Los días contados

La novela ‘Los días contados’, que abre la formidable ‘Trilogía transilvana’ de Miklós Bánfly, transcurre en los albores del siglo XX y está llena de grandes cacerías, duelos, bailes suntuosos, carreras de caballos y banquetes que no son más que el telón de fondo de la caída del imperio austrohúngaro. En este sentido, el título de la novela no puede ser más profético, ya que se trata del retrato de una clase social que está a punto de desaparecer para siempre. A simple vista, no parece que tenga muchas conexiones con este blog, pero si seguís leyendo puede que descubramos más de una.

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El maratoniano vive contando los días

Si nos tomamos estas tres palabras al pie de la letra, pero sin pensar para nada en nuestra condición de mortales (ni, por lo tanto, en el tiempo que nos separa de la muerte), deberemos admitir que todos, corredores o no, tenemos los días contados para algo: para empezar a entrenar, para iniciar o finalizar nuestras vacaciones, para emprender un viaje… Las posibilidades son infinitas, pero como estamos en un blog de maratón me centraré en las que me parecen más frecuentes.

Dos fases

Desde mi punto de vista, la vida de un maratoniano podría dividirse en varias fases en las que siempre tiene los días contados para algo. Siendo muy esquemáticos, creo que podríamos reducirlo todo a dos fases: 1) Tiene los días contados para correr un maratón. Por ejemplo: sabe que le quedan cuatro meses casi exactos para participar en el de San Sebastián; 2) Justo al acabar la prueba, tiene los días contados para decidir cuándo y dónde correrá el próximo maratón; este punto es menos ortodoxo que el anterior, porque en realidad no se trata exactamente de una cuenta atrás, pero el auténtico maratoniano la vive como tal y no empieza a respirar tranquilo hasta que ha decidido una nueva fecha y, en consecuencia, vuelve a tener los días contados para correr un maratón.

Impaciencia y objetivos

Estas dos fases, o cualquier otra que podáis aplicar a vuestra situación personal seáis o no maratonianos, acostumbran a ir acompañadas de una cierta impaciencia, lo cual equivale a decir que nos pasamos la vida esperando algo y cuando ese algo se produce buscamos otro objetivo para continuar deseándolo y esperándolo. Y así indefinidamente, que quizá de eso va la vida. Ya lo hemos comentado alguna vez. Hay senderos que se acaban, sin duda, pero siempre podemos coger otros, renovar objetivos.

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