Ley de Murphy para corredores (II)

¿No os ha ocurrido nunca? Te está pasando algo pero parece imposible que te esté pasando. Te sientes como si acabaras de despertarte, abrieras los ojos y tuvieras la impresión de haber estado sumergido en la nada y emerger en un espacio desconocido donde no deseas quedarte ni un minuto más. Pero no podía irme corriendo y dejar el coche allí tirado. O sí, claro que podía, pero participar en la carrera de Paracuellos sin haber resuelto el problema mecánico me parecía demasiado irresponsable incluso para mí.

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Segunda entrega de mi experiencia \"murphyana\" en la Maratón de Paracuellos Ley de Murphy para corredores (II) Ley de Murphy para corredores (II) maraton8
Segunda entrega de mi experiencia "murphyana" en la Maratón de Paracuellos

Faltaban tres cuartos de hora para el inicio de la carrera y, sin saber qué hacer, permanecí un rato completamente inmóvil. Sentado al volante, con el freno de mano puesto y el último éxito de Nena Daconte sonando a todo volumen en la radio, me hubiera encantado hundirme en una somnolencia que derivara en un sueño largo y profundo que me devolviera a mi cama. Pero de pronto reaccioné. Con un profundo suspiro, abrí la puerta del coche para analizar la situación desde el exterior. Era evidente que tenía que ponerme el maldito chaleco reflectante, colocar el triangulito y hacer todo lo posible para que alguien me ayudara.

Ayuda inesperada

Tengo suerte. Un Fiat blanco conducido por una chica morena se detiene a mi lado justo cuando empiezo a preguntarme a qué distancia tengo que poner los triángulos de seguridad. Uno delante y otro detrás, de eso me acuerdo, pero ¿a cuántos metros? Unos cincuenta, me dice ella cuando, casi sin darme cuenta, creo que sin ni siquiera saludarla, le pregunto lo que me está pasando por la cabeza. Bajo su atenta supervisión, monto los triángulos, mido las distancias y los coloco cuidadosamente sobre el asfalto. ¿Has llamado al servicio de asistencia?, se interesa ella. No llevo móvil, soy un desastre. No sirvo ni para aprendiz de héroe, añado sin percatarme de que no sabe de qué le estoy hablando y posiblemente me tomará por un tarado. Toma, coge el mío, me dice sin inmutarse. Busco el número, llamo y les informo de mi situación. Le devuelvo el móvil a la chica morena y le doy las gracias. Estoy a punto de preguntarle si por ventura es maratoniana, pero no me atrevo. Suerte, me desea antes de desaparecer con su Fiat blanco.

Distintas caras de la suerte

Miro el reloj. Aunque se resolviera todo en veinte minutos, ya no tendría tiempo de recoger el dorsal que me ha asignado la organización, el 615, y participar en la carrera. Andanadas de frustración. Y la idea nada infundada de que, a pesar de la buena suerte en forma de ayudante imprevista, he tenido mala suerte. La certeza de que mi preparación ha sufrido un nuevo revés, de que tendré que espabilar. Cuando llega el camión de asistencia, el conductor me dice que he tenido suerte, que podría haberme matado. Añade que podrán revisar el coche esta misma mañana. Ya en Colmenar vuelven a decirme que no es tan grave. La caja de cambios. 300 euros. ¡Qué afortunado soy!, pienso yo.

La gracia final

Al día siguiente recibo un correo del Club de Atletismo Paracuellos. Resultados de la carrera, reza el título. Lo abro y leo: Josep, con dorsal 615, te informamos de que tu tiempo neto en la carrera popular ha sido: y tu puesto ha sido el: Dos blancos incontestables que me suenan a regodeo, pero imagino que lo tienen informatizado y se lo envían a todos los inscritos. Pocas horas después me llega otro correo de Paracuellos. En el asunto pone Corrección de tiempos. Lo abro por simple curiosidad. Pone exactamente lo mismo que antes pero añade dos blancos más, los que siguen a mi tiempo bruto y a mi paso por los cinco kilómetros. Está bien. Capto la indirecta. El año que viene regresaré a Paracuellos. Y, con un poco más de suerte, cumpliré.

  1. Uops, qué decir, la nada no es muy estimulante, Josep. Pero estoy convencido de que en ella también habita la buena literatura (ejemplos no faltan).
    Por un momento, he pensado que todo iba a salir bien. Pero, claro, esto no es una película. Sea como fuere, consuélate, apóstol del running, pensando en lo que te dijo el del servicio técnico: pero, chico, que la podías haber espichao…Pues eso, que me alegro de que sigas con esta ventana abierta, para contagiarnos tu pasión por las carreras.

  2. Y seguro que era una “chica”, más bien parece el ángel de la guarda. Desde luego que eres un afortunado!!!! Hay que ver las cosas por la cara buena, imagínate que la avería hubiese sido peor o que hubieras tenido un accidente. Ahora sólo queda esperar que tengas una buena aventura, y desde luego, que nos lo cuentes como tú tan bien haces.

  3. Sí, Ángela, yo también intento ser positivo, superar los pequeños o grandes percances cotidianos y extraer de ellos una lectura positiva. Para mí la mejor aventura sería acabar el maratón de Barcelona en menos de cuatro horas. Y espero explicarlo, claro que sí.

    Me ha gustado lo de apóstol del running, Pedro. ¿Crees que podríamos patentarlo? Pero claro, no acabo de verme con barba y menos aún con largas melenas.

  4. Menos mal que corrigieron los tiempos y te pusieron en el lugar adecuado de la clasificación. Primer puesto de la carrera del infortunio.

  5. Lo del puesto en blanco sí que me parece justo y que habría que patentarlo: que cada uno se ponga el puesto que crea justo según sus contratiempos personales.

    Suerte para la próxima.

  6. Estoy de acuerdo con Ángela, creo que la chica del Fiat blanco, en realidad era tu Ángel de la guarda, disfrazado de chica morena. Pero bueno, no era tu día, quédate con lo que te dijo el de la grúa, podías haberte matado (el que no se consuela es porque no quiere). A esta carrera, ya volverás el año que viene, y si no, supongo que habrá mas. El otro día, en la carrera de Caldes, oí un comentario, que decía que el tiempo que generalmente se puede hacer en un maratón, es el que haces en el medio maratón, multiplicado por dos mas veinte minutos, o sea, que según esta teoría, para bajar de las cuatro horas, debes bajar de uno cuarenta en el medio maratón. Ánimos.

  7. Sí, elhijodelchato, en el fondo me siento el ganador. Como dice Ana, cada uno tiene derecho a encabezar su propia clasificación y en infortunios no me superó nadie, o eso creo.
    Exacto, Antoni, hay que mirar hacia adelante. Los cálculos que me comentas son más o menos los que hago yo, pero no aplicados al día del maratón. Es decir, ese día preveo ir más lento y, como muy rápido, pasar la media en 1.45. Ya veremos,aún falta mucho y la maquinaria no está a punto.

  8. Si claro, yo me refería a que debes hacer el medio maratón en menos de uno cuarenta, pero me refería a cualquier medio maratón que hagas antes del maratón.

  9. En este caso, la Ley de Murphy fue más piadosa contigo que en la primera parte de este post.

  10. En ello estamos, Antoni. A ver si soy capaz.

    Cierto, Inés. La verdad es que nos quejamos de vicio: todo puede empeorar.

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