Gloria olímpica (XXI): Gelindo Bordin

Aunque parecía que el boicot político se había puesto de moda, los Juegos de Seúl en 1988 no se vieron empañados por ningún movimiento de ese tipo o, mejor dicho, por ninguno que rebajara de forma significativa el nivel de las pruebas. Desvanecidos los rumores iniciales sobre un posible boicot de la Unión Soviética, los únicos países que se sumaron a la iniciativa de Corea del Norte fueron Cuba, Etiopía y Nicaragua. En el caso de Sudáfrica, su ausencia se debió a que todavía estaba sancionada internacionalmente por el apartheid. Pero los Juegos de Seúl tuvieron un invitado inesperado que adquirió mucho más protagonismo del deseable: las pruebas antidopaje, que obligaron a descalificar a siete atletas, entre ellos al velocista canadiense Ben Johnson, que acababa de deslumbrar en los cien metros. Por fortuna, el ganador del maratón, el italiano Gelindo Bordin, superó sin problemas todos los controles.

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El italiano Bordin honró al atletismo en unas olimpiadas polémicas Gloria olímpica (XXI): Gelindo Bordin Gloria olímpica (XXI): Gelindo Bordin el italiano bordin honro al atletismo en unas olimpiadas polemicas

El italiano Bordin honró al atletismo en unas olimpiadas polémicas

Antes de estallar el escándalo, el mundo del atletismo recibió con alborozo al canadiense nacido en Jamaica, que ponía fin al reinado de Carl Lewis en la velocidad pura. En comparación con el fibroso velocista norteamericano, Ben Johnson era todo músculo. Ya en el mundial de Roma, celebrado un año atrás, había batido a Lewis estableciendo una nueve marca mundial (9.83), pero en Seúl confirmó que era el hombre más rápido de mundo al rebajar su récord en cuatro centésimas y situarlo en unos estratosféricos 9.79.

De héroe a villano

La alegría le duró muy poco. Tres días después de la final de cien metros, el COI lo descalificó tras un control antidopaje que descubrió restos de anabolizantes en su orina. En consecuencia, su récord quedaba anulado y, peor aún, se abrió una crisis en el deporte mundial que hizo que todos los campeones quedaran bajo sospecha. Johnson tuvo que regresar precipitadamente a su país y, como acostumbra a decirse en casos de este tipo, dejó de ser un héroe para ser considerado un villano.

Lewis y Griffith

La descalificación del velocista canadiense permitió que Carl Lewis obtuviera la medalla de oro en los cien metros, a la que hay que añadir otra del mismo metal en el salto de longitud y la plata en los 200 metros. Una compatriota suya, Florence Griffith, logró tres victorias y dos récords en 100, 200 y el relevo 4×100.

El tenis, 60 años después

Por primera vez en sesenta años, el tenis volvió a ser deporte olímpico, admitiéndose la presencia de jugadores profesionales. Los campeones individuales fueron la alemana Steffi Graf y el checo Miroslav Mecir.

Poder keniata

Los fondistas keniatas acapararon todos los oros en las carreras de 800, 1.500, 5.000 y 3.000 obstáculos, pero no pudieron reeditar los éxitos de Bikila y Wolde en el maratón, donde emergió con fuerza la figura del italiano Gelindo Bordin. El corredor de Vicenza ya había ganado el campeonato de Europa en 1986 y un año después consiguió el bronce en los campeonatos del mundo, por detrás del keniata Douglas Wakiihuri y del corredor de Djibuti Ahmed Salah.

La historia se repite

Curiosamente, el tramo final del maratón de Seúl reunió a los mismos protagonistas, aunque el único que conseguiría la misma medalla sería Salah. A pesar de que, a falta de tres kilómetros para el final, Bordin chocó con su muro particular y se descolgó unos veinte metros de los dos atletas africanos, cuando apenas quedaban mil metros para la llegada logró darles alcance y acabó cruzando primero la meta, en 2h 10’32”. Distanció en quince segundos a Wakiihuri y en 27 a Salah, convirtiéndose en el primer italiano que ganaba un maratón olímpico.

  1. Recuerdo perfectamente lo de Ben Johnson. Menudo escándalo.

  2. Y mira que estaba cachas el Ben, eh, pero ahora ya hace años que los velocistas no lo están tanto. Es lo que pasa con los controles.

  3. Josep Pastells 23 Marzo 2009, 16:18 pm

    Sí, Ricard, recuerdo que me impresionó saber que hacía press de banca con 150 kilos, luego entendí por qué.

    Así es, Xènia. Cuando se intensificaron los controles, hubo un montón de atletas (y no solo velocistas, lo de la halterofilia fue increíble)que cambiaron por completo de constitución, podríamos decir que se encogieron.

  4. A mi me dan lástima esta gente que los pillan habiéndose dopado, porque muchas veces no son conscientes de lo que se están tomando, y lo hacen porque su entrenador o un asesor medico se lo recomienda, pero es evidente que hay que poner todos los controles necesarios para que nadie lo haga

  5. Josep Pastells 24 Marzo 2009, 1:46 am

    Cierto, Antoni. Muchas vecen, cuando los pillan, los tratan como a auténticos delincuentes, aunque yo no acabo de tener claro que lo sean. Ya sé que están cometiendo un delito, pero meterlos en el calabozo o en la carcel me parece un tanto injusto, más que nada porque en muchas ocasiones, como dices tú, ni siquiera son conscientes de lo que se toman.

  6. De acuerdo con esas consideraciones, chicos. Creo que cuando a un atleta, ciclista o deportista en general, le pillan por haberse dopado, el mayor oprobio que puede sentir es el rechazo general.

    Ese es el peor calabozo en el que puede acabar un atleta, para quien el reconocimiento del público es algo así como su oxigeno. Recuerdo bien aquellos Juegos Olímpicos, los primeros que ví conscientemente.

    Me impresionaron los 100 metros de Jhonson, pero también la selección española de waterpolo (y eso que quedamos sexto, pero había un tal Estiarte que era un maradona acuático…). También me entusiasmó el juego de un gigante lutuano medio cojo llamado Sabonis, que guió a su selección al oro olímpico en baloncesto…

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