Para correr siempre hay tiempo

Esta frase puede interpretarse por lo menos de dos maneras: 1) nunca es tarde para empezar a correr, 2) si lo intentamos de verdad, seguro que encontramos un momento para hacerlo. Sin dejar de ser cierta, la primera requeriría unos cuantos matices que hoy prefiero ahorrarme, ya que, siguiendo la estela del post anterior, mi objetivo no es otro que cuestionar las excusas a que recurrimos de vez en cuando para no salir a correr.

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Siempre pueden surgir contratiempos realmente graves o importantes que requieran nuestra atención urgente e inmediata. También es posible que suframos algún problema físico o de salud que desaconseje la práctica del running. Pero salvando estas dos situaciones, todo lo demás acostumbran a ser excusas baratas. “Hoy no puedo ir a correr porque mi amigo Felipe presenta un libro y quedaría bastante mal no acudir”, dirá uno. ¿Y qué? Pregunto yo. Tampoco se trata de luchar contra viento y marea, pero te bastaría con levantarte antes o quizá acostarte un poco más tarde. Modificar tus hábitos ni que sea por un día para satisfacer a Felipe sin por ello dejar de correr.

Desmontar excusas

“Lo siento, pero hoy no podemos quedar. Mi hijo tiene una fiesta de cumpleaños y de seis a ocho de la tarde estaré ocupado”, anunciará otro. ¿Y qué?, podríamos preguntarle. Si estamos dispuestos a quedar antes o después, si no nos importa cambiar el horario habitual, la mayoría de las excusas se desmontan con una facilidad sorprendente.

Buscar alternativas

Los dos ejemplos anteriores hacían referencia a excusas ajenas, pero ¿qué ocurre cuando los que no estamos muy convencidos de entrenar un día determinado somos nosotros, cuando somos los únicos creadores del obstáculo que debemos superar? En estos casos, todo dependerá del compromiso que hayamos adquirido con el running y con nosotros mismos. En última instancia, casi nadie ni casi nada puede privarnos de lo que deseamos de verdad, especialmente si se trata de algo tan fácil como ponerse a correr. La pregunta es ¿lo deseamos de verdad?

Una respuesta sincera

Si la respuesta es positiva, es prácticamente seguro que, por ocupados que estemos, siempre hallaremos la forma de darle al running. El día tiene un montón de horas y con esfuerzo y voluntad siempre tendremos media hora o una hora a nuestra disposición. Pero si la respuesta es no, si en realidad lo único que estamos haciendo es eludir el momento de confesarnos a nosotros mismos, y también quizá a alguien más, que si decimos que no tenemos tiempo para correr es porque cada vez tenemos menos ganas de correr, tal vez sea el momento de aceptarlo y dedicarse a otra cosa. Por mucho que me duela decirlo, más allá del running también hay vida.

  1. Esta semana pasada me salté 2 días del escueto plan de entrenamiento que sigo, y estaba convencido que se debía a causas ajenas a mi voluntad, pero reflexionando después de leer el blog de hoy ya no estoy tan seguro de que no tuviera tiempo de ir a correr al menos 1 de los 2 días.
    ¿Seguro que hay vida después del running? ¿Que vida es esa?

    Josep, el sabado que viene estaré en la presentación de tu libro en Getafe, ya tengo ganas de volver a saludarte.

  2. Josep Pastells 3 Junio 2009, 9:58 am

    Qué alegría, Rafa! Espero que vengas con Patri y, si puede ser, con quince o veinte personas más que nos ayuden a llenar el local jejeje. Veo que te estás convirtiendo en todo un ejemplo de amante del running. Eso está muy bien. ¿Vida después? Ya sabes que sí, igual que la había antes. Sólo se trataría de cambiar de objetivos, de buscarse otros alicientes.

  3. A veces me invento excusas para no hacer deporte, pero si te soy sincera lo que realmente me pasa es que no me apetece hacerlo.

  4. El motivarse, no ceder ante la apatía, tener ganas de superarse… nos hace conseguir tener continuidad en lo que nos proponemos y así conseguir ser más feliz.

  5. Josep Pastells 3 Junio 2009, 16:04 pm

    Me parece muy bien, Ángela. Si algo no nos apetece y én última instancia depende de nosotros, no tiene mucho sentido hacerlo.

    Sin duda, Inés. Superarnos día a día, o por lo menos intentarlo, nos acerca a los buenos instantes que tanto escasean.

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