
Lamentablemente, la Maratón en sí fue lo menos importante este año
El ganador de la prueba fue, como ya es habitual, un keniata, Johnstone Chebii, que cubrió los 42.195 metros en 2h 14′01”. La primera mujer fue la etíope Tadelech Biru, con una marca de 2h 39′43”. Por desgracia, hubo un contrapunto negativo: la muerte en carrera del irlandés Colin Dunne, de 27 años, a causa de una crisis cardiovascular. Sufrió un desfallecimiento en el kilómetro 34,5 y, aunque los servicios médicos de la Cruz Roja y del 061 intentaron reanimarlo, no hubo nada que hacer.
Un post muy triste
Me hubiera gustado que este primer post de la serie fuera un poco más alegre, pero para mí la muerte de Colin no es un dato más y, aunque siempre he defendido los
valores saludables del running y del maratón, accidentes de este tipo me obligan no a replantearme mi opinión pero sí a reflexionar un poco más sobre el tema, como cuando hablé de la muerte del portugués Francisco Lázaro en los
Juegos de Estocolmo. Está claro que si cada vez que nos enteráramos de que ha muerto alguien nos entristeciéramos profundamente nos pasaríamos todo el día abatidos y pronto nos quedaríamos sin lágrimas. También imagino que si no hubiera sabido quién era Colin como mucho le hubiera dedicado una pincelada trágica en medio de una nota festiva, pero resulta que sí sabía quién era y, por lo tanto, me siento obligado a hablar de él.
¿Por qué?
No le conocía de nada, pero sabía que se llamaba Colin porque lo ponía en su dorsal y le tuve delante varias veces. Alto, muy blanco, ligeramente pelirrojo. Camiseta blanca y pantalón azul. También sé que iba más o menos a mi ritmo y que le perdí de vista a partir de la media maratón. No intercambiamos ni una palabra, ni siquiera nos miramos, pero corría allí conmigo, con casi 10.000 atletas más, y ahora ya no está. Murió y no sabemos muy bien por qué. Crisis cardiovascular, dicen los médicos. ¿Pero por qué?, insisto yo. Puede que corriera demasiado rápido o puede que, aunque no hubiera participado en el maratón, hubiera muerto ese mismo día a esa misma hora. En la calle, en la cama, en un bar… Nunca lo sabremos y en realidad no tiene la menor importancia. Colin está muerto y lo único que podemos hacer es lamentarlo y dar el pésame a su familia y amigos, a la gente que le quería.
No se levantó más
Cuando alcancé el kilómetro 34,5 y le vi allí tumbado, con un montón de gente a su alrededor intentando reanimarlo, pensé de inmediato “ojalá se recupere”. Continué corriendo a mi ritmo y durante unos kilómetros seguí pensando en él, deseando que no fuera nada, sólo un susto o un desmayo repentino sin mayores consecuencias. Luego, ya muy metido en la carrera y en mis últimos kilómetros, me olvidé de él. Unos minutos después de llegar a meta les comenté algo a Inés y Antoni, pero ya como de pasada. Luego comimos, nos subimos al AVE, llegamos a Madrid y me seguí olvidando de él. Y no fue hasta el día siguiente, al consultar la prensa y leer su nombre, cuando su imagen reapareció con fuerza y me llevó al borde del llanto. Va por ti, Colin.