El Maratón de Barcelona (V)

El viernes dormí poco y mal. Aunque Inés y yo fuimos al cine relativamente temprano (no sé si para inspirarme o qué vimos ‘El luchador’, algo así como la resurrección de Mickey Rourke) al final nos acostamos tarde y me costó conciliar el sueño. Eso sí, antes de meterme en la cama repetí mi ritual de las noches anteriores: los pies en agua muy caliente, con sal y vinagre. Al día siguiente el despertador sonó a las seis y media. Aparcamos el coche frente a la estación de Getafe central y cogimos el Cercanías hasta Atocha, donde a las ocho en punto nos embarcamos en el AVE rumbo a Barcelona. Aunque la cuenta atrás se había iniciado muchos meses antes, cuando llevábamos media hora en el tren pensé que faltaba un día exacto para la salida del maratón.

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El día previo a la carrera pasan por tu mente muchas cosas El Maratón de Barcelona (V) El Maratón de Barcelona (V) josep1sabado

El día previo a la carrera pasan por tu mente muchas cosas

No me jugaba absolutamente nada, pero estaba muy nervioso. Me había propuesto bajar de las cuatro horas y aunque mis últimos registros (1h 37′ en media maratón o 2h 25′ en un rodaje de treinta kilómetros) indicaban que podía conseguirlo, intuía que no sería nada fácil. Por supuesto que no. Un maratón nunca es sencillo, porque por favorable que sea el recorrido –en la ciudad condal presentaba muchas menos cuestas que en Madrid– siempre son 42,195 kilómetros y sólo quien los ha corrido alguna vez puede formarse una idea aproximada de lo largos que llegan a hacerse.

Marató Expo

Llegamos al hotel, situado encima de la estación, y justo en ese momento nos llama mi amigo Antoni Rigol, que hasta ahora ha corrido 23 maratones. Nos pregunta si queremos comer con él y con Rosa, su mujer. Por supuesto que sí, será un placer. Antes pasaremos por la Marató Expo, situada en el recinto ferial de Montjuïc. Aunque la Plaza de España está muy cerquita, le sugiero a Inés que vayamos en metro. Quiero estar lo más descansado posible para mañana. No me acaba de salir bien: olvidé que las galerías del metro son larguísimas y, para acabar de rematarlo, el palacio donde hay que recoger el chip y el dorsal nos espera tras un largo tramo de escaleras.

Un chiringuito en la playa

En el preciso instante en que inspeccionamos la bolsa del corredor (aparte de un boli, una camiseta roja y una botella de bebida isotónica todo lo demás irá directo a la basura) vuelve a llamar Antoni. Acaban de llegar en coche desde Molins de Rei y nos están esperando junto a las torres de Plaza España. Besos y abrazos. Tras descartar la opción de un restaurante vasco en el mismo barrio de Sants, nos decantamos por un chiringuito en la playa del Bogatell, justo enfrente de la villa olímpica. Como no podía ser de otra manera, pedimos una enorme paella de arroz negro. Rosa, Inés y Antoni beben vino. Yo, cerveza. Sin alcohol.

Llamada de Pau y Santi

La comida, muy animada, transcurre repleta de anécdotas. Estoy tan contento que empiezo a sospechar que la cerveza lleva alcohol. Mis sospechas se acentúan cuando recibo una llamada de Pau Montoya y Santi Sapena y noto que tengo ciertas dificultades para articular las frases. Santi me pregunta en qué tiempo preveo pasar la media y le digo que 1h 45′; él piensa ir un poquitín más lento, de manera que descartamos la idea de correr juntos. Con Pau ya está descartado de antemano: no seríamos capaces de seguir su ritmo ni en una carrera de un kilómetro. Nos deseamos lo mejor y, cuando cuelgo, pienso que si no estoy borracho me siento como si lo estuviera.

Un kilo de arroz negro

Pido otra jarra de cerveza para comprobar si sigue produciéndome el mismo efecto y advierto que Rosa y Antoni, catalanistas como el que más, son tan bien educados que me regañan cuando, sin darme cuenta, les hablo en catalán delante de Inés. En total, habré comido algo así como un kilo de arroz con calamares. Me conviene coger energía para mañana. Cuando Rosa pide la cuenta hago el gesto de sacar la cartera (no es ningún truco, lo juro), pero Antoni se anticipa y me dice que pagan ellos, que ya nos tocará a nosotros cuando nos visiten en Madrid. Rosa apostilla que eso no ocurrirá hasta que sea la capital del país vecino. Inés se la mira de reojo. Nos reímos un rato.

Siesta y cine

Nos dejan en la puerta del hotel y aprovechamos para echar una siesta. Cortita, que a las siete y cuarto queremos ir al cine. Hemos visto que en el Alexandra, en la Rambla de Catalunya, proyectan Julia, una coproducción belga-francesa-mexicana que tiene buena pinta. Aunque Tilda Swinton resulta bastante creíble en su papel de secuestradora secuestrada, la verdad es que la película nos decepciona, casi parece una americanada más. Y encima es muy larga, tanto que al salir ya son casi las diez y tras una cena rápida (de pasta, por supuesto) toca irse a la cama.

  1. Qué fenómeno, Josep, con un kilo de arroz negro el día antes yo no soy capaz de correr ni un kilómetro. Saludos desde Cádiz.

  2. seguro que dormiste poco ,solo tendrias en mente el acontecimiento del dia siguiente.

  3. Un kilo de arroz negro jojojo. Yo de ti me hecho la siesta y ya no me despierto hasta que se haya acabado el maratón. Un abrazo desde Biarritz.

  4. Josep, creo que exageras un poco, además yo comí mas arroz que tu. Por tus comentarios pensaba que comías mucho, pero ahora veo que en esto, yo te gano

  5. Josep Pastells 10 marzo 2009, 9:57 am

    Santos, era para coger energía y todavía faltaban 17 ó 18 horas para la salida. Además, como dice Antoni, quizá exagero un poquito.

    Pues sí, Santi, lo cierto es que estaba un poco nervioso.

    Tampoco hubiera sido mala idea, Joseba, aunque valió la pena correr.

    Sí, Antoni, jeje. Pero no tengo tan claro que me ganes. ¿Firmamos un empate técnico?

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