Maratón: Rompiendo las barreras, primera parte

Tal y como les ocurre a los amantes de la maratón hoy en día, a los aguerridos participantes de antaño también les preocupaba el hecho de llegar a completar una maratón sin problemas, sin embargo en la década de los sesenta no era sólo esa la preocupación que rondaba sus cabezas, sino que la de superar los cronos establecidos por ellos mismos o por otros.

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La historia de la modalidad de maratón es la historia de la superación humana Maratón: Rompiendo las barreras, primera parte Maratón: Rompiendo las barreras, primera parte maraton6
Algunos de los clásicos rompedores de esquemas en la historia de la Maratón, son por ejemplo Dorando Pietri, aquel corredor de esfuerzo extremo que revolucionó Londres tras un esfuerzo sobre humano. Y fenomenales maratonistas como Abebe Bikila que superaron los records establecidos; llegan otros que buscan desesperadamente romper los records establecidos, de ahí que la maratón dé otro vuelco impresionante en su historia.

Rompiendo la barrera de las 2 horas 10 minutos

Poco a poco los responsables de organizar las maratones se dieron cuenta que tras la frenética búsqueda del tiempo perfecto no podían seguir exigiéndoles esfuerzos supremos a los corredores solamente, sino que además era necesario organizar de manera adecuada las competencias y verificar que las condiciones en la que éstas se desenvolvían fueran precisas como para extremar el esfuerzo, es así como los clásicos campeonatos de verano con altas temperaturas cedieron luego de la maratón de Fukuoka en Japón.

Tras una organización suprema en Japón, se logró finalmente comprender no solo que la intermitencia de las olimpiadas y campeonatos importantes cada cuatro años no era óptima, sino que además que un clima fresco contribuye enormemente a que los corredores den lo mejor de si sin extremar la fatiga más de lo necesario. Conforme reza nuestro título, el primer gran corredor que logró bajar de las 2 horas y 10 minutos fue el gigante australiano Derek Clayton.

Derek Clayton con 1.88 centímetros de estatura logro la proeza de bajar el crono establecido en los sesenta y realizó un tiempo de 2 horas, 9 minutos y treinta y siete segundos, sin duda que un tiempo inesperado y excelente. A este magnífico corredor se le compara con la hazaña realizada por Roger Bannister quien supera la conocida barrera de los cuatro minutos en la carrera de la milla. Dos años más tarde, Clayton vuelve a batir su record por casi un minuto, el que sólo será superado unos años más tarde por el compatriota Robert de Castella el 69 de Diciembre de 1981 con un tiempo de 2 horas con 8 minutos y dieciocho segundos.

Cuidado con los entrenamientos, no se trata de sólo entrenar

Los expertos mencionan el hecho de que tanto Clayton como Castella son dos grandes corredores que deben sus buenos resultados al increíble tipo de entrenamiento que poseían, con lo que de inmediato hacemos una relación respecto de lo que pasaba en las maratones antiguas, dando proponderancia a la potencia física y espíritu indomable de los corredores, mientras que hoy se tiene como prioridad una buena estrategia y un plan de acondicionamiento adecuado y riguroso.

Sin embargo a pesar de que se elogiaban los 200, 250 y hasta 300 kilómetros semanales que recorrían estos dos astros de la maratón en sus entrenamientos, luego se comprobó que repercutía de manera negativa en la parte artromuscular, por lo que no hay que extrañarse de saber que el mismo Clayton tuvo que ser intervenido varias veces por el mismo inconveniente.

Así como los australianos recién comentados, es necesario recalcar que habían otros grandes corredores en la época que hacían lo propio en las distintas maratones en las que participaban, por ejemplo Frank Shorter, Bill Rodgers y Alberto Salazar (americanos) quienes realizaron espléndidas campañas en carreras muy importantes del momento. Por otra parte otro digno representantes eran los hermanos Soh, Akio Usami, T. Nakajama, Shusi Morita (japoneses) entre otros.

Dentro de lo destacable de Frank Shorter está el hecho de haber sido campeón olímpico de Münich en 1972 y durante cuatro ediciones de la marmaratón Fukuoka (1971, 1972, 1973 y 1974). Bill Rodgers por su parte a pesar de no ganar ninguna olimpiada era considerado como el indiscutido rey del asfalto en Boston (1975, 1972, 1973 y 1974), mientras que en Nueva York también fue el dominador durante cuatro versiones (1976, 1977, 1978 y1979). Por último Alberto Salazar, quien se recuerda por su gran carisma, gano la maratón de Nueva York en tres oportunidades (1980, 1981 y 1982).

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