
Los JJOO de Múnich 1972, de triste recuerdo, fueron los de Frank Shorter
Con su grueso bigote negro, el californiano Mark Spitz, que en México había logrado dos medallas de oro, llamó la atención ya mucho antes de saltar a la piscina: al llegar a Munich anunció que pensaba ganar las siete pruebas en las que participaría. Y lo hizo. Se impuso, por este orden, en 200 mariposa, relevos 4×100, 100 mariposa, 200 libre, relevos 4×200 libre, 4×100 estilos y 100 libre.
La irrupción de Borzov
En las pistas de atletismo, el tradicional dominio de los estadounidenses en las pruebas de velocidad se rompió gracias a la irrupción del soviético Valeri Borzov, un estudiante de la Universidad de Kiev considerado por muchos el primer gran atleta de laboratorio que dio la URSS. Borzov venció en los 100 y 200 metros sin conceder ninguna opción a sus rivales.
Polémica en baloncesto
Norteamericanos y soviéticos también se vieron las caras en la final del torneo de baloncesto, que culminó con un escándalo de notables dimensiones. A pocos segundos del final, el marcador era favorable a la URSS por un solo punto (49-48) y los estadounidenses transformaron dos tiros libres que daban la vuelta al marcador. Parecía que no quedaba tiempo para nada y, en efecto, los árbitros señalaron el final provocando un gran alborozo en el bando de los ganadores. Duró poco. El secretario de la FIBA comunicó a la mesa de anotadores que todavía tenían que disputarse tres segundos. Las discusiones se sucedieron durante mucho rato. Cuando por fin se reanudó la contienda, un pase de Paulaskas cruzó toda la pista para llegar a las manos de Alexander Belov, que anotó bajo el aro los dos puntos decisivos. El comité de apelación estuvo reunido casi toda la madrugada, pero al día siguiente declaró vencedora a la URSS. El disgusto de los norteamericanos fue monumental y ni siquiera subieron al podio para recoger la medalla de plata.
Un maratoniano psicólogo
A pesar de ser norteamericano, Frank Shorter nació precisamente en Munich. La explicación es sencilla: su padre era militar. En 1969, Shorter
se licenció en psicología en la Universidad de Yale, donde ya se proclamó campeón de los 10.000 metros. Un año después ganó los campeonatos nacionales en 5.000 y 10.000, el inicio de una carrera salpicada de éxitos que llegó a su punto culminante en la ciudad que le había visto nacer.
Dominio desde la media
Pocos días antes, Shorter había quedado quinto en los 10.000 metros, pero no figuraba entre los favoritos del maratón. Éstos eran el australiano Derek Clayton, plusmarquista mundial, y el británico Ron Hill, que al principio de la prueba se distanciaron del resto de los atletas. Pero kilómetros después Shorter, todo un especialista en ir
deprisa sin prisa, y otros corredores les dieron alcance y acabaron dejándolos atrás. En el meridiano de la carrera, el fondista estadounidense ya iba en primera posición y no la abandonó hasta el final, cuando firmó 2h 12′19”. El segundo clasificado, el belga Karel, llegó más de dos minutos después y el etíope Mamo Wolde, oro en México, obtuvo el bronce con 2h 15′08”.