Objetivos de todos los colores

Es una forma de decir que el universo es amplio y rico y en el planeta running todo es posible, desde ganar un campeonato del mundo de cross hasta quedar último en la carrera de tu barrio. Lo importante es que te marques un objetivo realista y vayas a por él.

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El objetivo se lo marca cada uno de manera realista Objetivos de todos los colores Objetivos de todos los colores el objetivo se lo marca cada uno de manera realista

El objetivo se lo marca cada uno de manera realista

La fe, entendida como confianza en nuestras posibilidades, tiene un papel decisivo en la trayectoria de cada corredor, ya lo comentamos en el anterior post. Pero todavía es más importante si cabe la capacidad de adaptarnos a nuestras condiciones y capacidades, de fijarnos objetivos realistas que, siendo difíciles de conseguir, estén a nuestro alcance y nos hagan disfrutar del running.

Casos de todo tipo

Yo, por ejemplo, empiezo a conformarme con mantener mi nivel actual, que por cierto está en horas bajas porque hace días que no corro. No pasa nada, de vez en cuando conviene descansar. Otros, sin embargo, se plantean mejorar mes tras mes, con pequeños avances que al cabo de un año les permitan arrancar unos segundos o minutos al cronómetro en sus pruebas favoritas. Son dos casos intermedios entre dos extremos muy claros: los que aspiran a ganar las carreras en las que participan y los que se conforman con acabarlas.

Metas personales

Cualquier objetivo es razonable si creemos que está a nuestro alcance y hacemos todo lo posible para ir a por él. Puede que a mí y sólo a mí me guste ese color fronterizo entre el violeta y el verde que muy de vez en cuando se manifiesta en algunos ojos, pero el hecho (hipotético) de que no le guste a nadie más no tiene porque frenarme en mi deseo de contemplar una y otra vez ese color. Mis objetivos son sólo míos y si yo me conformo (sueño) con acabar un maratón en tres horas y media, algo que para muchos será un ritmo muy lento y para otros, entre los que me cuento, empieza a ser una marca respetable, no debo dejar que nada ni nadie empequeñezca la grandiosidad de mi deseo.

Entre la felicidad y la desesperación

De la misma manera, un atleta con genes de campeón que consigue la medalla de plata en unos Juegos Olímpicos tiene todo el derecho de mundo a desesperarse por no haber ganado. Y un fondista novato que consigue acabar sus primeros diez kilómetros en poco más de setenta minutos puede perfectamente sentirse el hombre más feliz del planeta por el simple hecho de haber finalizado la carrera. Contra gustos no hay disputa, canta Serrat. Y tiene toda la razón.

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