Para mí, Josep, esto que hace Creed no es arte. Pero como tú dices, a lo mejor es que somos unos ignorantes…
La sorpresa es un gran aliciente en la vida y en la carreraArte moderno
El autor de esta creación es todo un especialista en estas derivaciones del arte moderno que muchos, tal vez por ignorancia, ni siquiera consideramos arte, sino más bien una tomadura de pelo. En 2001, sin ir más lejos, Creed ganó el premio Turner con una instalación minimalista: una habitación vacía en la que una bombilla se encendía y apagaba alternativamente.
Signo de vida
Pero supongo que si acogieron su obra en la Tate Britain fue por algo. Veamos cómo la justificó el propio Creed: “Me gusta correr y me gusta ver correr a la gente”. Inapelable. Pero no tanto como la frase siguiente: “Correr es lo contrario de estar quieto”. Detengámonos ahora en las implicaciones filosóficas de su creación: “Si uno piensa en la muerte como en la quietud absoluta y en el movimiento como un signo de vida, entonces el mayor movimiento posible es el mayor signo de vida. Correr muy rápido es justamente lo opuesto de la muerte, es una muestra de que se está vivo”, añadió el artista británico para justificar su creación conceptual.
Inspiración capuchina
Creed también explicó que la idea de llevar atletas que esprintaran a la Tate se le ocurrió mientras visitaba con unos amigos las catacumbas de los monjes capuchinos en Palermo. Apenas faltaban cinco minutos para que cerraran el museo, por lo que tuvieron que hacer el recorrido corriendo como si les fuera la vida, de acuerdo con un plan espontáneo y un tanto alocado.
Simpleza y lirismo
Si alguien se pregunta cómo es posible que la Tate Britain accediera a semejante propuesta, podemos recuperar las declaraciones que en su momento realizó el director de la galería, Stephen Deuchar: “Martin Creen ha respondido a nuestro espacio histórico con un proyecto interesante, simple y lírico. Al sacar una actividad cotidiana de su contexto habitual para situarla en las galerías centrales de la Tate Britain, ha trastornado cualquier idea preconcebida de cómo hay que moverse aproximadamente por un espacio artístico”. Además, Deuchar afirmó que “al mismo tiempo, el artista nos invita a reinterpretar una actividad mundana (el acto de correr) como si fuera un acontecimiento teatral”. No negaré que esta última frase me parece cargada de sentido, tal vez porque está en la línea de sobrevivir al maremoto apático.
