El Maratón de Barcelona (VII)

Los pensamientos negativos se alejan paulatinamente de mi cabeza porque voy comprobando que, pasado el meridiano de la prueba, mis zancadas me permiten mantener el ritmo de crucero: doce kilómetros por hora. Soy una pieza más de un ejército multicolor que se despliega por las calles de Barcelona sin otro objetivo que llegar a la meta y adquirir o reafirmar su condición de maratoniano, algo que no se regala y, por lo tanto, hay que ganarse a base de mucho sudor y, si no queda más remedio, algunos centilitros de sangre y lágrimas.

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¡Lo conseguí! A pesar de todo, la preparación mereció la pena El Maratón de Barcelona (VII) El Maratón de Barcelona (VII) lo consegui a pesar de todo la preparacion merecio la pena

¡Lo conseguí! A pesar de todo, la preparación mereció la pena

Más allá del esfuerzo y del cansancio, un maratón siempre puede reducirse a cifras. Casi 10.000 participantes, nueve puntos de avituallamiento (siete más con esponjas), 24 focos de animación (percusionistas, tamborileros, batucadas y no sé qué más), 1.300 voluntarios, 400 agentes de la guardia urbana, 6.000 platos de pasta, 8.500 kilos de fruta, 159.000 botellas de agua, 100.000 vasos de powerade, 50 monumentos de interés a lo largo del recorrido y, cómo no, los inevitables 42.195 metros que tienes que superar para sentirte un campeón.

Molestias físicas

Mis cifras particulares me permiten albergar cierto optimismo. Hasta ahora, cada cinco kilómetros he logrado los siguientes parciales: 24’37”, 23’29”, 24’55’, 24’50” y, de nuevo, 24’55”. Ya en el kilómetro 25, muy cerca del Fórum, puedo oler por primera vez el mar, aunque inmediatamente enfilamos la Diagonal camino de la Torre Agbar. Llegaremos hasta ella y luego volveremos a bajar para plantarnos en el 30.Tengo muchas ganas de alcanzar este tramo, porque sé que me estará esperando Inés con una bebida isotónica. Me vendrá muy bien. Todavía me siento fuerte, pero ya hace un rato que tengo molestias en el cuádriceps izquierdo y también he notado algún pinchazo en el oblicuo derecho.

Líquido salvador

Hacia el kilómetro 27 distingo a Inés con el líquido naranja salvador. Me lo entrega con una sonrisa y yo se la devuelvo. Antoni me saca una foto (la que ilustraba el post de ayer, la de hoy la hizo Inés poco después de la llegada) y Salvi me grita que adelante. Antoni me pregunta cómo voy y respondo que hasta ahora muy bien. Ya intuyo que me será imposible seguir al mismo ritmo. Los dolores no remiten y empiezo a perder tiempo: 26’39” en el último parcial de cinco kilómetros, para llegar al 30 en 2h 29′.

Un muro benigno

Ya estoy muy cerca de la Avenida Litoral. Aunque me seduce la idea de correr al lado del mar, soy consciente de que me está esperando el temible muro. Sigo perdiendo fuerzas, pero menos de las que temía y mantengo un ritmo bastante digno. Muchos corredores ya están andando y otros abandonan, pero en ningún momento me planteo semejantes opciones. Sigo a mi aire y, tras dejar atrás el puerto olímpico, llegó al Parque de la Ciutadella, en el kilómetro 35, con un parcial de 28’33” que me lleva a las 2h 57’56”. Es mejor de lo que hubiera firmado antes de empezar.

Esperando a Antoni

Sé que incluso andando podría bajar de las cuatro horas, pero por penoso que empiece a ser mi trote no pienso dejar de correr. Desde mi punto de vista, salvo lesiones o dolores insoportables, un maratoniano nunca debe andar. Al pasar por el Arco de triunfo, en el 36, pienso que cada vez lo tengo más cerca. El dolor sigue ahí, pero ya contaba con él y, al dejar atrás la Plaza de Cataluña y las Ramblas, repletas de un público entusiasta que no deja de aplaudir a los corredores, pienso que ya queda muy poco, que Antoni me está esperando en Colón (kilómetro 39) y con su apoyo todo resultará más sencillo.

Flato inoportuno

El dolor en el oblicuo derecho ha dado paso a un flato terrible, igual que el que me atacó en Madrid en el kilómetro 41. No me hace ninguna gracia que haya llegado tan pronto, pero intento seguir corriendo mientras me aprieto el costado. Estoy tan pendiente de mis sensaciones que ni siquiera había visto a Antoni, que empieza a trotar a mi lado con una camiseta naranja idéntica a las de los napolitanos que hemos visto esta mañana con Inés. No hace falta que me pregunte cómo voy, porque mi velocidad lo dice todo.

Consejos antonianos

Antoni me aconseja que respire al revés que de costumbre, sacando los abdominales en lugar de meterlos y expulsando el aire hacia dentro. No me resulta nada fácil, pero lo voy intentando mientras él no para de hablar y, haciéndome preguntas, me obliga a hablar a mí. Luego me confesará que lo hacía a propósito para ver si abriendo más la boca se me iba antes el flato. El caso es que al llegar a la Ronda de Sant Pau, en el kilómetro 40, he logrado un parcial de 32’04”, menos malo de lo que cabía esperar. Estoy en 3h 30′ y, definitivamente, voy a bajar de las cuatro horas aunque tenga que arrastrarme los últimos 2.195 metros.

