Historias del rugby I

Nada más fácil que establecer paralelismos entre el running y cualquier deporte que implique esfuerzo, constancia y voluntad. Si además se trata de una disciplina en la que, forzosamente, hay que correr, las semejanzas se multiplican y con ellas la posibilidad de crear algún post para este blog. Y si, encima, un amable lector argentino, Elián Femia, me proporciona un material de gran interés, lo más sensato es publicarlo cuanto antes. Creo que tres entregas bastarán, pero lo cierto es que estas ‘Historias del rugby’ –o, casi mejor, los recuerdos de Elián– darían para mucho más.

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El rugby, como el maratón, es un deporte de luchadores Historias del rugby I Historias del rugby I rugby1
El rugby, como el maratón, es un deporte de luchadores

París no se acaba nunca, esa magnífica novela en la que Enrique Vila-Matas revisa con ironía sus días de aprendizaje literario en la capital francesa, es un título tan sugerente y cargado de matices que bien podría servirnos para bautizar un hipotético ensayo sobre la relación entre el running y los otros deportes. Todos se parecen o Deportistas hasta el fin son dos de los títulos –bastante malos, lo admito– que se me ocurren ahora mismo para encabezar esa supuesta serie de artículos, de la que lógicamente formarían parte los que en su día dediqué al culturista Tony Huerta y al motociclista Marc Coma.

Constancia y disciplina

Pero la historia que nos propone Elián Femia trasciende el plano individual para situarse en la esfera del deporte colectivo, en la que valores como la constancia y la disciplina, fundamentales para cualquier deportista, cobran una importancia aún mayor.

Ocho kilómetros

Remontémonos unos cuantos años atrás para situarnos de una vez en el escenario de los hechos, la Provincia del Chubut. Elián tiene dieciséis años y muchas ganas de practicar deporte. El problema es que en esta zona, con una media de dos habitantes por kilómetro cuadrado, la oferta es más bien escasa. Sin embargo, surge la posibilidad de jugar al rugby, en un club situado a unos ocho kilómetros de la ciudad.

Condiciones adversas

Nuestro protagonista se inscribe sin dudarlo. Los entrenamientos se inician justo cuando empiezan a sentirse los primeros fríos. Las temperaturas pueden alcanzar los quince grados bajo cero y el viento supera los cien kilómetros por hora.

Deporte de extremos

Elián pronto descubre que el rugby tiende a los extremos. Los tipos livianos, sin apenas músculo, comparten cancha con armarios empotrados de más de ciento veinte kilos. Sus misiones en el campo son completamente distintas, pero siempre por el bien del equipo. Y nadie se libra de correr. Más o menos rápido, esprintando o al trote, pero todos deben hacerlo aunque jamás hayan dicho sólo quiero correr.

Correr y correr

Al formar parte del grupo de los más grandecitos, les asignan el turno de noche para entrenar. De 20.00 a 22.00, se dedican a correr de distintas formas. Saltando, con pelota, sin pelota, haciendo series de velocidad, practicando la resistencia… Multitud de ejercicios que, independientemente del peso de cada uno, les ayudan a ponerse en forma para los partidos que se avecinan.

Nuevos entrenadores

Ese año tomaron las riendas del equipo dos nuevos profesores. “Mucho no se sabia de ellos. El que dirigía la batuta era un médico, joven, con un carácter que daba miedo. Con solo mirarnos, podía derrumbarnos más que un scrum de los All Blacks. Al otro, que manejaba a los 3/4, lo habíamos visto en algún que otro partido de la primera división del club. También era del bando de los duros”, recuerda Elián.

Cambios substanciales

Lo que no sabía entonces era que su percepción del rugby como deporte estaba a punto de sufrir cambios substanciales, ni tampoco podía sospechar que le tocaría correr más que nunca y de una forma que ni siquiera se había imaginado.

  1. Los tipos que van de duros, como los nuevos entrenadores, o acaban siendo de lo más asequibles o realmente son tan duros como parece o incluso más. Intuyo que éstos serán del segundo tipo.

  2. El rugby nunca me ha gustado mucho. Para mi gusto, tanta fuerza y despliegue físico dan como resultado un deporte más bien aburrido.

  3. Todo indica que así será, Xènia.

    A mí no me parece tan aburrido, Ariadna. Si entiendes las reglas puede llegar a ser hasta emocionante, con jugadas bonitas y tanteos elevados.

  4. Creo que lo único que tienen en común, es que ambos son deportes. En el rugby se corre como en muchos otros deportes, pero de una forma muy diferente a una carrera de fondo. El rugby creo que es un buen deporte de equipo, pero nosotros que vivimos en una sociedad donde el fútbol acapara la máxima atención y difusión, y no deja espacio para casi ningún deporte mas en los medios de comunicación, donde solo el baloncesto, el tenis y el ciclismo, tienen su pequeño espacio.

  5. Sí, ana, rugby. RUGBY.

    Así es, Antoni. Y en la mayoría de los informativos, a lo sumo, se habla de dos o tres equipos de fútbol, un par de baloncesto y un ciclista. Pero esperad a leer la anécdota completa de Elián, es muy instructiva.

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