Virginia Liebre, pobrecita!, espero que no exista en realidad.
¿Son los nombres realmente importantes para el corredor?Las mismas reflexiones son válidas, creo, en términos generales (para los Obama, Gómez o Besancenot del mundo, por citar tres de los millones de casos posibles) y también para cualquier persona que corra, sean cuales sean sus apellidos o nombres propios.
Significados interesantes
De todas formas, admito que, a pesar de su arbitrariedad, los nombres adquieren a menudo un significado interesante. Sigamos un momento con los apellidos y situémonos de una vez en el mundo del running. Si leemos el listado de participantes en una carrera de diez kilómetros, es fácil que en un primer momento, dejándonos llevar por sensaciones un tanto irracionales o tal vez por nuestro deseo de ver la vida desde un punto de vista cómico, creamos que Virginia Liebre tiene más opciones que Antonio Gallo, pero quizá no tantas como Lorenzo Gamo. ¿Que estos apellidos no existen? Claro que existen. Lo que pasa es que apellidarse gamo no equivale necesariamente a ser un corredor veloz ni llamarse Rafa Bravo quiere decir que seas valiente y esforzado por mucho que nuestro Rafa Bravo responda a estas características.
¿Tienen o no importancia?
Igual que llamarse Primitivo (por cierto, tengo pendiente hablaros un día de estos de Ojos que no sonríen, un poemario de Primitivo Oliva), Benigno o Modesto no implica hacer honor a estos nombres por muchas asociaciones mentales que podamos establecer. Nos llamamos como nos llamamos por accidente o, siendo más concretos, porque nuestros padres asociaron el nombre elegido a algo agradable o esperanzador que a lo largo de nuestra vida podemos justificar o no. Una forma de resumir este post sería decir que, en realidad, los nombres no tienen mayor importancia para los amantes del running, pero en la próxima entrega defenderé la opinión contraria.
