Gloria olímpica (XXV): Stefano Baldini

Tuvieron que pasar 108 años para que Atenas volviera a organizar unos Juegos Olímpicos, los segundos que acogía en la era moderna. El estadio olímpico de la capital griega albergó el 13 de agosto de 2004 una espectacular ceremonia inaugural. El recinto se llenó con agua, como si se tratara de un lago, y cinco anillos olímpicos formados por llamas emergieron del líquido elemento para dar inicio a una grandiosa puesta en escena: cientos de actores montados en carros alegóricos relataron la historia del país, empezando desde la mitología antigua para llegar a nuestros tiempos. En el terreno deportivo, los atletas chinos adquirieron un protagonismo inusual y se situaron a sólo tres medallas de los norteamericanos. El maratón, sin embargo, lo ganó un italiano: Stefano Baldini.

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Stefano Baldini fue el más beneficiado por el "incidente" de De Lima Gloria olímpica (XXV): Stefano Baldini Gloria olímpica (XXV): Stefano Baldini stefano baldini fue el mas beneficiado por el incidente de de limaLa competición congregó a 11.000 deportistas de 202 naciones. Las delegaciones afgana e irakí fueron recibidas con calurosos aplausos, todo un contraste con la sonora pitada que presidió el desfile de los atletas de Estados Unidos en protesta por la guerra de Irak. La cantante islandesa Björk actuó al final de la ceremonia, justo antes de encenderse la llama olímpica.

Primera exhibición de Phelps

El nadador norteamericano, considerado por muchos el heredero de Mark Spitz, consiguió nueve medallas, seis de ellas de oro. Todo un anticipo de lo que lograría cuatro años después en Pekín.

El adiós de Thorpe

El australiano Ian Thorpe, todo un dios del medio fondo, se despidió con un oro en los 200 metros, superando a Phelps y demostrando que éste también era humano.

El Guerrouj y Kelly Holmes

El atleta marroquí El Guerrouj saldó una vieja deuda olímpica y se proclamó campeón olímpico en los 1.500 y 5.000 metros, mientras que la británica Kelly Holmes se impuso en 800 y 1.500.

Argentina acaba con el Dream Team

Ginobili, Scola, Oberto y compañía derrotaron en las semifinales de baloncesto a la selección norteamericana, mal denominada Dream Team. Con estrellas de la NBA como Iverson y Duncan, los estadounidenses tuvieron que conformarse con el bronce, mientras que la plata fue para Italia.

Juego sucio

El dopaje también tuvo su porción de protagonismo en Atenas. Los levantadores de peso griegos Kostas Kenteris y Katherine Thanou fueron descalificados y el húngaro, Robert Fazekas, campeón de lanzamiento de disco, perdió el oro al ser descubierto mientras intentaba cambiar su muestra de orina.

Corredor desde niño

El ganador del maratón, el italiano Stefano Baldini, empezó a correr desde niño. Al inicio de su carrera atlética participó en carreras de 5.000 y 10.000 metros, aunque nunca logró resultados brillantes a nivel internacional. Nada hacía presagiar que acabaría convirtiéndose en un rey olímpico.

Un crack del maratón

Todo cambió al pasarse al maratón. En 1995 quedó sexto en Venecia, con una marca de 2h 11’01” y dos años después logró grandes posiciones en dos de las pruebas más prestigiosas del mundo: segundo en Londres (2h 07’57”) y tercero en Nueva York (2h 09’31”). En 1998 ganó el maratón de Roma (2h 09’33”) y en verano de ese mismo año se proclamó campeón de Europa en Budapest. Aunque en las olimpiadas de Sidney tuvo que retirarse por problemas físicos, los buenos resultados siguieron prodigándose: bronce en el mundial de 2001, ganador del maratón de Madrid de ese mismo año y bronce de nuevo en los mundiales de 2003. Pero su triunfo más importante llegaría en los Juegos de Atenas.

Fuga con final infeliz

En la capital griega, la espectacular fuga del brasileño Vanderlei de Lima, que dominó la carrera durante buena parte del recorrido, fue interrumpida a pocos kilómetros del final por un espectador exaltado que le cortó el paso y le agredió. Al final pudo reincorporarse a la prueba y a pesar de todo conquistó una agridulce medalla de bronce.

Triunfo con duda

De todas formas, a esas alturas de la carrera Stefano Baldini llevaba un ritmo mucho más rápido que el del atleta carioca y de no haberse producido la agresión muy probablemente también le habría alcanzado. Pero siempre quedará la duda. El caso es que Baldini cruzó la meta en primer lugar (2h 10’54”), seguido del norteamericano de origen eritreo Membrathon Keflezighi (2h 11’28”) y del infortunado Vanderlei de Lima (2h 12’10”). Hasta entonces sólo otro italiano se había colgado la medalla de oro olímpica: Gelindo Bordin en Seúl 1988.

  1. Escalofriante esa anécdota que detallas, Josep. Los perturbados deberían tener un chip que les permitiera empatizar con los deportistas, es decir con las personas que como ellos sufren pero que son capaces de canalizar su energía de un modo positivo.

    De esos Juegos, me quedo con la redención de El Guerrouj, el más grande mediofondista de todos los tiempos, que por fin se alió con la gloria olímpica para colgarse la doble medalla de oro.

  2. Me pongo en el lugar del corredor y me entra una rabia tremenda. Es como si alguien empujara a un ciclista cuando está llegando en primera posición al Tourmalet. No hay derecho.

  3. Josep Pastells 30 Marzo 2009, 14:34 pm

    Sí, Pedro, pero por desgracia acostumbran a tirar por lo negativo y disfrutan dañando a los demás. Un gran tipo, El Guerrouj. Acabó consiguiendo lo máximo en el momento oportuno.

    Laia, la escena del Tourmalet sería aún más espeluznante, un crimen en toda regla.

  4. Los maratones, al igual que las carreras ciclistas, que transcurren por rutas abiertas, aunque estén cortadas al tráfico, están sujetas a los riesgos de inclemencias del tiempo y de todo tipo. Lo que le pasó a Vanderlei, habría que calificarlo como un accidente que le podía pasar a cualquiera, y en lugar de un perturbado, podía ser un perro, o un tropezón con algún objeto de la vía pública

  5. Josep Pastells 30 Marzo 2009, 16:16 pm

    Sí, Antoni, de acuerdo. Pero al ser premeditado parece que duela mucho más, aunque las consecuencias sean exactamente las mismas. Claro que en el caso de un perro tal vez también podríamos hablar de premeditación; si se trata de un tropezón con objetos de la vía pública ya veo más difícil culpar a alguien que no sea la propia persona afectada o la mala suerte.

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