El arte de correr (III): el sentido de lugar

Soy consciente de que dividir el arte de correr en diversos aspectos es algo un tanto artificial, porque en realidad todos están interconectados y dibujan un panorama de lo más complejo, pero sigo empeñado en hablar de particularidades que, a mi entender, enriquecen la perspectiva de los corredores. Me refiero, por supuesto, a los que además de acumular kilómetros son capaces de fijarse en el panorama siempre variable que se abre ante sus ojos. Si es así, es más que probable que con el tiempo hayan adquirido el sentido de lugar, la capacidad para distinguir los aspectos peculiares de los sitios por los que corren.

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No todos los corredores captan la esencia de los lugares El arte de correr (III): el sentido de lugar El arte de correr (III): el sentido de lugar no todos los corredores captan la esencia de los lugares

No todos los corredores captan la esencia de los lugares

El sentido de lugar es menos frecuente de lo que parece. Muchos corredores de fondo se limitan a cubrir determinados trayectos, casi siempre los mismos, sin saber casi nada de ellos, exceptuando quizá que se trata de una urbanización, un bosque o una zona industrial. Si quisieran, podrían captar perfectamente las singularidades de esos circuitos, pero no dedican ni un segundo de su tiempo a mejorar la intensidad de los detalles visuales que perciben.

Fijarse o no fijarse

No les culpo. Bastante hacen con salir a correr y cuidar su cuerpo y su mente, aunque sea debatiéndose una y otra vez con los problemas de la vida cotidiana o con otros más gordos que tarde o temprano nos asaltan a todos. Estos atletas poseen un cierto sentido de lugar, pero nunca tan acentuado como el de los que, animados quizá por circunstancias más favorables o, simplemente, más proclives a fijarse en todo, conocen a la perfección los circuitos que pisan.

Descripciones precisas

Hablo de gente que, si fuera necesario, sería capaz de describir sus recorridos con la precisión que Dickens exhibe en cualquiera de sus novelas. Mientras los menos atentos se limitarían a hablar de un polígono industrial medio abandonado, ellos comentarían que las fachadas de muchas naves amenazan ruina, con muros derruidos que parecen vacilar a su paso, chimeneas destruidas a punto de caer, ventanas protegidas con barrotes de hierro oxidados… Es un ejemplo que tiende a la desolación, pero no tiene por qué ser así.

Disfrutar de la belleza

De hecho, una de las principales características de los corredores observadores, capaces de tener un fuerte sentido de lugar, es su capacidad para sobrevivir al maremoto apático y abrir los ojos a la belleza, ya sea de un paisaje sublime o de cualquier otro lugar en el que estén dispuestos a entretenerse. Esta capacidad conlleva por lo menos un par de ventajas. La primera es que acostumbran a disfrutar más de sus salidas. La segunda, que son capaces de recordar lo que han visto, de manera que pueden explicárselo a otras personas o, si se tercia, contarlo en un blog como éste.

Para no aburrir

El sentido de lugar no sólo incluye los paisajes. También da cabida a personas o animales que se cruzan –metafóricamente o no– en nuestro camino mientras corremos y nos ayudan a dibujar con mayor precisión el escenario de nuestras salidas. A menos que corramos por el desierto (aunque esto es discutible: en el desierto también hay vida), siempre encontraremos a nuestro paso elementos suficientes para no aburrirnos y, con suerte, no aburrir a nuestros sufridos oyentes o lectores, suponiendo que los haya, claro.

  1. Un corredor con alma de escritor…Un escritor que corre para curarse de sus fijaciones mentales…Juraría que esta bitácora contribuye a abrillantar tu ya de por sí talentoso estilo.

    La belleza está en la mirada de quien atiende. Y tus dos últimos posts son una buena prueba, Josep. Me quedo con el perro moribundo y la chica indiferente del i-pod como ejemplos de qué es la sugerencia…Felicidades.

  2. Ejem, imperdonable despiste. Muchas felidadeeeeees por esos 43 años tan bien llevados.

    Un abrazo

  3. Todo depende del momento, a mi personalmente me gusta correr por el monte, y observar las plantas, animales, e incluso las piedras, pero muchas veces tenemos que correr de noche y por polígonos industriales, y allí poco hay que ver, lo hacemos puramente para entrenar. De todas maneras, yo el invierno pasado, corriendo de noche por un camino paralelo a una autopista (corro por allí porque el alumbrado de la autopista ilumina ligeramente el camino) tuve el privilegio de ver un cometa. Para muchos será una tontería, pero para mi fue una grata sorpresa que no esperaba, y fue gracias a que salí a correr.

  4. Josep Pastells 23 Abril 2009, 12:15 pm

    Muchas gracias por felicitarme por los posts y la edad acabada de estrenar, Pedro. 43 y subiendo, qué le vamos a hacer.

    Desde luego que debió ser una experiencia fantástica, Antoni. Un cometa mientras corres! Para no olvidarlo nunca.

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