La conquista de Milán

Tenía que ser un trío, pero una lesión inoportuna impidió que Ignasi Montoya participara con su hermano Pau y Santi Sapena en el Maratón de Milán, que se celebró el pasado 23 de noviembre en la capital de Lombardía. Demostrando ser un magnífico deportista, Nacho encajó perfectamente la adversidad y decidió acompañar a Pau y Santi en el que iba a ser su quinto maratón. El dúo gerundense arrastró también a parte de la familia en su visita a una ciudad que, entre otras vicisitudes históricas, ha sido invadida por Aníbal, saqueada por Barbarroja y ocupada por austriacos y franceses. Poco se esperaban los habitantes del valle del Po que en pleno siglo XXI llegaría el turno de Sapena y Montoya, pero aquí está la crónica de su conquista.

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Viajar a Italia equivale a remontarse a todos los tiempos de la historia, a rememorar las tempestades del espíritu humano y aprender de las hondas heridas abiertas por los siglos. Viajar a Milán, punto de convergencia de las tres grandes rutas transalpinas y centro industrial y económico del país, obliga a un esfuerzo adicional: no basta con aunar pasado y estética, sino que conviene abrir el corazón y el cerebro para captar el inmenso esfuerzo intelectual que ha convertido el antiguo Estado de los Visconti en un símbolo de modernidad. Conscientes de ello, los atletas de Girona dedicaron al turismo la jornada previa a la gran cita, sintiendo ya que el corazón les saltaba de entusiasmo en el pecho incluso antes de ponerlo a 140 o 150 pulsaciones por minuto.

Buenas vibraciones

El test de la semana anterior, la media maratón de Ripoll, se había saldado con buena nota y tanto Pau como Santi presentían que podían lograr algo grande, demostrarse una vez más que festejar la madurez a ritmo de maratón había sido una gran idea. En cuanto a Ignasi, que desde la citada media no había tenido buenas sensaciones y tras visitar al fisioterapeuta decidió que sería mejor dejarlo para otra ocasión, afrontó esta nueva prueba con una animación inesperada que le convirtió en un virtuoso de la asistencia técnica.

La maratona piu veloce

Llega el domingo. Festín de colores en las calles. Frío, mucho frío. Seis mil corredores inscritos y todos los ingredientes para que la jornada sea rica en emociones. Pau y Santi calientan con moderación. La distancia es muy larga y lo más inteligente es no dejarse llevar por la tentación de correr a tope desde el principio. La maratona piu veloce de la Italia, reza el eslogan de la prueba, con un recorrido totalmente llano que puede hacer perder la cabeza a más de uno. Pero tras el pistoletazo de salida, cuando los dos amigos se dan la mano deseándose la mejor de las suertes, puede comprobarse que si algo les sobra es preparación mental.

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Pau y Santi conquistaron su particular pedacito de gloria en mitad del caos creativo de Milán

Buena salida

El doctor Montoya sale fuerte, pero no tanto como podría. A un ritmo de 4.30 por kilómetro que, de mantenerse, le aseguraría su mejor marca personal. El profesor Sapena, que domina como nadie los entresijos de las matemáticas, regula su esfuerzo con la precisión de una computadora: a 5.20 y va que chuta, que el objetivo no es otro que bajar de las cuatro horas.

Esto es Italia

Pronto se hace evidente que esto es Italia, país de ciudadanos anárquicos de sangre caliente. Guerra de cláxones, gritos e insultos, vehículos que intentan saltarse las barreras colocadas por la organización… Si esto ocurriese en Barcelona, Pau y Santi se morirían de vergüenza, pero es Milán y ya sabemos cómo son los italianos. Capaces de recitar en voz alta los versos de Virgilio mientras se lían a mamporros con el primer desconocido que mira la falda de su mujer. Perfectamente capacitados para organizar un maratón que no deja ningún detalle a la improvisación pero nada dispuestos a entender que una carrera de este tipo exige cortar las calles durante unas cuantas horas.

Avance del dúo gerundensis

La ira de muchos conductores no puede detener el avance del dúo gerundensis. Ignasi les espera en puntos estratégicos para darles lo que necesitan: energía física y apoyo mental. Ánimos, muchos ánimos, campeones, les grita siempre que tiene ocasión. Y funciona, está claro que funciona. Pau y Santi siguen a su aire, sin permitir que los kilómetros que aún quedan por recorrer empiecen a pesarles más que los ya cubiertos.

Recorrido poco artístico

A pesar de los numerosos encantos artísticos que posee la ciudad, el recorrido del Maratón de Milán no es demasiado atractivo. Sólo el Duomo, la obra maestra del arte gótico italiano, y el castillo de Sforzesco podrían distraer la atención de nuestros héroes, pero están demasiado concentrados en el esfuerzo, sabedores de que cada zancada les aproxima a la meta.

Últimos kilómetros

A partir de las tres horas está demostrado que te quedas sin fuerzas. Es lo que se conoce como el muro. Se agota el glucógeno y tienes que tirar de las grasas, un combustible de peor calidad que, quieras o no, te obliga a ir más despacio. A menos que tu fortaleza mental sea tan grande que obligues a tus piernas a seguir al mismo ritmo hasta el final. Esto sólo lo consiguen los maratonianos experimentados, una categoría en la que, por qué no, podríamos empezar a incluir a los tres protagonistas de este post. Pau, Santi y, por supuesto, Ignasi.

¡Bravísimo, Pau!

Cuando el cronómetro acaba de llegar a las tres horas y catorce minutos cruza la meta un atleta vestido con camiseta azul oscuro con ribetes celestes. Levanta los brazos en señal de júbilo. No es para menos. Acaba de lograr su mejor marca y apenas aparenta cansancio. ¡Bravo!, ¡Bravísimo, Pau! Eres un fuera de serie. Superados los cuarenta y dos años sigues explorando tus límites, ampliándolos, abriéndote nuevos horizontes.

¡Grandísimo, Santi!

Todavía quedan tres minutos para alcanzar las cuatro horas. Un atleta vestido exactamente igual que Pau y de su misma edad completa los últimos metros. Lleva gorra blanca y unas gafas oscuras que nos impiden ver sus ojos. Pero sabemos que brillan de alegría. ¡Grande!, ¡Grandísimo, Santi! También tú eres un campeón. Cinco maratones en tres años y esto no va a quedar así.

  1. Emocionante, nen. Alegra comprobar como Pau y Santi (que, de alguna manera, ya pertenecen a este blog) exploran sus límiotes y los rebasan. Y de paso le pegan un corte de mangas al paso del tiempo.

    Buena descripción de Milán y el carácter de su gentes (y eso que son algo así como los vascos de aquí, por lo de contenidos y nobles, del país trasalpino). Ojalá algún lector te traslade su experiencia concreta y la alquimia de vos lo convierta en literatura.

  2. Felicidades a Pau, Santi e Ignasi. Mi aplauso para los tres, empeñados en hacer turismo atlético y plantar cara al paso del tiempo. Y también felicidades a ti, Josep, enemigo de los automatismos y amante de cumbres y abismos.

  3. Cinco maratones en tres años, qué bestialidad!!!! Cómo es posible tantas energías??? Esto me contagia, me voy a correr ahora mismo, aunque se para comprar el pan…

  4. Gracias, Xènia y Pedro. La verdad es que estos chicos son unos fenómenos y, además, buena gente.

    Ve con cuidado Inés, no sea que con las prisas pierdas alguno de los tacones.

  5. Ejem, con la velocidad de la lectura, se me pasó ayer dar mi felicitación a Ignasi. Bravo por los 3.

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