La Maratón y los problemas de identidad

Qué complicado se torna todo cuando tienes que participar en una competición como la de Maratón, pero todas tus motivaciones son removidas de manera irrefutable por un tercero. Nadie entiende verdaderamente como podría competirse en una carrera como ésta representando una bandera distinta a la que cada quien lleva con mucho arraigo dentro de sí. Es por lo anterior que el presente artículo tiene una vital importancia, pues muestra que muchas veces la motivación puede renovar un motivo olvidado o modificado sin el propio querer.

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El coreano Sohn Kee Chung fue el vencedor de la maratón de los Juegos de 1936, pero en el equipo del invasor japonés La Maratón y los problemas de identidad La Maratón y los problemas de identidad sohnkeechung
El coreano Sohn Kee Chung fue el vencedor de la maratón de los Juegos de 1936, pero en el equipo del invasor japonés

Como un deporte de alto rendimiento y donde todos los países quieren llevar lo mejor de sí para obtener la victoria, se dan ciertos problemas quizás impensados hoy en día. Sin embargo, cuando hay problemas geopolíticos de por medio, puede que una de las más grandes herramientas de un corredor de maratón resulten lastimadas: el amor por su país.

Maratón Olímpica de 1936: Una prueba que va más allá de los 42.195 metros

Ésta es la historia de dos corredores coreanos que en la maratón olímpica de 1936 en Berlín tuvieron que correr amparados por una bandera que no era la propia y con colores que no eran los que llevaban en el corazón. Sin embargo, mostrando temple de acero y ganas de demostrar de lo que estaban hechos, consiguieron el primero y tercer lugar en aquella olimpiada. Por aquellos años Japón comenzó una ofensiva terrible sobre los países cercanos como Corea y China, por lo que, para las competencias llevadas a cabo en Berlín, se seleccionaron deportistas de aquellos países como si fueran nacionales japoneses. Pero la realidad de estos era absolutamente distinta, pues estaban obligados a llevar una bandera ajena e invasora.

En 1931, fue seleccionado el coreano Sohn Kee Chung para representar a Japón en las olimpiadas de Berlin, pero no lo haría con su nombre original sino bajo el de Kitie Son. Fue el mismo caso que su compatriota seleccionado para el mismo efecto: Nam Seung Yong. A pesar de todos los problemas que esto acarrea en el interior de una persona, el resultado fue soberbio, pues se consiguió el primer y tercer puesto. Sohn Kee Chung logró hacer la mejor marca olímpica con dos horas, veintinueve minutos y veinte segundos. Sin duda, todo un espectáculo para quienes tuvieron la oportunidad de verlo en vivo.

Pero no solamente se puede hablar de la excelente carrera de Sohn Kee. También del esperado duelo entre el argentino Juan Carlos Zabala (que venía unos pocos meses antes de batir el record mundial de los diez mil metros en treinta minutos y cincuentaiséis segundos) y el exponente coreano. Como era de esperar, el duelo fue de clase mundial, pues al comienzo, el argentino mostró todo lo que tenía en su haber con un tren infernal, casi inalcanzable para cualquiera. Pero el problema ocurrió para él cerca del kilómetro 28, donde tuvo que bajar considerablemente el ritmo de carrera y se vio sobrepasado por Sohn Kee Chung. Tras un esfuerzo sobrehumano termina por abandonar, pues no puede continuar corriendo.

Cuando el orgullo se lleva por dentro

Conforme sigue la historia, Sohn Kee Chung entra al estadio con dos minutos de ventaja sobre el británico Harper, por lo que fue indiscutiblemente el campeón de la justa olímpica. A pesar de eso, él y su compatriota Nam Seoung se sintieron muy frustrados cuando al ganar, se levantó una bandera que no era la de su país y se tocó un himno que tampoco correspondía a lo que realmente eran. En sentido de protesta y con la delicadeza oriental precisa, para evitar represalias, simplemente bajaron la cabeza en señal de impotencia por la circunstancia que les rodeaba.

Cuentan luego que, llegado a Seúl, Sohn Kee Chung fue tratado como un verdadero héroe nacional, y que el diario correspondiente hizo una publicación con la obtención del podio pero censurando la bandera japonesa que aparecía en la imagen, cuestión que le costó el cierre diario por varios meses. A pesar de todo lo anterior, Sohn Kee Chung tuvo el placer de ser parte de la delegación de Londres 1948 con su país Corea, y de igual forma en 1988 fue elegido por sus pares para llevar la antorcha olímpica al estadio de Seúl.

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