Mis pies

“Érase un hombre a una nariz pegado”, escribió Quevedo en un soneto en clara referencia al superlativo apéndice nasal de su coetáneo Góngora. “Erase un hombre a unos pies atado”, escribo yo cuatro siglos después porque, a falta de algún poeta enemigo, me apetece meterme conmigo mismo, con unos pies que, quiera o no, salvo amputación forzada por acontecimientos imprevisibles, me acompañarán hasta el fin de mis días.

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Estos son mis pies Mis pies Mis pies mis pies
Estos son mis pies

Ya sabemos que tener pies no es imprescindible para vivir, que hay personas que deben apañárselas sólo con uno o sin ninguno de los dos. Pero tener pies ayuda, está claro, y más cuando te gusta correr. Podríamos decir, en realidad, que es la base de los maratonianos, que sin pies no llegarían a ninguna parte a menos que practiquen el handcycle. Basta de perogrulladas. La realidad es que mis pies, los que aparecen en la foto, podrían ilustrar perfectamente algún estudio de antropología física y, más concretamente, un informe sobre la evolución de los primeros homínidos y los fenómenos de variabilidad genética.

Dedos en forma de garras

No son unos pies normales, para qué vamos a engañarnos. Ni han sido nunca mi mejor tarjeta de presentación. Son grandes, blancos y anchos, no hay duda. Y, por fortuna, poco peludos, pero los dedos irregulares y en forma de garras parecen indicar que no evolucionaron al compás de la especie, que probablemente hubieran sido más eficaces antes del paso a la marcha bípeda, en una etapa anterior a los primeros australopitecos. Otra particularidad es que el izquierdo es más largo que el derecho. Bastante más, algo así como dos centímetros. En consecuencia, si quisiera comprar un calzado que se adaptara a la longitud de cada pie me vería obligado a adquirir dos pares, uno del 46 y otro del 44-45. Como es obvio (nunca he sido rico) sólo compro un par del 46, con lo que el pie izquierdo encaja perfectamente en zapatillas, zapatos o chanclas mientras que el derecho, pobre, tiene que acostumbrarse a que todo le vaya un poco grande.

Arco de gorila

Pero quizá la principal característica de mis pies, de ambos, es que son muy altos, con un arco más propio de un gorila que de un humano. Ya de pequeño noté que muchos zapatos no me entraban por mucho que el vendedor y mi madre insistieran en que eran de mi número. Enseguida me acostumbré a probarme sólo el izquierdo, para qué perder el tiempo. Y por pura necesidad me decanté por los modelos anchos y cómodos, ya que de lo contrario me arriesgaba a sufrir tanto como esas aristócratas del siglo XIX que ignoraban el dolor con tal de poder calzarse unos zapatos muy bonitos pero demasiado pequeños para sus pies.

Resistentes y funcionales

Eso sí, los míos son muy resistentes y funcionales, capaces de realizar cualquier clase de esfuerzo sin quejarse. Y eso que, con mi peso, las plantas y el talón sufren lo indecible, por no hablar de las uñas negras que aparecen no precisamente por arte de magia cada vez que intensifico los entrenamientos. Pero la verdad es que nunca han sufrido lesiones de importancia ni me han obligado a abandonar ninguna carrera. A pesar de su falta de armonía, de una estética más bien horrenda que les impide destacar en el mundo de la moda, nunca he dejado de quererlos y, como premio a su paciencia, de vez en cuando les doy masajes con aceite de coco y los baño en agua salada, que sé que les gusta mucho el mar.

  1. Josep, cada día me engancho más a tu blog. Cuando salga el libro bilingüe de cuentos sobre running que me comentaste tienes que avisarme, que ya tengo ganas de leerlo. Si se parece un poco a estos artículos seguro que vale la pena. Y oye, tus pies tampoco me parece tan feos.

  2. Agradecido, Xènia. Excepto el primer relato, en realidad la crónica de mi primer maratón, el libro no tiene nada que ver con estos artículos, porque es pura ficción. Eso sí, el denominador común es el mismo: gente que corre. Según me dijo mi amigo y editor José Luis Esparcia, si no pasa nada raro saldrá hacia febrero, ya te avisaré.

  3. jajajajaja, muy divertido, Josep. Has estado sembrado tío. Qué manera de humanizar tus peanas. Coincido con Xènia, no hay para tanto. En todo caso, gracias a esos pies has jugado algunos partidos de basket memorables (de alguno doy fe) y los has pasado en grande desafiando los haces de luz de los bosques gerundenses.
    Por cierto, ¿para cuando un homenaje (o relativización del mito) de tu paisano Pla?

  4. Yo ya sabía que eras un tipo inteligente. También sabía que te gustaba mucho el deporte. Lo que no sabía era que estuviste obligado a elegir disciplina deportiva por tu físico.

    Ahora ya sé porque no eres nadador, o karateca, o kendoka, o capoeiro, o gimnasta deportivo o incluso bailador de danza de vientre; cuyo físico, el de las personas que realizan estos deportes, se asemeja más al tuyo que tú al de un maratoniano.

    Por favor, por el bien de la humanidad, no imites nunca al famosos Abebe Bikila.

    Un verdadero placer tu lectura.

  5. Sí, Peter, es que cuando se enteraron de que escribía este blog reclamaron casi de inmediato una foto y un comentario adecuado, que por algo puedo correr gracias a ellos. ¿Homenajear o relativizar a Pla? Ufff, da un poco de miedo. Ya sabes que, junto con Ramon Llull, está considerado el mejor prosista en lengua catalana. Pero lo pensaré. A lo mejor un día de estos, hablando con mi ex compañero de clase Xavier Pla, quizá el mayor experto en el otro Pla, se me ocurre algo.

    Tranquila, Ana. Mientras me quede dinero para comprar zapatillas no correré descalzo. Aunque tenga que quedarme sin mi ración diaria de donetes y panteras rosas. Me gusta tenerte como lectora y comentarista. Siempre sacas punta a algún detalle y, de paso, demostrando que no eres tan mala, me animas a seguir.

  6. Lo que si se puede decir es que tienes unos pies con mucha personalidad. Yo me quedo con el último párrafo, donde dices que son, resistentes y funcionales. Las dos uñas negras que tienes en el pié izquierdo, quizás están así, porque llevas unas zapatillas que te van algo pequeñas, para el pié izquierdo, claro.

  7. lo mas importante de los pies es que no te lo agan pasar canutas porque el dolor en esta zona es muy molesto.mi dedo gordo pareze un televisor de 32 pulgadas.

  8. Bien visto, Antoni. Seguro que a partir de ahora podéis reconocerme sólo viéndome los pies. ¿Las uñas negras? La del dedo gordo me salió hace cinco o seis años, una vez que jugué a fútbol sala con compañeros del periódico sin habérmela cortado bien. Los chuts que di ese día me pasarán factura para siempre, porque esa uña no ha vuelto a levantar cabeza. Claro que lo que dices de las zapatillas también puede tener algo que ver; ya ni recuerdo cómo me salió la otra del pie izquierdo y en el derecho hay una más que no puede apreciarse bien por la curvatura del dedo.

  9. Santi, me olvidaba de ti. No, en mi caso no puedo quejarme, casi nunca tengo dolor en esa zona. ¿Y a ti de qué te viene, también de correr?

  10. no me viene de correr es defecto de fabrica

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