Como correspondía a la posguerra, Londres organizó en 1948 unos Juegos austeros que, sin embargo, se saldaron con éxito. Los pocos medios disponibles no impidieron que, doce años después de la cita de Berlín, el movimiento olímpico se consolidara gracias a una organización modélica que primó la eficacia por encima de las apariencias. La villa olímpica, por ejemplo, se situó en los barracones de Uxbridge y Ritchmond Park, que años atrás habían sido cuarteles. Apenas se construyeron nuevas instalaciones, aunque, eso sí, se remodeló el estadio de Wembley, que acogió a 90.000 espectadores en una calurosa jornada inaugural. La medalla de oro del maratón recayó por segunda vez en un argentino, Delfo Cabrera.

Los primeros Juegos de la posguerra fueron los de Delfo Cabrera
El regreso de Fanny
Aunque la participación de las mujeres ya no era ninguna novedad, puede afirmarse que hasta la segunda cita en la capital inglesa ninguna de ellas se había convertido en la máxima figura de unas Olimpiadas. Este honor correspondió a la velocista holandesa Francina Elsje Blankers-Koen, Fanny, que a los 18 años ya había competido sin demasiado éxito en Berlín. Luego se retiró y tuvo dos hijos, pero un tiempo después se planteó volver a las pistas. Cuando le comunicó a su marido que iba a correr en Londres, éste no fue muy amable y le espetó que estaba demasiado vieja, pero ella no le hizo ningún caso y regresó a Holanda con cuatro medallas de oro: 100 y 200 metros lisos, 80 vallas y 4×100.
Como Dorando Pietri
No ocurrió exactamente lo mismo, pero casi. En la anterior cita olímpica en Londres, 40 años atrás, el italiano Dorando Pietri había entrado solo al estadio pero, a pocos metros de la meta, sufrió un desfallecimiento y, después de que los jueces le ayudaran a levantarse y cruzar la línea, fue descalificado y acabó ganando el norteamericano Johnny Hayes. Cuatro décadas después, el belga Étienne Gailly también entró primero en Wembley y, aunque no llego a caerse, sí que tuvo muchos problemas para completar los últimos metros. Le superaron dos atletas y tuvo que conformarse con la tercera plaza.
Últimos metros
El primero en adelantar a Gailly fue el argentino Delfo Cabrera, que completó los últimos 400 metros a una velocidad endiablada que hizo inútiles los esfuerzos del belga y del atleta que acabaría quedando segundo, el británico Richards, a quien aventajó en dieciséis segundos. Gailly, por su parte, acabó a veintiséis segundos de Richards, con una medalla de bronce que en ese momento le sabía a poco.
Dominio argentino
Teniendo en cuenta que habían pasado doce años de las 2h 29’19” del japonés Kitei Son, el registro de Cabrera, 2h 34’51”, no parece una gran marca. De hecho, era la peor desde París 1924 y a partir de entonces siempre fue superada con creces. En cualquier caso, en unos Juegos lo más importante es lograr la medalla de oro y el maratoniano argentino lo logró con todo merecimiento en una prueba en la que dos compatriotas suyos, Eusebio Guiñez y Armando Sensini, también quedaron entre los diez primeros.
Plata británica
Nadie duda del mérito de quedar segundo en el maratón. Es tan difícil que sólo puede conseguirlo un atleta cada cuatro años. Perogrulladas aparte, la delegación británica logró en Londres su tercera medalla de plata consecutiva. Antes de Richards, lo habían conseguido Harper en Berlín y Ferris en Los Ángeles. La siguiente medalla obtenida por un británico en los 42,195 kilómetros también fue de plata. La ganó Heatley en Tokio 1964, con 2h 16’19”. Pero es que por delante tenía al gran Abebe Bikila, que cruzó la meta en 2h 12’11”.
Tags: blog maratoniano, diario escritor corredor, maratón olímpico, maratonianos argentinos


Enhorabuena Josep, felicidades por haberlo conseguido!! Y con bastantes minutos menos de 4 horas.
Muchísimas gracias, Antoni. Al final, el tiempo oficial ha sido 3h 42’54”; ya lo contaré con más detalle a partir del martes.
Enhorabuena Josep, el sacrificio se ve recompensado!!
Muchas gracias, Ana. Sí, la verdad es que estoy muy satisfecho.