El Maratón de Barcelona (VI)

A pesar de que no pienso desayunar mucho (un plátano, cinco o seis galletas, medio litro de agua y dos mandarinas), el despertador suena a las seis menos cuarto. Intento no despertar a Inés. Sin éxito. Vuelvo a tumbarme un rato en la cama y charlamos un rato de la película de ayer. A las siete menos cuarto ya estamos los dos en pie. Tras ducharme con agua fría, me seco muy bien antes de repasar las uñas de los pies. Luego me aplico vaselina entre los dedos y también en los pezones. A continuación me visto, me sujeto los dorsales (uno, con mi número, por delante –no sé por qué lo llamaran dorsal– y otro, con mi nombre, por detrás), me coloco el chip en la zapatilla izquierda, me ato bien los cordones y, por fin, me siento preparado para salir a la calle.

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Ha llegado el gran día: las calles de Barcelona esperan El Maratón de Barcelona (VI) El Maratón de Barcelona (VI) ha llegado el gran dia las calles de barcelona esperan

Ha llegado el gran día: las calles de Barcelona esperan

Quizá no sea necesario resaltar el gran sacrificio de Inés al acompañarme a Barcelona, adaptarse a mis horarios, soportar mis nervios y, en definitiva, soportarme a mí, pero no puedo resistir la tentación de darle las gracias desde aquí. Sí, aunque parezca increíble también lee este blog. Igual que Antoni, mi seguidor más fiel, que antes de que salgamos del hotel ya nos está llamando para decirnos que nos espera en Plaza España.

Maratón internacional

Esta vez vamos andando, que para mí es el calentamiento previo a la carrera. En el mismo hotel coincidimos con un montón de atletas, entre ellos un grupo de napolitanos que, con sus camisetas naranjas, entonan alegres canciones camino de la salida. El Maratón de Barcelona reúne cada año a corredores de procedencias muy diversas, pero por encima de todos ellos sobresalen los franceses. También hay muchos ingleses y alemanes, además de unos cuantos chinos, algún marroquí y, por supuesto, keniatas.

Liebres con globos

Plaza España es un hervidero. Apenas son las ocho de la mañana y aprovechamos para hacernos unas cuantas fotos con Antoni y las fuentes de Montjuïc al fondo. La marea humana sigue creciendo y ocupa ya buena parte de la Avenida María Cristina. La organización ha repartido a los inscritos en grupos distintos en función de los registros que prevén conseguir. También hay liebres, atletas provistos de globos que acabarán la carrera en un tiempo determinado.

Cálculos previos

Antoni, el almogávar que años atrás demostró su valor en Nueva York, opina que debería situarme entre el globo de 3h 45′ y el de 4h, pero le confieso que mi idea es seguir de cerca al de 3h 30′. Me conozco y sé que me resultará imposible ir de menos a más, pero tal vez sea capaz de mantener un ritmo de cinco minutos por kilómetro el tiempo suficiente para bajar de las cuatro horas. En realidad, mi objetivo es pasar la media en 1h 45′, llegar al kilómetro 30 en 2h 30′ y, si es posible, alcanzar el 35 en 3h. Si lo consigo, tendría que pasar algo muy raro para que no bajara de las cuatro horas.

El ritmo adecuado

De momento, no tengo más remedio que situarme detrás del globo de 3h 45′. Ya falta muy poco para el pistoletazo de salida y por megafonía no paran de dar instrucciones en varios idiomas. Doy unos saltitos, compruebo que las zapatillas están bien abrochadas, me emociono con la Barcelona de Caballé y Mercury y, cuando me toca, empiezo a correr. Pronto dejo atrás el globo de 3h 45′ y, aunque sé que no debería hacerlo, consulto el cronómetro cada vez que pasamos por un punto kilométrico. Voy justo como quiero ir, a un ritmo de 5′, pero esto acaba de empezar.

Ligera llovizna

Tras bajar por Sants, pasamos por detrás del Nou Camp y llegamos a la Diagonal. Aunque se puede correr con cierta fluidez, hay tantos atletas que siempre tienes que estar haciendo equilibrios para adelantar o dejar que te adelanten. Además, está cayendo una ligera llovizna y hay que tener cuidado con los resbalones. De todas formas, en la zona por la que me muevo el ritmo es bastante homogéneo y llego a olvidarme del cronómetro para disfrutar de la carrera. Me encanta mirar a los atletas y también al numeroso público que, en muchos idiomas, aplaude desde las aceras. Alcanzo el kilómetro cinco en 24’30” y decido empezar a beber agua, tres o cuatro tragos en cada punto de avituallamiento.

Gritos de ánimo

La llovizna se intensifica y me obliga a limpiarme las gafas con la camiseta. Nada que ver con el aguacero que cayó en la Media maratón de Getafe. Sigo a mi ritmo y, casi sin darme cuenta, distingo a lo lejos el globo de 3h 30′. Es evidente que va más rápido de lo que se supone, porque paso el kilómetro 10 en 48′, dos por debajo de lo previsto, y aun así no logro darle alcance. Hacia el kilómetro 12, por la Gran Via de les Corts Catalanes, oigo que me llaman. Es Inés que, sonriente, me tira una foto. A su lado está Antoni, que me grita que voy muy bien. Le acompaña Salvi, un viejo amigo que años atrás llegó a correr el maratón en menos de tres horas.

Visita turística

Los siguientes kilómetros transcurren sin mayores dificultades. Ya no llueve y me lo tomo casi como una visita turística, especialmente cuando pasamos cerca de la Sagrada Familia. Sin ninguna molestia física, empiezo a pensar que voy bastante mejor que el año pasado en Madrid. Llego al kilómetro veinte en 1h 38′ y paso la media en 1h 43′, manteniendo los dos minutos de margen que ya tenía en el kilómetro diez. Bajar de las cuatro horas parece bastante accesible, pero prefiero no hacerme ilusiones.

  1. Muchas felicidades, campeón. Y no dejes de escribir.

  2. Sensacional que sigas sonriendo con el trote que llevabas encima!

  3. Si, te aconsejé salir mas tranquilo, con el globo 3’45” pero hiciste muy bien en seguir tu intuición porque cada uno es cada cual, y seguramente te hubiera cogido el flato en el mismo punto kilométrico y no habrías tenido tanto margen. Salvi además de un buen amigo y una gran persona, es un gran deportista que con mas de treinta maratones y a punto jubilarse sigue corriendo, y si este día estaba de espectador, es porque se estaba recuperando de una caída en bicicleta, bajando de el Puigmal (pico de 29113 m) cuando estaba corriendo una duatlon

  4. El Puigmal, tiene 2.913 m., las prisas me han hecho una mala pasada, y acabo de poner un disparate

  5. Josep Pastells 10 Marzo 2009, 10:04 am

    Muchas gracias, Carmela. No, no, eso me costaría más que dejar de correr.

    No tiene tanto mérito, Ernest. Acababan de darme mi botellita mágica y, además, me estaban jaleando.

    Jajaja Antoni. Sabía que el Puigmal era alto, pero nunca pensé que triplicara con creces al más alto del mundo. Ya me imaginaba a Salvi rodando cuesta abajo los casi 30.000 metros. Bromas aparte, tu consejo era más inteligente que mi estrategia, pero es que ya intuía que al final me pasaría algo. Tendré que investigar si tiene solución, aunque supongo que todo deriva del sobreesfuerzo.

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