resultar. Pero no olvideis cambiar el chuletón cada 3 días si no se ha usado.

  7. Jajaja elhijodelchato. Lo intenté alguna vez, pero el chuletón acababa comiéndomelo yo a medio camino.

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR