Grupos y rebeliones

Die Brücke fue un grupo de artistas expresionistas alemanes fundado a principios del siglo XX en Dresden por un puñado de estudiantes de arquitectura. Les movía un impulso de revuelta y pretendían lograr “libertad de vida y acción en contra de lo establecido y las viejas fuerzas”. La mayoría de los miembros del grupo carecían de formación artística y su técnica pictórica acostumbra a mostrar un vigor casi rudimentario. Se me ocurre que muchos grupos de corredores entroncan remotamente con Die Brücke: se reúnen para rebelarse contra las costumbres establecidas y los viejos hábitos; muchos de ellos jamás han practicado el running y su forma de correr es lo menos ortodoxa que os podáis imaginar.

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Un maratonista es, en esencia, un rebelde Grupos y rebeliones Grupos y rebeliones corredorsolo1
Un maratonista es, en esencia, un rebelde

No hay nada más espontáneo que el nacimiento de un grupo deportivo que escapa a las fauces de clubs y estamentos. Puede surgir con la simple unión de un par de corredores, tal vez tres. En el mejor de los casos, durará muchos años; a veces, pocos minutos. Las incertidumbres están a la orden del día, o quizá no. Es la grandeza del ser humano, de las relaciones sociales que se hacen y deshacen en función de miles de detalles que resulta imposible prever. Porque correr con otras personas no deja de ser una forma de relacionarse, de contarse preocupaciones y hacerse confidencias mientras los pulmones ponen a prueba su capacidad para captar oxígeno y músculos y tendones se alían con la obligación de avanzar. Es algo parecido a lo que pretende la nueva red social de maraton.es, con la lógica diferencia de que en este último caso sólo mueves los dedos de las manos sobre el teclado del ordenador.

La vida sigue

Dentro de cada grupo, casi con independencia de si es más o menos numeroso, sobresalen a menudo las individualidades, personajes que difícilmente se sienten cómodos al actuar como una pieza más de un engranaje colectivo y a la menor ocasión muestran su voluntad de correr hacia (y cuando y donde) les dé la gana. Pero la vida sigue, un topicazo que suena con insistencia en los entierros, las rupturas sentimentales y cualquier tipo de situación en la que se produzca una pérdida. ¿Se ha ido? Ya vendrá otra. U otro. Entiendo que dudéis de mi forma de usar el castellano, pero lo repetiré para que no haya ninguna duda de que lo he puesto a propósito: u otro. Bromas aparte, lo cierto es que, tengan mayor o menor recorrido, los grupos reproducen buena parte de los vicios y problemas derivados de la convivencia. Por mucho que sus componentes estén unidos por vínculos tan fuertes como las zarpas de un tigre, es muy complicado que no acaben surgiendo desavenencias que tarde o temprano llevarán a la disolución.

Afirmación individual

Claro que, como en los matrimonios o las relaciones de pareja, siempre hay excepciones. Todos conocemos a personas que llevan media vida corriendo juntas, tienen toda la pinta de no desear otra cosa que permanecer así y, si les hablas de cambios, su máxima aspiración es ganar unas zapatillas de campeonato. Merecen nuestro aplauso eterno, tal vez nuestra envidia. O quizá no, nunca se sabe. Retrocedamos casi un siglo para fijarnos en Die Brücke. Su figura dominante, Ernst Ludwig Kirchner, se entregaba apasionadamente a sus creaciones e intentaba expresar en la pintura la atmósfera emocional del circo y el music-hall, la alegría y la tristeza que proporcionaba la sexualidad en el detrito humano de la vida urbana. Con un estilo cada vez más frenético y una fragmentación más contundente de los objetos, Kirchner reproducía el ritmo, la luminosidad y el erotismo exhibicionista del hombre de la gran ciudad. Pocos podían seguirlo y se acabó decantando por una vida solitaria en las montañas alpinas. Muchos corredores han hecho algo parecido tras comprobar que lo suyo es afirmarse individualmente y, si puede ser, a solas. Otros, sin embargo, prefieren mil veces correr con alguien más. ¿De qué grupo formas parte tú?

  1. El arte, me gusta.

  2. Vaya, Jennifer, veo que poco a poco te vas aproximando a la causa.

  3. Supongo que debe haber tantas motivaciones personales para correr una maratón como personas participen en ella.No dudo que haya quien lo utilice como una forma de afirmación personal, casi de rebeldía, buscando en el acto de juntarse con otras muchas personas una oportunidad única para hacer aflorar una parte de su “yo” que en su convivencia diaria quizás temen enseñar.Otros por el contrario disfrutan sintiéndose seres anónimos que comparten con otros muchos durante el tiempo que dura la carreran unas mismas emociones y ,porqué no decirlo,también parecidos sufrimientos.Y siempre, por supuesto el tema de la superación personal… En cuanto a la pregunta que nos lanzas, en mi caso, espero algún día volver a lanzarme de nuevo al pelotón como ser anónimo pero, eso sí, sin renunciar a mi identidad.

  4. Los corredores sois unos individualistas, solitarios incapaces de adaptarse a la vida en sociedad. Buscais alejaros de una vida que no va con vosotros: mujer, hijos, responsabilidades…
    Decir que son unos “rebeldes” suena a eufemismo!

  5. A mí, correr me me gusta o de dos en dos o sola, pero no con mucha gente.

    Viernes con humor.

  6. Perfecto, Ramón. Un análisis profundo y conciso que enriquece mi artículo y abre nuevas vías de debate. Ojalá te lances pronto al pelotón y contribuyas a formar la serpiente multicolor.

    Sí,Ana, conozco a muchas corredoras que les pasa algo parecido. La pregunta sería: ¿cuando corréis de dos en dos siempre es con la misma pareja?

  7. Juan Antonio, que me olvidaba de ti. Puede que tengas parte de razón, pero desde luego no toda la razón. Conozco a corredores que pueden entrenar dos horas diarias y mantener una intensa vida social sin olvidarse de la mujer, los hijos y las responsabilidades. Y cuando hablamos de libertad, por lo menos cuando yo hablo de libertad, me refiero a pequeños fragmentos, a momentos. En caso contrario, lo más razonable sería convertirse en un ermitaño.

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