Interrupciones callejeras (IV)

La mayoría de los corredores populares han protagonizado algún episodio que serviría para nutrir un libro de interrupciones callejeras, repleto de anécdotas que tuvieron lugar mientras entrenaban en calles, parques y caminos. En las anteriores entregas hablé de lo que puede suceder cuando te salen al paso personas o animales a los que no conoces de nada, que quizá ven que estás corriendo pero ni se imaginan que no te apetece en absoluto detenerte o aminorar el paso. También me referí a los posibles efectos de la nieve y las heladas, pero no me detuve en las nefastas consecuencias que puede tener para tu cronometraje encontrarte con alguien que te conoce y parece dispuesto a charlar largo y tendido. Este es el tema de hoy.

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Muchos nos hemos encontrado con algún \"amigo\" por la calle Interrupciones callejeras (IV) Interrupciones callejeras (IV) risa1
Muchos nos hemos encontrado con algún "amigo" por la calle

Seguro que en manos del escritor Eugenio López García, autor entre muchos otros libros de Vapor de sangre y Cumbre y derrumbe, argumentos de este tipo darían lugar a agrios y sarcásticos comentarios sobre la naturaleza humana, con apuntes hilarantes, ráfagas de ternura y, tal vez, un cierto tono de fracaso moral. Pero, que yo sepa, el poeta de Griñón no corre, sólo boxea, y por lo tanto tendréis que conformaros con mis apuntes, fruto de la experiencia y la observación. Eso sí, si os habéis quedado con las ganas de saber cómo escribe Eugenio podéis echar un vistazo a uno de sus blogs: Diario de un esqueleto.

Hacernos parar

Cuando tenemos prisa y necesitamos mover el esqueleto a mayor velocidad que de costumbre, a menudo nos asalta la sensación de que todo se alía para obligarnos a ir más despacio. Los semáforos, el conductor de delante, ese ascensor que no acaba de bajar… A los corredores que salimos a la calle –quizá no con la intención de cronometrarnos pero sí por lo menos de correr sin pausas– nos suele ocurrir algo parecido. De vez en cuando aparece algún amigo o conocido dispuesto a charlar largamente con nosotros.

Situación incómoda

Es una situación bastante incómoda, porque si no le has visto desde hace meses o años no queda demasiado bien pasar de largo y decir “Me alegro de verte, adiós”. Pero a veces no hay más remedio, sobre todo si llevamos un buen ritmo y no estamos dispuestos a cortarlo para soltar las cuatro tonterías que se acostumbran a decir en estos casos. ¿Cómo va la vida?, Bien, gracias. ¿Y tú? También bien; bueno tirando. ¿Y tu mujer? Muy bien, gracias. ¿Y la tuya? También. ¿Y tus hijos? Creciendo, creciendo. ¿Y los tuyos? Imagínate, cada vez me hacen sentir más mayor.

Complicaciones

La cosa se complica si el otro o la otra tienen algo especial que contarte. Si es así, de nada te servirá trotar ostensiblemente sobre el terreno, porque no dejarán de hablarte hasta que desaparezcas de su vista, posiblemente quedando como un insensible o un maleducado. Ajenos a la filosofía, las maratones y las confusiones, ni se les pasa por la cabeza que si sales a correr es para correr, no para detenerte en cualquier esquina para hablar sobre la importancia de los bosques de bambú en la alimentación del panda gigante.

No pareis jamás

Mi consejo es claro: a menos que tengáis un interés especial en deteneros, fingid que no les veis. Si resulta completamente imposible, saludad con mucho entusiasmo pero no paréis jamás. También ayuda mucho tener preparada alguna frase corta y tajante: “No puedo parar”, “¡qué pena, hasta pronto!” o cualquier otra que dé a entender que tenemos muchísima prisa. Puede que suene algo egoísta, pero es la única manera de que nos dejen correr a nuestro aire.

  1. Jajaja, Josep, lo que propones no deja de ser lo mismo que ya hacemos muchas veces en la vida diaria aunque no estemos corriendo. “Lo siento tengo mucha prisa” es una de mis frases favoritas.

  2. Inés Cebrián 19 Enero 2009, 14:27 pm

    Ir sin prisa es lo que últimamente me estoy proponiendo porque lo que haces sin límite de tiempo es mucho más plácido que hacerlo a contrarreloj. En este sentido, si voy por la calle y conozco a alguien no me importa parar y charlar tranquilamente, en la mayoría de las veces, es un auténtico placer que os recomiendo a todos.

  3. Josep Pastells 19 Enero 2009, 14:35 pm

    Interesante debate, Xenia e Inés. En mi caso, depende de muchos factores. Si voy andando, no tengo prisa y la persona me cae simpática, no me cuesta nada pararme a charlar un rato, en la línea de Inés. Pero muchas veces no me apetece en absoluto hablar con esa persona, lo hago por compromiso y me escabullo lo antes posible o, directamente, hago como Xènia y ni siquiera me paro con cualquier excusa.

  4. Míralo por el lado más positivo, yo creo que vas por el buen el camino, aunque te interrumpan. La mayoría de las veces un camino sin obstáculos no lleva a ninguna parte.

    Y ten cuidado con lo que dices, porque muchas veces cuando se habla deprisa se pueden decir cosas que uno no ha pensado.

    Otra opción, es como ya te han dicho, que corras en una pista. ¡Qué triste y aburrido suena!

    Yo seguiría arriesgando.

  5. Josep Pastells 19 Enero 2009, 18:36 pm

    Tienes razón, Ana: los obstáculos son parte del interminable aprendizaje vital. Por otra parte, muchas veces me ocurre eso que dices de no pensar y mientras hablo me pregunto ¿pero qué estoy diciendo? En cualquier caso, creo que seguiré arriesgándome.

  6. elhijodelchato 27 Enero 2009, 22:19 pm

    A veces pienso en el enfado que me pillo cuando tengo prisa y alguien (o todos) se encargan de que parezca una bola de pinball, sobre todo teniendo en cuenta el ancho medio de las calles de Madrid. Como dices, da la sensación de que todo el mundo está en contra y acabo insultándolos por lo bajo al paso que les voy adelantando. Quizá lo que más rabia me da es que no sean conscientes de nada de lo que ha pasado y sus vidas no varíen.

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