El último post me gustó tanto que he decidido seguir tirando del hilo. Puede que el título sea muy parecido al anterior, pero os aseguro que hablaré de otra cosa, es decir, de otra de las palabras que acostumbramos a utilizar los corredores populares. Me refiero al equilibrio.

El equilibrio está en cada uno
Tender al equilibrio
Se trata, supongo, de acercarse al equilibrio, algo a lo que deberían tender tanto los periodistas como los corredores. Y precisamente de estos últimos quería hablar al principio, ya lo voy recordando. ¿Equilibrio entre qué?, me preguntará alguno ahora que vuelvo al tema. De entrada, entre el esfuerzo y el descanso, entre la fatiga y la satisfacción. Correr es una actividad física que produce numerosos efectos sobre la mente y, por lo tanto, es fácil deducir que puede aproximarnos a algo muy parecido al equilibrio entre el cuerpo y la mente, algo que no por ser repetido hasta la saciedad deja de ser cierto.
Intuiciones personales
¿Y dónde está ese equilibrio?, preguntará otra persona con ganas de incordiar o, no seamos malpensados, simplemente por curiosidad. Pues depende de cada uno. En principio, cada corredor debería saber lo que es bueno para él. Puede que uno entienda que lo más equilibrado es correr veinte kilómetros diarios y a continuación tragarse dos horas de televisión y puede que otro piense que no hay que pasar nunca de los cinco kilómetros y es necesario leer cada día, por lo menos, treinta páginas de un libro que, a poder ser, no sea de Mary Higgins Clark. En el fondo, todo son intuiciones personales y, salvo que sea evidente para todos que sufrimos algún tipo de trastorno psicológico (no sé, cuando nos da por correr seis horas diarias y pasarnos toda la madrugada viendo Los Soprano), lo mejor es dejarse llevar por nuestras sensaciones.
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