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Existen maratones para todos los gustosEn muchas regiones del mundo actualmente se presentan otras propuestas que no se incluyen en las pruebas oficiales, pero que proponen un desafío diferente frente a las exigencias propias de la carrera y el contexto general de una prueba de estas características. Correr durante la noche o en la costa sobre la arena, o en la montana en terreno irregular y dentro de una competición, es un desafío diferente que exige también una serie de cuidados de las articulaciones para evitar cualquier posible lesión que se presente inesperadamente.
Correr en montaña
Las carreras que se proponen en terrenos irregulares son numerosas. La maratón de los Andes, en Sudamérica es una de las pruebas más características del hecho de correr en cuestas. El terreno irregular de este tipo de carreras es muy característico y exige que el deportista cuide sus tobillos y articulaciones inferiores.
Al igual que cuando se corre en la arena en las ciudades de veraneo, o en las costas, el movimiento de los tobillos es muchas veces protegido con bandas y con un calzado adecuado al terreno. En términos deportivos las exigencias pueden ser superiores, pero ante todo se trata de una superficie diferente a la que se propone tradicionalmente en la prueba de maratón en ciudades.
Correr con poca luz
Algunas carreras particulares en algunas ciudades latinoamericanas son las propuestas en zonas de descanso y veraneo. Como durante el día el intenso calor dificulta el desarrollo de la prueba, se propone correr durante la noche. Las maratones nocturnas plantean una necesidad de visualización de la superficie y un desafío deportivo especial.
Muchos deportistas llevan luces en gorras y para obtener una clara visión del terreno deben inclinar su cabeza. Esta acción se contrapone con los consejos profesionales de llevar la vista en el horizonte durante la competencia y evitar mirar los pies mientras se corre.
