El papel de la fe

No me refiero, por supuesto, a la fe en sentido teológico, esa adhesión personal y sobrenatural a la palabra de Dios, ni tampoco pretendo hablar de la buena y la mala fe (rectitud, honradez e inocencia frente a malicia, engaño y perversión) ni de un conjunto de creencias propias de una religión o un partido. Como supongo que ya os imaginabais al leer el título, este post se centrará en la fe en uno mismo, en los corredores que creen en sí mismos.

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La fe mueve montañas El papel de la fe El papel de la fe la fe mueve montanas

La fe mueve montañas

Forman parte de una especie bastante abundante, pero el simple hecho de ser corredor no implica, ni mucho menos, que tengas una gran confianza en ti mismo. Correr ayuda a conseguirla, eso sí. Centrarte en algo tan sencillo como enlazar una zancada tras otra, tener la certeza de que tú y sólo tú controlas tus movimientos, de que aunque sea por un rato estás dirigiendo tu vida y eres dueño de tu rumbo, ayuda sin duda a sentirte más seguro de tus fuerzas.

Objetivos personales

Lo mejor del running es que nadie nos obliga a nada. Para empezar, lo practicamos porque nos da la gana y nos marcamos los objetivos que nos parecen oportunos, que pueden ser tan modestos o ambiciosos como queramos. Sean cuales sean estos objetivos, el hecho de acabar alcanzándolos nos ayuda a sentir que cuando luchamos somos capaces de conseguir lo que nos proponemos, siempre que toquemos de pies en el suelo, claro.

Fe desmesurada

“Mira ahí está Chema Martínez. Voy a seguir su ritmo”, podría decirse a sí mismo un corredor novato muy seguro de sus facultades que participa por primera vez en la San Silvestre. Es evidente que, a menos que sea un extraterrestre o tenga superpoderes, como mucho podrá seguir su ritmo durante el primer kilómetro y después quedará tan tocado que el esfuerzo realizado le pasará factura durante el resto de la carrera. No es un buen ejemplo, está claro. Podemos confiar en nosotros mismos, pero sólo si nos dejamos guiar por un mínimo de sensatez.

Fe razonable

“Mira, ahí está mi vecino Pepe. Voy a ver si aguanto su ritmo hasta el kilómetro cinco”, podría ser una frase perfectamente razonable en boca de un fondista poco experimentado que, a pesar de tener fe en sí mismo, es consciente de que los progresos llegan poco a poco y no se pueden pedir peras al olmo. A lo mejor podrá seguir el ritmo de Pepe o quizá no, pero lo que es seguro es que no se llevará ningún disgusto ni empezará a tener dudas sobre sus posibilidades.

  1. Si yo también corro pero 12km o maratones de 9km.
    Empecé en noviembre pasado y para el año 2010 espero correr una media maratón (21km. En Agosto pesaba 96 kilos y ahora 90….como vos. Saludos y muy buenos tus escritos

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