Sí, muy bien, ganó el Sur. ¿Pero a ti como te fue?
Las reglas eran muy claras. Resultaría ganador el equipo que, sumando todas las marcas de los componentes que tardaran menos de una hora y cuarto, lograra completar los diez kilómetros en menor tiempo. Se trataba de una iniciativa bastante original (sólo ha habido precedentes en Londres y Sidney) que dividía la capital española en dos bandos que en realidad formaban un solo bloque, el de los atletas populares con ganas de sobrevivir al maremoto apático un domingo por la mañana.Novelas y divisiones
Norte contra Sur es, por ejemplo, una novela de Julio Verne ambientada en la Guerra de Secesión norteamericana, pero también es una forma de ver el mundo, de dividirlo en dos partes en función de diversos parámetros que, en la mayoría de las ocasiones, favorecen al norte. Tal vez por eso (o quizá porque ya hace años que vivo en Getafe) corrí por el sur. Y celebré nuestra victoria con la satisfacción de saber que, a diferencia de tantas otras victorias que celebro (pienso, por ejemplo, en el Barça), había contribuido a ella con mi esfuerzo personal, con mis piernas y mi sudor.
Participar y disfrutar
Ganó el Sur, sí, pero podía haber ganado el Norte y hubiera dado exactamente igual. Porque de lo que se trataba, de lo que se trata siempre en el deporte aficionado, era de participar en una gesta dominguera y disfrutar, de sentirse partícipes de un espíritu colectivo que nacía del deseo de cansarse con ganas para luego disfrutar de un descanso reparador.
Comerse el domingo a zancadas
Puede que alguien nos tomara por locos, por una legión de atletas dementes que con sus camisetas verdes y naranjas anteponían su deseo de comerse el domingo por la mañana a zancadas a actividades quizá más placenteras y sugerentes. Pero está claro que ese alguien no corre, que ese alguien no sabe lo que se siente cuando cortas el aire mientras te deslizas sobre el asfalto.
