El arte de correr (V): el suspense

Salir a correr acostumbra a ser una actividad programada con mayor o menor antelación que, en general, cumple con nuestras expectativas y nos permite volver a casa a la hora prevista. Pero los corredores más experimentados saben muy bien que nunca se puede dar nada por seguro y que las sorpresas (agradables o desagradables) pueden modificar en cualquier momento el guión previsto. Visto así, cualquier carrera o entrenamiento presenta un cierto componente de suspense que en ocasiones puede concretarse en un auténtico thriller.

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El suspense de lo que nos depara el camino es otro aliciente para salir a correr El arte de correr (V): el suspense El arte de correr (V): el suspense el suspense de lo que nos depara el camino es otro aliciente para salir a correr

El suspense de lo que nos depara el camino es otro aliciente para salir a correr

Una sesión de running puede funcionar también como una narración. Y cualquier narración, sea del tipo que sea, mantiene el interés del público planteándole preguntas y retrasando las respuestas. En el caso de un corredor aficionado que sale a correr una hora o una hora y media por un paraje conocido, lo más normal es que no ocurra nada que interfiera con su rodaje, pero tampoco puede descartarse por completo que alguien o algo le haga entrar en una dimensión más propia de una novela o de una película que de la vida real.

Experiencias estimulantes

Que el paraje sea nuevo o desconocido no significa que tenga que ocurrir algo sorprendente, pero el corredor ya parte con un plus de suspense que nace de su desconocimiento del terreno que pisa. Es fácil, por lo tanto, que a medida que devore kilómetros se vaya preguntando si surgirá algún imprevisto, si le sucederá algo o presenciará una escena impactante que le obligue a intervenir o huir a toda prisa. Estadísticamente, lo más normal es que no ocurra nada y, en consecuencia, casi nunca ocurre nada fuera de lo común, pero con tantos amantes de running que pululan por el mundo siempre hay alguno que vive experiencias peligrosas o estimulantes.

Ejemplos cotidianos

Para encontrar ejemplos basta con ver la tele o leer los periódicos. Desde encontrarse cara a cara con un oso pardo hasta presenciar una persecución automovilística, ser víctima o testigo de un atraco, convertirse en el objetivo de un rayo fatídico o sufrir un ataque al corazón en pleno esfuerzo. Todo es muy improbable pero todo, menos quizá lo del oso pardo, ocurre a diario.

Apariciones imprevistas

Decantarse por un circuito conocido tampoco garantiza nada, ya que al estar tan acostumbrados al trazado las sorpresas pueden ser aún más fuertes. Tampoco se trata de correr con una pistola en las zapatillas o predispuesto a esprintar con todas tus fuerzas a la menor señal extraña, pero conviene ser consciente de que estamos expuestos a cualquier aparición imprevista que puede alegrarnos la salida (sería el caso, digo yo, de un grupo de músicos o bailarinas que amenicen nuestras zancadas), entrar en la categoría de interrupciones callejeras o, en el peor de los casos, conducir nuestros huesos hasta el cementerio.

Hay que estar preparados

Quizá he acabado el anterior párrafo de una forma un tanto brutal, pero sólo quería decir que, tanto si lo tenemos presente como si no, el suspense siempre debería acompañarnos, aunque sea para ir respondiéndonos que no pasa nada, que es muy posible que después no pase nada. No es que sea partidario de vivir la vida con incertidumbre, pero pienso que debemos estar preparados para pasar de la calma a la angustia y de ésta al frenesí; para saber que cualquier reto, por pequeño que sea, nos aproxima un poco más a nuestro destino. Nunca sabemos qué nos espera tras una esquina o un recodo del camino. Y las esquinas y recodos son tan interminables como nuestras ganas de correr.

  1. Correr es vivir, vivir es adentarse en territorios inesperados, por lo que mejor es hacerlo en forma de running, a buen ritmo, por si hay que pegarse un esprint….

    No veo el momento de que el caballero Pastells vuelva a responder a los visitantes de esta bitácora, tras haber domado a los dragones corredores con los que está batallando ahora mismo en las estribaciones altas de la península…

  2. Vaya, visto así, parece que correr sea un deporte de riesgo. Yo hasta ahora las únicas apariciones imprevistas que he tenido, han sido de cuatro patas, los perros como ya dijiste tiempo atrás son un autentico peligro para los corredores.

  3. Josep Pastells 23 Abril 2009, 12:30 pm

    Estoy respondiendo ya, caballero Fernaud. Intentando ponerme al día y pensando en nuevos retos atléticos y literarios. Muchas gracias por ayudarme a mantener vivo este blog.

    Lo mismo te digo, Antoni. Y sí, jajaja, quizá estoy exagerando un poco y esto parece un deporte de riesgo, pero me gusta jugar con la imaginación sin renunciar a la realidad.

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