Superada la depresión económica de 1929, los Juegos de Los Ángeles en 1932 fueron todo un acontecimiento en el que el deporte compartió protagonismo con el cine. Muchas de las estrellas de Hollywood –Gary Cooper, Joan Crawford, Douglas Fairbanks o Johny Weissmuller– se dejaron ver en las gradas del Memorial Coliseum, un estadio con capacidad para 105.000 espectadores, o paseando por la primera villa olímpica de la historia. Los organizadores se esmeraron tanto en los detalles que por unos días incluso se olvidaron las dificultades de una vida cotidiana dominada por el gangsterismo. El argentino Juan Carlos Zabala se impuso en el maratón y estableció un nuevo récord olímpico.

El argentino Zabala se llevó la gloria en los Juegos con más glamour
Los problemas de Brasil
Mención aparte merece la expedición brasileña, que no pudo desembarcar en Estados Unidos al no disponer del dinero suficiente para abonar las tasas. Eso sí, los dirigentes sí que pudieron pagarlas y se quedaron a ver los Juegos. El grueso de la expedición tuvo que regresar a su país con la única excepción de los waterpolistas. Eran pocos, pero no pasaron desapercibidos: fueron descalificados tras zurrar al árbitro del partido contra Alemania, que perdieron por 7-3.
Error humano
Las mejoras técnicas no evitaron algunos problemas en las pruebas de atletismo. El más escandaloso se produjo en los 3.000 metros obstáculos. Ganó sin muchos apuros el finlandés Volmari Iso-Hollo, que en la eliminatoria previa logró un registro de 9’14” y en la final, de 10’33”. La diferencia era demasiado grande y pronto se descubrió el motivo: el juez que tenía que cronometrar la prueba cayó enfermo y su substituto se despistó e hizo dar una vuelta más a los atletas.
Victoria del ñandú
El ganador del maratón, el argentino Juan Carlos Zabala, lo tenía muy claro desde el principio. “O gano o me recoge una ambulancia”, declaró antes de iniciarse la prueba. Menudo plan. Pero lo cierto es que el ñandú de las pampas, como le conocían en su país, dominó la carrera desde el pistoletazo de salida y llegó primero a la meta, estableciendo además un nuevo récord olímpico: 2h 31’36”.
Cansancio, alegría y dolor
No lo tuvo nada fácil, porque el británico Ferris siempre estuvo pegado a él y al final sólo le aventajó en diecinueve segundos. Pero Zabala se salió con la suya y consiguió la primera medalla de oro olímpica para el deporte argentino. En una de las fotos que le hicieron al concluir la prueba, un auxiliar le sujeta mientras un juez intenta quitarle las zapatillas. Su expresión, una mezcla de cansancio, alegría y dolor, es uno de los mejores resúmenes del sacrificio que representa correr un maratón.
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Querido Josep, mucha suerte en Barcelona. Seguro que te irá bien. Estaré atenta a tu relato.
Muchas gracias, Xènia. Me conformo, en este orden, con sobrevivir, terminar sin dejar de correr en ningún momento y bajar de las cuatro horas. Lo primero me parece imprescindible (le tengo mucho apego a la vida), lo segundo casi necesario (si lo logré en Madrid, ¿por qué no iba a hacerlo de nuevo un año después?) y lo tercero, posible pero nada fácil. Ya os lo iré contando a partir del martes.
espero que todo te vaya al maximo de bien respeto al gran acontecimiento.he estado unos cuantos dias sin ordenador y no he podido seguir tus blocs.eldomingo es el dia d no?yo desde banyoles te doy todo el soporte del mundo.
Santi, no te he leído hasta ahora. Ha ido muy bien: 2h 42’54″. Lo contaré con más detalle a partir del martes. Y muchas gracias por tu apoyo.
Fe de erratas: 3h 42’54” jeje