Gloria olímpica (XXIV): Gezahegne Abera

Cuarenta y cuatro años después de la cita de 1956 en Melbourne, los Juegos volvieron a Australia, concretamente a Sidney. La llama olímpica recorrió este gigantesco país durante más de tres meses, llegando el 8 de junio al Monte Uluru, donde fue recibida con una majestuosa ceremonia repleta de cánticos, y concluyendo su recorrido el 15 de septiembre en el estadio olímpico. El último relevo fue realizado por la atleta aborigen Cathy Freeman, quien encendió el pebetero instalado sobre una cama de agua. La competición batió el récord de países participantes, aunque si no se hubiera suspendido a Afganistán (por la instauración del régimen talibán) se hubiera alcanzado la cifra de 200. El ganador del maratón fue el etíope Gezaghne Abera, que con sólo 22 años se convirtió en el campeón más joven en esta modalidad olímpica.

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Gezahegne Abera fue el campeón olímpico de maratón más joven de la historia con 22 años Gloria olímpica (XXIV): Gezahegne Abera Gloria olímpica (XXIV): Gezahegne Abera gezahegne abera fue el campeon olimpico de maraton mas joven de la historia con 22 anos

Gezahegne Abera fue el campeón olímpico de maratón más joven de la historia con 22 años

Los 199 países participantes aportaron un gran colorido a la ceremonia inaugural, en la que se pudo presenciar una escena insólita: Corea del Norte y Corea del Sur desfilaron por primera vez bajo una misma bandera. Era blanca con una línea azul.

Dominio de Thorpe en la piscina

El nadador australiano Ian Thorpe, de 17 años, consiguió tres medallas de oro y batió el récord olímpico de 400 metros estilos.

Dopaje en gimnasia

La rumana Andrea Raducan destacó por motivos muy distintos. Tras ganar la medalla de oro en la prueba combinada individual, fue descalificada por dopaje. Le detectaron pseudoefredina en la sangre, una consecuencia de haber tomado Nurofen, una medicina utilizada para tratar la fiebre.

Los cien metros más lentos

Mención aparte merece el nadador guineano Eric Moussambani, que competía en las eliminatorias de cien metros. Tuvo la piscina para él solo porque sus rivales fueron descalificados por salida falsa y obtuvo un registro de un minuto y 52 segundos.

La experiencia no lo es todo

Así lo demostró el etíope Gezahegne Abera, quien corrió su primer maratón en 1999. Fue en Los Ángeles y quedó cuarto, por detrás de tres keniatas. Posteriormente, participó en el campeonato mundial de Sevilla, donde quedó en undécima posición. Ese mismo año logró su primer triunfo en un maratón tan prestigioso como el de Fukuoka, en Japón, y con una marca sobresaliente: 2h 07’54”.

Supremacía africana

Ya en el año 2000, Abera quedó segundo en el maratón de Bostón, pero unos meses después lograría su éxito más importante en Sidney. La carrera tuvo color africano desde el primer momento, hasta el punto de que al llegarse a la mitad del trazado sólo quedaba en cabeza un grupo de tres corredores: Abera, su compatriota Tesfaye Tola y el keniata Eric Wainaina.

Ataque y reacción

Cuando faltaban cinco kilómetros para la meta, Wainaina logró unos metros de ventaja sobre sus adversarios, pero Abera pudo sobreponerse al ataque y acabó alcanzándolo y superándolo para llegar primero al estadio olímpico, con una marca de 2h 10’11”. Era el tercer etíope que se proclamaba campeón olímpico de maratón, tras Mamo Wolde y Abebe Bikila, que lo consiguió en dos ocasiones.

Campeón olímpico y mundial

Como mérito añadido, debe destacarse que en 2001 prosiguió con su buena racha: se impuso en el campeonato del mundo en Edmonton, superando al keniata Simon Biwott por un solo segundo y convirtiéndose en el primer maratoniano que gana los Juegos y el título mundial.

  1. Recuerdo perfectamente al nadador guineano y cómo la gente se reía de él. Supongo que iba muy muy lento para participar en unos Juegos, pero no me gusta que nadie se ría de alguien que hace todo lo que puede.

  2. Josep Pastells 27 Marzo 2009, 15:30 pm

    Pienso lo mismo, Xènia. Pero claro, el nivel era tan bajo en comparación a los demás que por fuerza tenía que llamar la atención. Es como si yo corriera el maratón y llegara al estadio casi dos horas más tarde que el primer clasificado. Quizá alguien tendría que haberle impedido participar en la prueba. Todo es muy raro, porque se supone que hay unas marcas mínimas que evitan espectáculos de este tipo.

  3. Y lo más increíble es que al tipo en cuestión le diera igual hacer el más espantoso de los ridículos. O quizá no le daba igual, vete a saber.

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