Cualquier corredor, por modesto que sea, ha tenido en alguna ocasión espectadores, gente que le mira con mayor o menor atención cuando le ve pasar y, en casos extremos, le observa con el mismo interés que si asistiera a un espectáculo. Pero en este primer post dedicado a los espectadores nos centraremos en el público habitual en las carreras populares, las personas que se concentran a lo largo del recorrido con el objetivo de animar a alguien, curiosear o, simplemente, pasar el rato.

El público es uno de los alicientes de este deporte
Público familiar
Mi experiencia me dice que una parte importante del público –casi siempre la más numerosa si exceptuamos las competiciones de gran nivel– está formada por familiares o amigos de los atletas. Gente abnegada que, por amor o solidaridad, les siguen a todas las pruebas para aplaudirlos cuando pasen delante de ellos. Aplausos, gritos entusiastas, fotografías e incluso filmaciones que tanto en ese momento como mucho después, al rebobinar los momentos vividos, provocarán sin duda la alegría de los corredores, siempre necesitados de cariño y afecto.
Pasaban por allí
También están, por supuesto, los que pasaban por allí y, al no tener nada mejor que hacer, deciden quedarse a mirar la carrera. No en vano, este tipo de pruebas contienen muchos elementos que merecen la atención de cualquier persona mínimamente observadora. El esfuerzo de los participantes, la concentración con la que afrontan cada zancada o el cansancio que revelan en sus gestos son sólo tres ejemplos de lo que puede encontrarse al fijar la mirada en una carrera. Quizá por eso, los espectadores ocasionales acostumbran a repetir, ya que, además de lograr un nuevo punto de vista, descubren se lo han pasado mejor de lo que esperaban sin ni siquiera pretenderlo.
Trabajo y representación
Tampoco podemos olvidarnos, claro está, de los espectadores que no tienen más remedio que estar allí. Son los miembros de la organización, más pendientes de aspectos técnicos (que ningún corredor se salte el circuito con cualquier tipo de atajos o que los participantes tengan acceso al avituallamiento, por ejemplo) que del espectáculo en sí. Sin embargo, casi sin querer, acaban asistiendo a una especie de representación que, en la mayoría de los casos, les deja más que satisfechos.
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Alguna vez he colaborado en carreras populares y tienes toda la razón. Aprendes a disfrutar y sufrir con los corredores.
En casi todas las carreras, el público está formado en su mayoría por los familiares y acompañantes de los atletas, pero en carreras importantes si que hay gente de todo, tipo y es que no hay que olvidar que para ver una carrera no hay que pagar entrada. Pero muchas veces, como en la maratón de Barcelona por ejemplo, la poca difusión que hacen los medios de comunicación los días previos a la carrera, hacen que la mayoría de la gente no sepa ni que por delante de su casa pasa una carrera como la maratón. Es una pena que las administraciones no utilicen los medios públicos para publicitar la carrera, deberían tomar ejemplo de El Corte Inglés, que se preocupa mucho de publicitar su carrera (y de paso sus almacenes) para que no pase inadvertida a nadie.
A mí, como espectadora, me encanta leer la mirada de los atletas, descubrir lo que piensan.
Sí, Ricard, es como si el entusiasmo fuera contagioso.
Tus reflexiones son muy acertadas, Antoni. Sería fabuloso que las carreras populares recibieran algún día un poco más de atención por parte de los medios de comunicación, pero me temo que tendremos que conformarnos con lo que hay, que al fin y al cabo no está tan mal.
¿Leer su mirada, Xénia?, ¿descubrir lo que piensan? No sabía que tuvieras tantos poderes jeje.