Historias del rugby (III)

A veces todo es más sencillo de lo que parece. Si son meditadas y responden a un criterio aceptable, las decisiones más simples pueden invertir una dinámica negativa. Hace muchos años, en la argentina Provincia del Chubut, un grupo de jóvenes jugadores de rugby comprobó que el peculiar castigo de su entrenador, que les obligó a trotar ocho kilómetros antes del entrenamiento y otros ocho después, sirvió para mejorar de forma espectacular el rendimiento del equipo. Uno de esos jugadores, Elián Femia, rememora ese episodio para maraton.es.

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En realidad, el castigo del entrenador por destrozar el ómnibus iba un poco más allá. No sólo se trataba de ir y volver corriendo al campo de entrenamiento, sino que además había que hacerlo de dos en dos y con una pareja de características opuestas.

Pesado con liviano

Elián lo explica con más detalles: “De acuerdo con el otro entrenador, que dirigía a los 3/4, decidieron que en las idas y vueltas (16 kilómetros más lo que se hacía en el entrenamiento) correríamos en grupos de a dos. Un foward con un 3/4, es decir, un pesado con un liviano.

Diferencias abismales

“Las diferencias eran abismales”, recuerda Elián. “Los enojos que se escuchaban en las rutas por acelerar o disminuir el paso eran terribles. Pero poco a poco se logró un ritmo uniforme, al igual que los resultados en los partidos. Llegó un momento en el que un medioscrum [el que maneja la pelota, el que decide si corre con los foward o los 3/4] de sesenta kilos podía correr a la par de un pilar de ciento y pico kilos”.

Grandes resultados

El caso es que el grupo se consolidó. “Y todo gracias a los largos trotes que debíamos hacer en pareja. Ese año recorrimos el país, ganando todo lo que se nos cruzaba en el camino. Fuimos los mejores. Y muchos migraron al seleccionado nacional de menores con Los Pumitas”, destaca Elián.

Actividad física y armonía

Muchos años después, nuestro amable lector argentino sigue corriendo de vez en cuando, aunque no tan sistemáticamente como antes. En cualquier caso, sí que camina entre tres y seis kilómetros diarios, imponiéndose unos hábitos que parten del convencimiento de que “la actividad física es vital para estar en armonía”.

Valores fundamentales

Elián Femia asegura que nunca olvidará las enseñanzas de su antiguo entrenador de rugby. “Me han servido para entender que hay que aprender a luchar. La constancia y la disciplina son valores fundamentales para llevar una vida más tranquila, algo que también he transmitido a mis hijos”

Mente y cuerpo

No por ser un tópico deja de ser cierto: “Mente sana y cuerpo sano es igual a cuerpo sano y mente sana. Como bien sabemos, no hay cuerpo sin mente. Y el correr suele encargarse de unir las dos partes”, afirma Elián. Una magnífica aportación a nuestro particular diálogo socrático.

Sorpresa final

El entrenador tuvo un papel decisivo en el episodio que ha dado sentido a este post y los dos anteriores y, aunque no recuerda su nombre, Elián admite que “a pesar de sus métodos se ganó nuestro cariño. Pasamos de un odio rotundo a un amor con mucho respeto”. No sabían casi nada de él, pero ya pasada la primavera uno de los compañeros llevó al entrenamiento la prestigiosa revista de deportes El Gráfico. Mejor que lo acabe de contar Elián: “En la portada aparecía el campeón sudamericano de natación. No hace falta decirles quién era”.

  1. No soy nada partidaria de los castigos corporales, pero en un deporte así me parecen bastante pertinentes y, por lo que parece, efectivos. Supongo que hoy en día sería más complicado hacer algo así, pero al campeón de natación le salió bien y por lo menos uno de sus discípulos le recuerda con cariño.

  2. En este caso los métodos del entrenador fueron positivos y las victorias en el terreno de juego estimularon al equipo, pero, ¿Que habría pasado si no se hubiera ganado? Ayer fui a ver a mi sobrino como jugaba un partido de básquet, perdieron por 68 a 23. Es un gran ejemplo conseguir que estos chavales de 12 o 13 años sigan entrenando y compitiendo. Es importante ganar, pero también lo es saber perder, y creo que los métodos de este entrenador no hubieran sido efectivos si no hubiesen llegado las victorias. Yo lo veo así, ¿Será porque soy un perdedor?

  3. Esta serie, Josep, me ha recordado algunos artículos del Readers Digest que leía hace años que hablaban de historias de superación. Es difícil saber si el método hubiera funcionado en cas de perder, Antoni, aunque intuyo que no.

  4. Sí que estáis “madrugadores” este domingo. Os respondo antes de mi último rodaje largo previo al maratón.

    Tienes razón, Ariadna. Son métodos en desuso, aunque muchos entrenadores, especialmente de gente más joven, todavía siguen recurriendo a ellos; sin llegar, ni mucho menos, a los 16 kilómetros del caso que nos ocupa.

    Lo que comentas es muy interesante, Antoni. En una sociedad competitiva como la nuestra, es importantísimo saber perder, encajar sin problemas las derrotas, entender que sólo se trata de un juego, que no pasa nada, que no siempre podemos conseguir lo que deseamos… Y, como bien dices, el mejor ejemplo es no dar tanta importancia a los resultados adversos. Mi hijo también juega al baloncesto y a menudo pierden por paliza. Siempre le digo: “Está claro que los otros son mejores, pero jugar contra ellos os ayuda a mejorar”. Y de eso se trata, de mejorar como deportistas y como personas. De ninguna manera eres un perdedor, Antoni, aunque entiendo que tu pregunta era retórica. Cuando corremos no buscamos la victoria, porque si fuera así ya no correríamos. Si acaso buscamos una serie de beneficios que, ganemos o perdemos, nos ayudan a superarnos a nosotros mismos. Y esa es, creo, la mejor de las victorias.

    Qué curioso, Laia. De pequeño en casa leíamos el Readers Digest.

  5. Vale aclarar a todos, que mas alla de los resultados, lo mejor de todo esto fue que al correr, conocimos a nuestros pares. Los largos trotes de ida y vuelta, consolidaron el grupo en la parte humana. No se trataba de ganar o perder, creo que eso fue circunstancial. Solo que a esa edad la disciplina no está embebida en los jovenes, y quiza por eso sacamos ventaja de todo el resto.
    Lo realmente glorioso fue darse cuenta que trotar, no solo generaba un mejor estado fisico, sino que nos unió como grupo. Y eso era justamente lo que queria el profesor. Creo que lo consiguió. Los resultados, vuelvo a insistir, no servían de nada, ya que no estabamos federados. A todos lados ibamos como invitados y sorprendimos. La anécdota es que la disciplina, el correr en pareja y ser constante, nos llevó a ser mejores personas y por sobre todo a pensar en un grupo.
    Algo que lo aplicamos a nuestras tareas cotidianas.
    Josep, me alegra que hayas podido volcar esta historia en tu blog.

  6. Muchas gracias por tu colaboración y tus aclaraciones, Elián. Cuando hablé de correr en pareja no ímaginé que pudiera surgir una historia como ésta, que ya ves que ha generado un cierto debate sobre los métodos del entrenador. Un fuerte abrazo desde esta orilla.

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