El arte nunca se acaba: sigamos corriendo

Tenía pensado exprimir hasta el fin de los días –alternándola, eso sí, con otros posts– la serie sobre el arte de correr, pero ayer por la tarde, tras reflexionar sobre el comentario de un amigo, decidí que sería mejor interrumpirla de una vez, más que nada porque a lo mejor empezaba a ponerme pesado y, al fin y al cabo, puedo seguir hablando de lo mismo sin ninguna necesidad de recurrir constantemente al mismo enunciado. El arte de correr siempre existirá y continuaré dándole vueltas mientras mantenga este blog, pero a partir de hoy me olvidaré de los seriales para centrarme en un día a día que puede ser tan apasionante como queramos. O casi.

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Al fin y al cabo, la carrera continúa El arte nunca se acaba: sigamos corriendo El arte nunca se acaba: sigamos corriendo al fin y al cabo la carrera continua

Al fin y al cabo, la carrera continúa

Pensemos por un momento en lo afortunados que somos al poder correr por placer. Para mucha gente, más de la que imaginamos, se trata de un sueño inalcanzable. Puede que se pasen el día corriendo, sí, pero sólo para sobrevivir. Conseguir alimento y evitar que los maten es su principal preocupación y, aunque quizá están más en forma que nosotros, no pueden saborearlo porque sus circunstancias vitales se lo impiden. Sólo piensan en el ahora porque (y en eso no se diferencian de nosotros, aunque raramente nos dedicamos a meditar sobre ello) no saben si habrá mañana.

Hay quien no puede

Tampoco podemos olvidarnos de las personas que, sin verse obligadas a huir de nadie, no pueden correr porque su corazón o sus piernas no se lo permiten. Puede que si estuvieran capacitadas para hacerlo ni siquiera se lo plantearían, pero la cruda realidad es que no pueden.

Nosotros sí

Sólo son dos ejemplos, habría muchos más. Pero quizá nos ayuden a darnos cuenta de que, insisto, somos afortunados. Tenemos piernas, corazón y pulmones. Y además, deseo. El deseo de correr a menudo porque nos ayuda a sentirnos mejor o por cualquiera de las razones que se os ocurra.

Zancadas virtuosas

Y aunque muchos teóricos hablan de la necesidad de sufrir para crear arte, creo que en nuestro caso se trata de un sufrimiento placentero, de una quemazón satisfactoria para los gemelos y el alma. En general, los runners no son demasiado conscientes de su relación con el arte, pero ya hace algún tiempo que sostengo que el acto de correr está cargado de belleza, que nuestras zancadas, incluso las más torpes, expresan una virtud que no deberíamos desaprovechar. Sigamos corriendo, por favor.

  1. Pedro Fernaud 18 Mayo 2009, 9:45 am

    Hay quien sí puede. Placer y combustión. Palabras con vocación de filosfía vital salen de un post como éste, me gusta esa continua indagación en las motivaciones de un runner.

    También celebro que pruebes nuevas fórmulas para encadenar posts.

  2. Eso es, correr mientras podamos, vivir mientras nos acompañen las fuerzas.

  3. La belleza está donde queramos verla, Josep. Y tú sabes muy bién cómo encontrarla.

  4. Josep Pastells 18 Mayo 2009, 14:09 pm

    Gracias, Pedro. Supongo que se trata de eso, de indagar sin cesar, de probar y seguir probando.

    Exacto, Ricard. Y ojalá lleguemos muy lejos.

    Lo intento, Laia, lo intento.

  5. “El arte nunca se acaba” –> Interesante reflexión ya que pienso que el arte reside en un porcentaje muy alto en los ojos del que mira.

  6. Josep Pastells 19 Mayo 2009, 8:48 am

    Así es, Vicente. Aunque es muy difícil definir la belleza, está claro que en último término depende de los parámetros estéticos de cada uno.

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