Gloria olímpica (V): Kenneth McArthur

Más allá del ganador del maratón, el sudafricano Kenneth McArthur, los Juegos Olímpicos de Estocolmo en 1912 serán recordados por su seriedad y buena organización (el barón de Coubertin los calificó de “encantadores”) y, muy especialmente, por la entrada en escena de Wa To Chuck, Sendero Luminoso en el lenguaje sioux y Jim Thorpe para la administración norteamericana. Con sus 188 centímetros y 84 kilos tenía una planta impresionante y se impuso con una superioridad incontestable en las pruebas de pentatlón y decatlón, precisamente las que premian a los deportistas más completos. Siete meses después fue descalificado por presunto profesionalismo (en cierta ocasión cobró por jugar en un equipo de béisbol de tercera fila), pero ya se había convertido en una leyenda viva.

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Igual que Hayes, McArthur era de ascendencia irlandesa Gloria olímpica (V): Kenneth McArthur Gloria olímpica (V): Kenneth McArthur igual que hayes mcarthur era de ascendencia irlandesa

Igual que Hayes, McArthur era de ascendencia irlandesa

El propio Gustavo V, rey de Suecia, le felicitó diciéndole que era “el atleta más prodigioso que han visto los siglos”. Así lo entendieron también el noruego Ferdinand Bie y el sueco Hugo Weislander, que rechazaron las medallas que había ganado Thorpe cuando éste fue desposeído de ellas. Aunque el coloso sioux jamás consiguió que le devolvieran sus honores olímpicos (murió en 1953 y el COI no entregó las medallas de oro a sus hijos hasta 1982), su pueblo levantó a su muerte un monumento en el que se puede leer: “A James Thorpe, el más extraordinario atleta del mundo y al que más injustamente se negó la gloria de sus triunfos”.

Racismo olímpico

El barón de Coubertin insistía una y otra vez en que lo importante era participar, pero está claro que Thorpe merecía ganar y, de hecho, ganó. Dejando de lado la proximidad de la primera guerra mundial y un episodio racista en el equipo norteamericano de cien metros (el entrenador encerró al gran favorito en el vestuario para impedir que un negro se proclamara campeón olímpico), los juegos olímpicos de Estocolmo serán recordados también por la trágica prueba de maratón.

Muerte y buenas marcas

El trazado era bastante duro y el calor, tan sofocante como impropio de un país nórdico. Nadie corrió el riesgo de sufrir una hipotermia, eso seguro. Sólo 35 de los 68 atletas que tomaron la salida consiguieron finalizar la carrera y uno de los que abandonó, el portugués Francisco Lázaro, falleció el día después. Las marcas, eso sí, demostraron que los maratonianos cada vez eran más veloces. El sudafricano Kenneth McArthur se impuso en 2h 36’54”, mientras que su compatriota Gitsham tardó apenas un minuto más y el americano Strobino bajó de las 2 horas y 39 minutos.

Opiniones enfrentadas

La muerte de Lázaro abrió un debate sobre lo inhumano que puede llegar a ser el maratón. Los detractores de la prueba sostenían que era demasiado larga, excesiva para el organismo. Los defensores apelaban al espíritu de Fidípides, argumentando además que en cualquier disciplina se pueden producir accidentes. Casi cien años después, podríamos afirmar que los posicionamientos siguen siendo irreconciliables y parece complicado proponer un diálogo socrático sobre el tema. El maratón está más que consolidado, sí, pero cada vez que muere un atleta (por desgracia ocurre de vez en cuando) surgen voces contrarias a esta prueba.

Correr con cabeza

¿Mi opinión? Creo que es innecesario que diga que formo parte del bando de los partidarios, aunque con ciertas precauciones. Me refiero a que sólo deben correr maratones los atletas que estén muy bien preparados, algo que ya se da por supuesto en el caso de los profesionales. Y por lo que respecta a los aficionados, siempre viene bien una revisión médica previa y, sobre todo, no querer ir demasiado rápido para tu corazón.

  1. Me encanta la ligazón de los relatos. Aprendemos de las glorias del maratón, sí. Pero también lo hacemos de la historia concreta de los Juegos Olímpicos primigenios.

    Jim Thorpe, me suena ese nombre. Seguro que, si no se ha hecho ya, esa historia tiene marchamo de gran pantalla. Con los protagonistas apropiados (un Coppola en la dirección, un Del Toro en la interpretación y un Mortensen en la réplica de gran adversario) la peli podría llegar a la alfombra roja de los Oscars…

    Enhorabuena a Penélope, por cierto. Una chica que, personalidades al margen, destila talento y belleza en cantidades generosas.

  2. Sí, Pedro, Burt Lancaster interpretó una película basada en la vida de Thorpe: El gigante del estadio. Por desgracia, ni él ni sus descendientes recogieron ningún beneficio.
    Ya que felicitas a Penélope, yo haré lo propio con Danny Boyle. Y aprovecho para recomendaros su Slumdog millionaire, una película llena de contrastes que, por una vez, me hace creer que los Oscar tienen un criterio que va más allá de lo puramente comercial. Aunque también es cierto que se trata de un film comercial, de gran éxito en taquilla, tiene muchas otras cualidades. Diré sólo dos, que esta no es una web de cine: está muy bien narrado y provoca la reflexión.

  3. Es una buena recomendación, ya que es una de las películas más conmovedora, emotiva dura y apasionante que he visto últimamente, dirigida e interpretada con maestría, la convierten en un maravilloso sueño hecho realidad.

  4. A mí me llama más la atención lo de Thorpe y la muerte del maratoniano portugués, que seguro que también darían buenas películas.

  5. Totalmente de acuerdo, Inés.

    Pues sí, Laia. Sólo haría falta ponerlas en manos de un buen director.

  6. ¿Correr y cine?

    Respuesta: Forrest Gump.

  7. Buena idea, Ana. Me lo apunto por si acaso este blog tiene continuidad tras el Maratón de Barcelona.

  8. La muerte de un atleta en una maratón, es algo que puede ocurrir, como en cualquier otro deporte, en los puestos de trabajo, en la carretera, etc. A nadie se lo ocurriría prohibir los coches para que no hubiera accidentes. En una ocasión, cuando la maratón de Barcelona empezaba en Mataró, un atleta que estaba a mi lado cayo fulminado por un infarto en al anden de la estación, mientras esperábamos el tren que nos llevaba a la salida. Si hubiera muerto durante la carrera habría sido portada de todos los periódicos, pero como murió antes, solo salió una pequeña nota en alguno. Son cosas que ocurren., hagamos lo que hagamos

  9. Así es, Antoni. Me has recordado una vez que estaba jugando a squash en Girona y en la pista de al lado cayó desplomado un chico que poco después murió. El caso paso bastante desapercibido, pero tampoco hubiera sido nada raro que saltaran voces en contra de un juego tan violento como el squash.

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