Llegada feliz

No es necesario, porque la compañía de Antoni, su conversación y su espíritu animoso, me ayudan a superar este último tramo con menos dificultades de las previsibles. El flato no me abandona y el cuádriceps izquierdo está a punto de estallar, pero nada impide que lleguemos a la Plaza de España, donde los aplausos de Inés me impulsan a acelerar un poquito, siempre dentro de mis posibilidades, antes de enfilar la Avenida María Cristina y cruzar la meta en 3h 42’54”.

Récord pulverizado (III)

Este III va detrás de los récords de Pau Montoya y Santi Sapena, compañeros de fatigas e ilusiones. En mi caso, el registro es totalmente inesperado, porque supone una mejora de casi diecinueve minutos respecto al tiempo logrado en Madrid. ¿Y ahora qué? El tiempo lo dirá, pero de momento ya podemos gritar ¡que nos quiten lo corrido!

  1. jajajaja. Jugando con el lenguaje (y con la realidad) para culminar un post brillante y entretenido, como de costumbre. Enhorabuena!

    Felicidades por ese récord y por estas páginas. Espero que a partir de ahora te sigan surgiendo nuevos retos y que los compartas con los lectores de maraton.es.

  2. Doble enhorabuena Josep! hace tiempo que leo tus estupendas narraciones (gracias, enhorabuena I) y me he decidido a escribir después de que pulverices tu récord (enhorabuena II), porque lo considero un inmenso logro. Yo todavía no he pasado de la media distancia, y leyendo tus post, digamos que “m’engresques bastant”, supongo que intentaré algo el año que viene, soy totalmente amateur y bastante “regulero”, vamos, que corro por debajo de vuestras medias, pero pronto os cogeré, jajaja. Un abrazo!

  3. Si, te aconsejé salir mas tranquilo, con el globo 3’45” pero hiciste muy bien en seguir tu intuición porque cada uno es cada cual, y seguramente te hubiera cogido el flato en el mismo punto kilométrico y no habrías tenido tanto margen. Salvi además de un buen amigo y una gran persona, es un gran deportista que con mas de treinta maratones y a punto jubilarse sigue corriendo, y si este día estaba de espectador, es porque se estaba recuperando de una caída en bicicleta, bajando de el Puigmal (pico de 29113 m) cuando estaba corriendo una duatlon

  4. La verdad es que fue un gran placer acompañaros en esta aventura. Como ya dije el primer día, nunca había seguido un maratón como espectador, aunque sentía una sana envidia. Tengo ganas de intentar correr el año que viene, Salvi ya me dijo que el pensaba estar, pero estoy seguro que si no puede ser, estaré de espectador

  5. (Lo siento, el primer comentario, era para el post del día 8 pero estoy poniendo respuestas a 4 posts a la vez y me he equivocado de sitio )(y se altitud)

  6. Aunque se cumplan más de diez años de aquellas dos maratones de Madrid y el tiempo vaya empezando a pasar factura, leyéndote me entran ganas de volver a intentarlo.
    Intuyo, Josep, que tras este reto cumplido le seguirán otros muchos…

  7. Sólo y no es poco: ¡Enhorabuena!, no sólo por tu registro si no por tus escritos.

    ¿Cuándo la próxima?

    Gracias

  8. Josep Pastells 10 Marzo 2009, 10:30 am

    Muchas gracias, Pedro. Seguro que surgirán nuevos retos, ya estoy pensando en ello. Confieso, sin embargo, que la semana pasada no corrí ni un kilómetro. Ayer, eso sí, di la vuelta al lago de Banyoles (7km) y podríamos decir que ya estoy recuperado.

    Celebro “engrescar-te”, David, y te animo a probar con las distancias largas, ya verás que te gusta (y cuesta) aún más. Gracias por la doble enhorabuena.

    Jajaja Antoni (segundo jajaja de hoy, en este repaso de comentarios que estoy haciendo tras cuatro días sin conectarme). Cualquier iniciativa que incremente el número de comentarios será bien recibida, te lo aseguro. Ojalá te pongas a ello y el año que viene podamos relatar otra de tus gestas. Lo mismo le digo a Salvi.

    Venga, Ramón, que todo es proponérselo. Paso a paso, zancada a zancada, verás que recuperas viejas sensaciones. La ventaja es que nadie te obliga (bueno, te confieso que tu posible regreso al maratón está empezando a generar bastante expectación en los círculos atléticos madrileños, catalanes y canarios)y todo depende de tu voluntad. Los retos surgen como setas, habrá qué ver cómo lo enfoco.

    Gracias a ti, Ana. A partir de la semana que viene empezaré a entrenar de nuevo, ni que sea para mantener un poco el tono, y seguro que antes del verano tendré un nuevo objetivo.

  9. sabia que podias conseguirlo pero tant mejorado no .enorabuena eres un campeon.

  10. Josep Pastells 17 Marzo 2009, 21:11 pm

    Muchas gracias, Santi. La verdad es que ni yo me lo esperaba, pero es lo que salió.

  11. Enhorabuena, Josep. Eres un ejemplo para los corredores de 90 kilos, como yo. Sigue así

  12. Josep Pastells 23 Abril 2009, 12:51 pm

    Muchas gracias, Eduardo. Seguiré, seguiré.

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