Muchas veces, cuando queremos referirnos a un corredor que va lento o muy lento, lo comparamos con una tortuga, ese reptil terrestre con los dedos reunidos en forma de muñón que acostumbra a protegerse con su coraza y no se caracteriza precisamente por su rapidez. Si decimos que un runner parece una tortuga es obvio que nunca o casi nunca nos estamos refiriendo a su aspecto, sino a su falta de velocidad. Puede que para algunos correr lento sea algo parecido a un defecto, pero siempre he pensado que el simple hecho de correr, sea al ritmo que sea, ya tiene un gran mérito.

Se suele comparar a los corredores lentos con tortugas
Todo depende
Si todo es relativo, ¿quién puede determinar dónde está la línea que separa la lentitud de la rapidez? Según mi modesta opinión, si nos olvidamos de los atletas de alto nivel lo más lógico es que esa línea la establezca cada uno en función de sus características físicas y sus circunstancias personales. Volvamos a los diez kilómetros. Por lo general, un corredor de cien kilos nunca podrá correrlos tan rápido como uno de cincuenta; ni uno de setenta años como uno de treinta.
Cuestión de comparar
Otra cosa es partir de los registros medios y compararse con ellos. Por ejemplo, si en una carrera de 4.000 participantes la media de tiempo para completar los diez kilómetros es de 50 minutos y yo consigo hacerlo en 47, tendremos que admitir que he corrido más rápido que la media. Incluso puede que haya sido mucho más rápido que el último clasificado, que ha tardado digamos que una hora y diez minutos. Pero eso no significa, ni mucho menos, que yo sea rápido, porque a lo mejor el ganador ha tardado un cuarto de hora menos que yo. ¿Es rápido él? Aparentemente sí, pero no si lo comparamos con el keniata Paul Tergat , capaz de correr los diez mil metros en menos de 26 minutos y medio.
¿Quién es rápido?
Ya lo tenemos: Paul Tergat sí que es rápido. ¿Seguro? En los 10.000, sí, está claro, pero hazle correr los cien metros al lado del jamaicano Usain Bolt. Entonces, podríamos concluir, Bolt es el rey de la velocidad pura. Si lo comparamos con una tortuga o con Tergat está claro que sí, pero habría que verle compitiendo con un guepardo.
Un poema de Primitivo Oliva
En cualquier caso, me gustaría dejar claro que siento un gran respeto por los corredores tortuga. ¿Cuándo un corredor puede ser calificado de tortuga? Tendríamos que pensarlo con calma, pero como homenaje a todos ellos me permito dedicarles, con permiso del autor, el poema Tortugas, de Primitivo Oliva.
¡Que las piedras se desplacen…!
Y las piedras se movieron.
Es cierto que con un ritmo
afanosamente lento
y verdad que se parecen
a rocas, por su silencio.
Ellas, igual a las peñas,
pasan yertas el invierno.
Razón es que, bien mirado,
muestra solidez su aspecto.
Mas nadie dice que tengan
un corazón de cemento.



Confieso que más de una vez me he sentido un corredor tortuga, con el agravante de que no me gusta nadar.
Me gusta la gente sólida, aunque vaya lenta.
Jajaja Ricard, entonces eres (con todos los respetos) una tortuga terrestre.
No es mala filosofía, Laia.
¿Gente sólida, Laia? Esa expresión me suena al tío Cary Grant riéndose de sí mismo. Sí a mi también me gusta la gente sólida y esa preferencia aplicada al atletismo señala a gente que conoce sus limitaciones y se esfuerza por superarlas.
Gente anónima que convierte la carrera diaria en un motivo de orgullo y satisfacción. Hay cientos de ellos en los parques. Nunca me cansaré de admirar que haya tantas personas dispuestas a evolucinar sus músculos en un ambiente que no invita a ello.
Bravo, Josep! Ya era hora que alguien se acordara de los lentos. Te pasas un poco comparándonos con las tortugas del poema pero venga va te perdono.
Pues sí, Pedro, es algo digno de admiración aunque la mayoría no nos parezcamos a Cary Grant.
Gracias, Zacarías. Me alegro de que seas tan magnánimo.
Siempre he creído que lo nuestro era muy digno. Ahora, gracias a Dios, lo he confirmado.